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El boom de la inteligencia artificial recalienta el tendido eléctrico estadounidense

Los centros de datos pasaron de consumir el 1,9% al 4,4% de la electricidad de Estados Unidos en cinco años y el Departamento de Energía estima que podrían llegar al 12% hacia 2028, mientras la infraestructura de red no alcanza a seguir el ritmo de las obras y las comunidades frenan proyectos por miles de millones de dólares.

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Nahuel SosaTecnología y ciencia · 27 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura
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La inteligencia artificial dejó de ser solo una cuestión de software y algoritmos: para funcionar necesita fábricas gigantescas llenas de servidores que enchufan y enchufan electricidad las veinticuatro horas del día. Esa demanda, que crece a un ritmo pocas veces visto, empezó a chocar contra un sistema eléctrico pensado para otro siglo. En cinco años, los centros de datos pasaron de absorber el 1,9% del consumo eléctrico estadounidense en 2018 al 4,4% en 2023, según un relevamiento del Lawrence Berkeley National Laboratory difundido por el Departamento de Energía.

Un teravatio hora equivale, a grandes rasgos, al consumo de unas cien mil viviendas durante un año. Los 176 teravatios hora que demandaron los centros de datos en 2023 son una cifra difícil de dimensionar: equivale a toda la electricidad que usa un país como Chile en un año y medio, solo para mantener funcionando servidores. Y la curva sigue en ascenso.

Cómo funciona la presión sobre la red

Las proyecciones oficiales ubican el consumo de estos centros entre 325 y 580 teravatios hora hacia 2028, lo que podría representar entre el 6,7% y el 12% de toda la electricidad utilizada en Estados Unidos. Es como si, de golpe, apareciera sobre la red una demanda equivalente a la de un país entero adicional, pero distribuida en enclaves puntuales del territorio.

El problema no es solo el volumen. Un centro de datos se levanta en pocos meses, con galpones de chapa y aire acondicionado industrial, pero una línea de transmisión, una subestación o una central eléctrica tardan años en planificarse, aprobarse y construirse. Esa diferencia de velocidades genera un cuello de botella concreto: hay proyectos listos para operar que no pueden enchufarse porque la red cercana no tiene capacidad para entregarlos. Es parecido a mudarse a una casa nueva y descubrir que la cañería del barrio no aguanta una ducha más.

El motor económico detrás del cable

Para entender la velocidad del fenómeno alcanza con mirar los números del principal proveedor de chips para inteligencia artificial. NVIDIA cerró su segundo trimestre fiscal de 2027 con ingresos por 96.221 millones de dólares, un 106% más que un año atrás. Su división de centros de datos aportó 89.000 millones, casi el 93% del total, con un crecimiento interanual del 117%. Su fundador y director ejecutivo, Jensen Huang, aseguró en la presentación de resultados que la capacidad de cómputo se convirtió en una fuente de ingresos por sí misma, una señal de que las empresas invierten a fondo para ampliar la infraestructura donde se entrenan y se ejecutan los modelos de inteligencia artificial.

Cuando la gente dice basta

  • Crecimiento disparado: el consumo eléctrico de los centros de datos se multiplicó por más de dos entre 2018 y 2023 y podría triplicarse otra vez hacia 2028.
  • Redes saturadas: las obras de infraestructura eléctrica tardan años y no siguen el ritmo de construcción de nuevos centros.
  • Negocios gigantescos: el negocio de los chips para inteligencia artificial mueve decenas de miles de millones de dólares por trimestre y financia la expansión física.
  • Resistencia local: durante 2025 se bloquearon o demoraron 48 proyectos por unos 156.000 millones de dólares por oposición de comunidades vecinas.

A la presión sobre las redes se suma la reacción de los municipios donde se levantan estas instalaciones. Durante 2025, al menos 48 proyectos por unos 156.000 millones de dólares fueron bloqueados o demorados por la oposición de comunidades locales, preocupadas por el impacto ambiental, el ruido, el consumo de agua y la suba de tarifas que puede provocar la llegada de un centro de datos al barrio.

Qué falta para que esta energía llegue a todos

El cuello de botella, como se ve, no es de chips ni de algoritmos sino de cables, turbinas y transformadores. Para que la inteligencia artificial pueda seguir expandiéndose al ritmo que demanda el mercado, Estados Unidos necesita planificar obras de generación y transmisión con varios años de anticipación, coordinar la ubicación de los nuevos centros con la capacidad disponible en cada región y abrir un debate serio con las comunidades sobre tarifas, uso de agua y huella ambiental. Sin esos acuerdos, el próximo cuello de botella no será de software: será de voltaje.

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Nahuel SosaTecnología y ciencia

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