Viernes, 28 de agosto de 2026
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Voces del Paraná

El ojo que se cierra y la vida que sigue: Lindelof rompe el mito del purgatorio en Perdidos

A más de quince años del final, el cocreador de la serie aclaró qué fue real, qué no y de dónde salió esa sexta temporada que sigue obsesionando al público.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · 27 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura
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Volví a escuchar la música de Perdidos mientras escribía esto y me pasó lo de siempre: un cosquilleo en la panza, esa sensación de que alguien corre por una selva con un auricular en el bolsillo. La serie se terminó en 2010 y, sin embargo, no hay temporada de conversación seriefila en la que tarde o temprano alguien no pregunte lo mismo: pero la isla, ¿era el purgatorio o no? El cocreador Damon Lindelof lleva años contestando esa pregunta con una frase que parece un mantra. Y la volvió a repetir, con la misma convicción de siempre, en una charla reciente.

Su respuesta es tajante y conviene leerla con cuidado, porque cambia varias cosas que dimos por sentadas. La isla existió. La Iniciativa Dharma existió. El humo negro, las escotillas, los Otros, el submarino, todo eso ocurrió de verdad. Lo que no ocurrió fue la línea argumental paralela que aparece en la sexta temporada, esos famosos flash sideways donde los personajes se cruzan en una ciudad, no se conocen y, sobre todo, el vuelo Oceanic 815 nunca se estrella contra la isla.

Entonces, qué son los flash sideways

Esa línea narrativa representa lo que les pasa a los personajes después de morir. No es un universo alternativo, ni una línea temporal divergente, ni una vuelta de tuerca al estilo máquina del tiempo. Es, literalmente, el después. Para entender por qué Lindelof y sus guionistas eligieron contar lo que viene después de la muerte con una estética tan luminosa y doméstica, hay que remontarse a una decisión tomada en las oficinas de producción entre la tercera y la cuarta temporada.

Los guionistas sabían desde el vamos que la serie iba a terminar con Jack Shephard muerto. La simetría entre el ojo que se abre en el piloto de 2004 y el ojo que se cierra en el último fotograma les parecía la única conclusión digna de la historia. El problema era otro: una vez que Jack muere, qué se hace con el espectador. Ahí apareció un libro chico, antiquísimo, con tapas desteñidas, que terminó dándole nombre a una de las estructuras narrativas más imitadas de la televisión de los últimos veinte años.

El libro tibetano de los muertos como motor

“La idea del Bardo es un lugar al que vas cuando mueres pero no sabés que estás muerto. Nadie puede decírtelo.”Damon Lindelof

El texto en cuestión es el Bardo Thodol, conocido en Occidente como el Libro tibetano de los muertos. Describe un estado intermedio, un bardo, en el que alguien muere pero no registra su propia muerte. Nadie puede advertirle lo que pasó, aunque sí puede recibir señales. Esa fue la llave que abrió la puerta de la sexta temporada. Los personajes aparecen en una realidad nueva, se tratan como desconocidos y, lentamente, empiezan a recordar cosas que en esa versión de sus vidas nunca ocurrieron. El recurso, claro, fue construido para que el público también se confundiera y tardara en entender qué estaba mirando.

Por qué nos hicieron creer que era un viaje en el tiempo

La trampa fue deliberada. Los guionistas metieron los viajes en el tiempo al final de la cuarta temporada y levantaron toda la quinta sobre esa base. La idea era que cuando aparecieran los flash sideways en la sexta, los interpretáramos como otra paradoja temporal, otra vuelta más del reloj. Recién cuando los personajes empiezan a evocar recuerdos imposibles en esa línea donde nunca les pasó nada, la pregunta cae sola: cómo es posible que alguien recuerde algo que nunca vivió. Y ahí, como quien no quiere la cosa, se nos revela el truco.

  • La isla y todo lo que pasa en ella fue real, incluido el final con Jack cerrando los ojos.
  • Los flash sideways no son una realidad alternativa ni una paradoja temporal: muestran lo que ocurre después de la muerte.
  • La estructura está inspirada en el concepto de bardo del Libro tibetano de los muertos.
  • La decisión se tomó entre la tercera y la cuarta temporada, cuando se confirmó que Jack moriría al final.
  • Los viajes en el tiempo de las temporadas cuatro y cinco sirvieron para disimular el recurso y confundir al público hasta el final.

Cuando uno mira la serie otra vez con esta explicación en la cabeza, muchas piezas dejan de chirriar. El último plano de Jack, acostado en el mismo lugar donde Vincent el perro se acuesta a su lado, no es un sueño ni una proyección: es la culminación del relato principal. Lo que viene después, esa iglesia donde todos se reencuentran y se van juntos a seguir su viaje, pertenece al después. Y eso, lejos de arruinar la serie, le da una coherencia silenciosa que a mí, personalmente, me sigue sacando una sonrisa boba cada vez que la vuelvo a ver.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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