Asma con sesgo femenino: cuando las hormonas vuelven la enfermedad más difícil deLlevar
Después de la pubertad, las mujeres no solo consultan más por asma, sino que suelen tener cuadros más severos y respuestas al tratamiento menos estables. Qué dicen los estudios recientes sobre el rol del estrógeno, la progesterona y los cambios hormonales a lo largo de la vida.

Si alguna vez escuchaste que el asma es cosa de chicos, los datos globales cuentan otra historia. Hasta la pubertad, los varones llevan la delantera en cantidad de diagnósticos. Pero a partir de la adolescencia la tendencia se da vuelta y, en la adultez, las mujeres concentran la mayor prevalencia, las consultas de urgencia y las internaciones por esta enfermedad respiratoria crónica.
Un análisis publicado en 2025 en la revista BMC Pulmonary Medicine, que tomó datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que ese año había 260 millones de personas con asma en el mundo. La foto completa, entonces, no se entiende sin mirar con lupa las diferencias entre sexos.
Hormonas que inflaman las vías respiratorias
La explicación no es un solo factor, pero hay un hilo conductor claro: las hormonas sexuales femeninas. Un estudio publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, dirigido por Dawn C. Newcomb de la Universidad Vanderbilt, trabajó con células inmunitarias de pacientes con asma grave y observó que el estradiol y la progesterona pueden disparar la producción de IL-17A, una proteína que actúa como una señal de incendio para el sistema inmune. También detectó mayor actividad de células llamadas TH17 en mujeres con asma grave respecto de varones con el mismo diagnóstico.
“El hallazgo no prueba causalidad directa ni aplica a todos los casos: el grupo estudiado fue reducido y parte del análisis se hizo en modelos animales.”Equipo de Dawn C. Newcomb, Universidad Vanderbilt
Cómo funciona: la orquesta hormonal detrás de la inflamación
Pensalo así: las vías respiratorias tienen sensores que detectan irritantes como polen, polvo o aire frío. Cuando se activan, el cuerpo responde con inflamación, que es la manera natural de defenderse. El problema es que, en el asma, esa inflamación se vuelve exagerada y deja los bronquios hinchados y con mucosidad, como una cañería angostada por dentro.
El estradiol y la progesterona, que circulan en mayor cantidad en las mujeres a partir de la pubertad, parecen subir el volumen de esa respuesta. No es que las hormonas "causen" asma por sí solas, sino que pueden empujar al sistema inmune hacia un modo más reactivo, sobre todo en personas que ya tienen una predisposición.
Patricia Silveyra, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, lo resume con una idea clave: no se trata de genes completamente distintos entre mujeres y varones. Un mismo gen puede leerse de manera diferente según el sexo, en interacción con las hormonas y con el entorno. Esa interacción se llama epigenética, y es como si el mismo manual de instrucciones se leyera con distinto énfasis según quién lo abra.
Ciclo menstrual, embarazo y menopausia: tres etapas que sacuden el cuadro
- Ciclo menstrual: una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta el 40% de las pacientes puede notar variaciones ligadas al ciclo, aunque los estudios disponibles no permiten fijar una cifra definitiva. La hipótesis más aceptada apunta a la caída de estrógeno y progesterona en los días previos a la menstruación, que podría aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.
- Embarazo: la evolución no es predecible. El patrón clínico clásico describe que alrededor de un tercio de las embarazadas con asma empeora, un tercio se mantiene estable y un tercio mejora, por lo que el seguimiento tiene que ser personalizado y frecuente.
- Menopausia: con la caída hormonal cambia el escenario inflamatorio, y los especialistas debaten todavía si el asma se atenúa o se cronifica con la pérdida de estrógenos a largo plazo.
A esto se suman otros factores que no son hormonales pero pesan: el peso corporal, la exposición a contaminantes domésticos o laborales, el tabaquismo (activo o pasivo) y el acceso al tratamiento. En muchos casos, las mujeres tienden a demorarse más en buscar ayuda o a minimizar síntomas, lo que también puede explicar parte de la brecha en internaciones.
Qué falta para que el asma deje de tener sesgo femenino
Aunque la evidencia crece, todavía hay baches importantes. Los estudios grandes que separan resultados por sexo son escasos, y los que existen muchas veces se apoyaron en modelos animales o en grupos reducidos. Falta, además, estandarizar cómo se registra la fase del ciclo menstrual en los ensayos clínicos, algo clave para entender si un medicamento funciona igual en la semana previa a la menstruación que a mitad de ciclo.
También queda camino por recorrer en tratamientos personalizados. Hoy la mayoría de las guías clínicas indican dosis y fármacos sin distinguir entre varones y mujeres, ni considerar las etapas hormonales. Varias líneas de investigación apuntan a desarrollar terapias que modulen los receptores de estrógeno en el tejido pulmonar, una idea que todavía está en fase experimental.
Mientras tanto, el mensaje para las pacientes es concreto: registrar los síntomas a lo largo del ciclo, comentar cualquier cambio con el equipo médico y no naturalizar que "el asma siempre es así". Si los síntomas se mueven con la menstruación, el embarazo o la menopausia, contarlo puede cambiar el tipo de seguimiento y, en muchos casos, la respuesta al tratamiento.
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