El ruidoso motor de Matchbox: cómo una película triturada por la crítica terminó primera en 103 países
John Cena carga con una conspiración nuclear en la nueva apuesta de acción de Apple, y el ranking global le sonríe mientras la crítica le da la espalda. Una recorrida por el fenómeno, sus números y las preguntas que deja.

Convengo en que arrancar una nota sobre una película con el ruido de un motor de juguete parece una exageración, pero lo cierto es que durante la semana pasada, en más de una sobremesa porteña, lo único que se escuchó en mi casa fue el zumbido metálico de una pista Matchbox que mi hijo arrastraba por el piso del living mientras yo intentaba terminar un café. Hay un simbolismo tonto ahí, casi infantil, que termina resultando perfecto para entender lo que está pasando con Matchbox: La película, el nuevo tanque de acción del streaming de Apple que acaba de coronarse número uno en 103 países al mismo tiempo, sin que nadie terminara de entender bien por qué.
Lo primero que hay que decir es que el operativo es grande: Sam Hargrave, el director que se había ganado un lugar en Hollywood dirigiendo las dos entregas de Tyler Rake con Chris Hemsworth, se anima por primera vez a salir de esa saga y se mete de lleno en un thriller de espionaje con John Cena como protagonista absoluto. Cena interpreta a Sean Walker, un agente de la CIA especializado en operaciones de alto riesgo que, después de recuperar una ojiva nuclear, decide tomarse unos días para reencontrarse con amigos de la infancia. El plan de descanso se desmorona cuando todo el grupo es secuestrado por una organización que está convencida de que el agente se quedó con la bomba para uso personal. La premisa es de manual, sí, pero tiene el ritmo y la pirotecnia que Hargrave sabe imprimirle a cada escena de acción.
Un casting que mezcla experiencia y franquicia
Acompañan a Cena Jessica Biel y un grupo de actores secundarios que cargan con la mochila de haber sido amigos en la ficción y, sobre todo, en los flashbacks que van armando la historia. La película nace de una movida de Mattel, dueña de la marca Matchbox desde 1997, que ya había probado suerte con Barbie y ahora apuesta a esta línea de autitos originaria del Reino Unido para construir una franquicia de acción a escala global. Es un proyecto pensado para.streaming desde el minuto cero, con la lógica de consumo rápido que eso implica: escenas de combate bien coreografiadas, persecuciones, explosiones y algún respiro emotivo entre tanda y tanda.
Ahora bien, lo que más me llamó la atención, y lo que quiero compartir con ustedes porque me parece que define el momento, es la distancia brutal entre el éxito de consumo y la recepción crítica. La película tiene un 24 por ciento de reseñas positivas en Rotten Tomatoes y un 5,7 sobre 10 en IMDb. Son números flojos, casi de manual de cómo no armar un estreno, y sin embargo el título se mantiene primero en el ranking de lo más visto en más de un centenar de mercados simultáneamente. Como lectora y como periodista me cuesta no detenerme en esa paradoja, porque interpela de lleno la pregunta que la nota original dejaba picando: ¿qué peso le damos al número uno del ranking a la hora de decidir qué ver?
“Hay veces que uno elige la película no por lo que dicen los críticos, sino por el placer culpable de pasarla bien sin pedirle demasiado a la historia.”Renata Molinari
A mí, mirándola con ojos de espectadora de cuarenta y tantos, me pasó algo curioso: entré esperando encontrarme con un fiasco simpático, casi un guilty pleasure de sábado a la noche, y me terminé enganchando con el ritmo de Hargrave, con la química que arma Cena con el grupo de amigos y con la decisión de no tomarse demasiado en serio a sí misma. No es la película del año ni pretende serlo, pero entiende a su público y le entrega exactamente lo que le prometió: acción directa, humor físico, algunas secuencias de combate bien resueltas y un John Cena que ya dejó hace rato la máscara del luchador para instalarse cómodo en el traje de héroe de streaming. La pregunta, entonces, no es si Matchbox es una buena o una mala película: es por qué un título vapuleado por la crítica termina siendo, al mismo tiempo, el más visto del planeta.
En esa tensión entre el ranking y la reseña, entre el algoritmo y la butaca, se juega buena parte de lo que somos como audiencia hoy. Matchbox es, en ese sentido, una especie de espejo: nos muestra que el consumo masivo y el consenso crítico rara vez van de la mano, y que el número uno global puede ser, también, una puerta de entrada para discutir qué miramos, cómo lo miramos y por qué. Mientras mi hijo seguía arrastrando su autito por el piso del living, yo cerraba la nota con la certeza de que la próxima vez que alguien me pregunte si vale la pena, le voy a decir lo mismo que me dije a mí misma después del primer acto: dejá que el ruido te lleve, que a veces el piloto automático sabe más de lo que uno cree.
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