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Lunes, 2 de noviembre de 2026
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Cuando la culpa no se va: el duelo que se queda entre los vivos

La terapeuta Yuli de Sosa y el sacerdote Edwin Baños describen por qué el dolor, la culpa y el resentimiento pueden persistir mucho después de una muerte.

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Nahuel SosaTecnología y ciencia · · 2 min de lectura
Cuando la culpa no se va: el duelo que se queda entre los vivos

Después de una muerte, muchas personas reciben frases como “está en un lugar mejor” o “el tiempo lo cura todo”. Dichas con cariño, suelen consolar a quien las escucha desde afuera, pero no siempre llegan al proceso interno de quien perdió a alguien cercano. La terapeuta familiar Yuli de Sosa explica que entender con la razón que la muerte forma parte de la vida no apaga las emociones que provoca una pérdida concreta.

Según su mirada, el duelo es un diálogo permanente entre la emoción y la razón. Hay que aceptar que la persona ya no está físicamente, pero también reconocer que sigue presente en la memoria, en lo que enseñó y en los vínculos que dejó. Cuando alguien reprime la tristeza y muestra hacia afuera que ya superó la pérdida mientras por dentro el dolor sigue activo, puede aparecer lo que se llama duelo no resuelto.

“Hay que dejar vivir la emoción de la tristeza, no suprimirla.”Yuli de Sosa, terapeuta familiar

La culpa que no se disuelve

El sacerdote Edwin Baños señala que la culpa es una de las cargas más frecuentes tras una muerte, y que aparece incluso en quienes acompañaron de manera constante a un familiar enfermo o anciano. La sensación de que siempre se pudo hacer más se intensifica cuando hubo distancias, llamadas que nunca se concretaron, visitas postergadas o conflictos que quedaron abiertos. Ese peso puede volver en fechas importantes o al visitar el cementerio, y el paso del tiempo no siempre alcanza para borrarlo por completo.

Cuando la muerte fue por suicidio, De Sosa describe que la culpa toma otra forma. Entre quienes sobreviven suelen surgir preguntas sobre si hubo señales previas o si una intervención a tiempo podría haber cambiado el desenlace. Según la especialista, esas preguntas difícilmente se silencian solas.

El resentimiento que sigue en pie

El resentimiento también puede instalarse hacia alguien que ya murió. Baños distingue entre conservar un recuerdo con afecto y cargar heridas ligadas a conflictos familiares que nunca se resolvieron. En ese contexto, plantea que el perdón puede servir para soltar aquello que sigue pesando sobre quien continúa vivo, más que como un gesto dirigido a quien ya no está.

NS
Nahuel SosaTecnología y ciencia

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