El bullying ya no se queda en la puerta del colegio: la SAP advierte que el celular lo extiende hasta la almohada
Un documento de la Sociedad Argentina de Pediatría, firmado por ocho de sus comités, describe cómo el acoso escolar y el ciberbullying se fusionaron y hacen casi imposible la tregua. Las consecuencias pueden ir de un dolor de panza a una depresión, y el llamado apunta a familias, escuelas y equipos de salud.

Dicen los que saben —y también los que pasamos por la escuela— que el patio era el peor lugar del día. Pero al menos sonaba la campanita y uno se iba a casa. Hoy la campanita no existe: hay un celular en la mochila que no avisa cuándo termina el tormento. Eso es lo que acaba de poner sobre la mesa la Sociedad Argentina de Pediatría con un documento que lleva la firma de ocho comités y subcomisiones, y que describe una realidad que cualquier padre o madre de un pibe en edad escolar empieza a intuir: el acoso ya no se corta en la puerta del colegio.
La agresión empieza en el aula o en el recreo, pero a la tarde sigue en un grupo de WhatsApp, a la noche escala en una red social y a la mañana siguiente vuelve al aula con el chico. La continuidad entre lo físico y lo digital es el corazón del informe, y lo que vuelve al cuadro mucho más grave que el bullying de hace dos décadas.
Un límite que se borró
“Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño.”Silvina Pedrouzo, pediatra especialista en Desarrollo Infantil y presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP
La SAP enumera un catálogo que da frío: mensajes de odio, burlas, acecho, votaciones para humillar, perfiles falsos, suplantación de identidad, difusión no consentida de información privada, exclusión de grupos y manipulación de fotos, videos o memes. A ese listado se suma un factor nuevo, y por eso el documento no se quedó en el año 2010: herramientas de inteligencia artificial que editan contenidos y los difunden a una velocidad y con un alcance que el aula nunca tuvo. Una vez que la foto sale, borrarla es casi una utopia.
Qué es bullying y qué no
El informe aclara algo clave para no entrar en pánico por cualquier pelea de chicos: no todo es bullying. El acoso escolar requiere tres condiciones juntas, no una sola. Si falta alguna, es otra cosa.
- Intención clara de causar daño.
- Repetición en el tiempo, no un hecho aislado.
- Desequilibrio de poder: quien sufre no puede defenderse ni cortar la situación por sus propios medios.
Puede ser físico, verbal o relacional, y la SAP insiste en un punto que a veces se pierde: el bullying es un fenómeno grupal. No es solo el agresor y la víctima. Están los que miran, los adultos, la familia y la escuela. Por eso la solución no puede caer sobre el chico acosado.
Lo que les pasa en el cuerpo y en la cabeza
Las consecuencias que describe el documento no son menores: van de dolores físicos y alteraciones del sueño hasta ansiedad y depresión. Es decir, el acoso no se queda en un comentario feo: se mete con la salud. Por eso el llamado de la entidad apunta a tres frentes a la vez: familias, escuelas y equipos de salud, porque lo que antes podía resolverse en el patio hoy necesita a los tres parados en la misma vereda.
Como dijo Pedrouzo, lo que nunca hay que hacer es pedirle al pibe que está siendo hostigado que se las arregle solo. Y ahí, querido lector, empieza la tarea que de verdad importa: prestar atención, preguntar y no mirar para otro lado cuando el celular suena más de lo que debería.
La que viene, mientras tanto, vuelve a ser el recreo. Pero ahora también es el grupo de chat.
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