Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces del Paraná

Voces del Paraná

De hongos, cerebros y decisiones que pesan: tres ficciones que reinventan lo zombi en pantalla

The Last of Us, The Walking Dead e iZombie comparten una misma amenaza pero la trabajan desde lugares muy distintos: el videojuego, el apocalipsis coral y el policial con humor. Un recorrido por lo que se siente mirar cada una de estas series.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
De hongos, cerebros y decisiones que pesan: tres ficciones que reinventan lo zombi en pantalla

Lo primero que me pegó en la nariz cuando me senté a ver The Last of Us fue ese olor a rancio que parece transpirar la pantalla, como si uno estuviera ahí, en el sótano de una casa abandonada, con el polvo de los años encima y la humedad de un mundo que se terminó. La serie, creada por Neil Druckmann y Craig Mazin a partir de los videojuegos del propio Druckmann, tiene a Pedro Pascal y a Bella Ramsey como esa pareja improbable que camina por un Estados Unidos devastado, y lo que la distingue del resto del catálogo zombi no es tanto la criatura en sí sino el germen que la hace posible: un hongo. Acá la amenaza no viene de un virus misterioso ni de un experimento científico que se fue de las manos, sino de algo que ya existe en la naturaleza, que muta y que se mete dentro de las personas hasta convertirlas en otra cosa. Esa decisión de diseño, que en el videojuego funcionaba como un terror de manual, en la serie se traduce en imágenes que dan un poco de asco y un poco de lástima al mismo tiempo, y eso ya es un mérito enorme.

Pero si hay algo que la serie no deja de repetir, función tras función, es que el verdadero de la historia no son los infectados sino las decisiones que toma la gente que sigue viva. Joel y Ellie avanzan por un mapa roto, sí, esquivando cuerpos que alguna vez fueron personas, pero el peso dramático de la trama está en qué están dispuestos a hacer para protegerse, a quién dejan atrás, a quién le perdonan y a quién no. Esa pregunta, la de hasta dónde llega uno cuando el mundo se cae, es la que abre la puerta para entender por qué The Last of Us se puede leer como una hermana, lejana pero hermana al fin, de The Walking Dead.

The Walking Dead: el apocalipsis como excusa para hablar de nosotros

La serie creada por Frank Darabont a partir del cómic de Robert Kirkman es, probablemente, la referencia más inmediata que tiene cualquier espectador argentino de cuarenta, cincuenta años cuando piensa en muertos vivientes en la pantalla chica. Andrew Lincoln, Norman Reedus, Melissa Suzanne McBride, Lauren Cohan, Danai Gurira, Steven Yeun, un reparto que fue rotando con los años pero que dejó la vara muy alta en lo que a personajes se refiere. La premisa es conocida: un mundo atravesado por una amenaza que no se termina nunca, y un grupo de supervivientes que tiene que arreglárselas para seguir siendo humanos en medio de eso. Como en The Last of Us, el es casi un decorado, un motor que pone a la gente en situaciones límite para que el espectador vea qué le sale de adentro.

Lo que me sigue fascinando, cada vez que vuelvo a un capítulo suelto, es cómo la serie se tomó en serio la tradición del muerto viviente que viene del cine de George A. Romero, ese cine de los setenta que ya entendía que el no era el monstruo sino el espejo. The Walking Dead recogió esa idea y la estiró durante más de una década, con como Fear the Walking Dead y The Walking Dead: Daryl Dixon, que expandieron el universo sin terminar de responder la pregunta de fondo: si el mundo se acabó, ¿qué sentido tiene reconstruirse? Cada temporada, cada pueblo nuevo, cada líder carismático o desquiciado, fue una vuelta de tuerca sobre esa misma duda.

iZombie: cuando el muerto viviente resuelve casos en la morgue

Ahora bien, no todos los dan miedo ni tienen que vivirse como una tragedia. Para quienes prefieran algo más liviano, con un poco de humor negro y una resolución de crímenes cada semana, ahí aparece iZombie, creada por Rob Thomas, con Rose McIver, Malcolm Goodwin y Rahul Kohli en los papeles principales. La protagonista es una chica que se convierte en zombi y, como ya no puede comer comida normal, termina trabajando en una morgue comiendo cerebros de víctimas de asesinatos y otras tragedias. Y acá viene lo que a mí, particularmente, me hace poner la serie en un lugar de cariño: cada vez que come un cerebro, los recuerdos y la personalidad del muerto, y eso le permite ayudar a la policía a resolver el caso.

Es una premisa que parece de manual, casi un disparate, pero que termina funcionando porque Rob Thomas le pone una energía de sitcom_procédural muy bien calibrada, con diálogos que hacen reír y un misterio semanal que se cierra en cuarenta minutos. En un catálogo saturado de apocalipsis, de infectados que corren y de escenas de una violencia casi insoportable, iZombie ofrece algo que a veces se extraña: una convivencia posible entre humanos y no tan humanos, sin que eso termine en una tragedia bíblica.

Tres formas de mirar la misma amenaza

  • The Last of Us toma la infección como excusa para un drama de padre e hija deudora, con un hongo real como motor del terror y un tono íntimo, casi de road movie emocional por un mundo devastado.
  • The Walking Dead usa el apocalipsis como escenario para una reflexión larga, coral y a veces brutal sobre qué nos hace humanos cuando la civilización se cae.
  • iZombie le da la vuelta al género y convierte al zombi en detective accidental, con humor, misterios autoconclusivos y una protagonista que aprende a vivir con su nueva condición en vez de esconderse de ella.

Las tres series comparten, en el fondo, una misma pregunta disfrazada de: ¿qué hacemos cuando lo que creíamos conocido deja de serlo? The Last of Us la responde con un viaje, The Walking Dead con un asedio de años, e iZombie con un caso policial por semana. La amenaza cambia de forma, el tono cambia de color, pero la pregunta sigue ahí, esperando a que cada uno la mire desde el sillón de su casa y se anime a contestarla en voz baja. A mí, sinceramente, las tres me dejaron huella, y cada una por razones muy distintas.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo