Volver al cielo estrellado: Ridley Scott regresa a la ciencia ficción con una historia que lo sacudió desde la primera página
El director inglés presenta "La constelación del perro", un drama post-apocalíptico basado en la novela de Peter Heller, con un guion que él mismo ubica entre los tres que más lo estremecieron en toda su carrera. Para el tramo final, pidió reescribir al personaje que interpreta Jacob Elordi.

Hay un olor particular en las salas de cine cuando la pantalla todavía está a oscuras y empieza a sonar la primera nota de la música: una mezcla de pochoclo recién hecho, del perfume de la señora de la fila de adelante y de esa expectativa compartida de no saber todavía qué se viene. En la première de "La constelación del perro", la nueva película de Ridley Scott, ese olor se mezclaba con el murmullo de una sala de Londres que esperaba ver al director inglés volver, después de varios años, al género que lo volvió leyenda. Y la película, hay que decirlo de entrada, no defrauda: es un drama post-apocalíptico sereno, luminoso en su melancolía, que se deja ver como quien mira llover desde una galería.
Un guion que lo convenció desde la primera lectura
Antes de la proyección tuve la oportunidad de conversar con otros críticos presentes en la sala, y coincidíamos en algo que el propio Scott repite cada vez que le preguntan por qué eligió este proyecto: el guion lo impactó apenas lo leyó. El director lo dijo con esas palabras en una entrevista con la periodista Martina Barone para la revista GQ, y al escucharlo me acordé de una frase que cantaba Charly García en "Canción para mi muerte": "es lo que uno elige y lo que queda después". Scott eligió este guion, y lo que quedó después fue una película que él mismo coloca en un grupo muy reducido de historias que lo sacudieron de verdad. Según sus palabras, apenas tres guiones en toda su carrera le provocaron esa reacción inmediata: el de "Alien, el octavo pasajero", el de "Marte" ("The Martian") y, ahora, el de "La constelación del perro".
Cuando un director con la trayectoria de Scott afirma algo así, no es un detalle menor. Estamos hablando de alguien que lleva más de cinco décadas detrás de cámara, que pasó del peplum a la space opera, de la guerra de los cruzados a los tribunales romanos de Gladiator, de la fantasía heroica a la biografía de traficantes y de vuelta al espacio con "Alien: Romulus". Que un guion lo haga detenerse en la primera página es un evento profesional. Y, sin embargo, como suele pasar en este oficio, el entusiasmo del principio no exime de trabajar después.
Un tercer acto rehecho por encargo del director
Lo que más me llamó la atención de la entrevista con Barone fue la confesión sobre el proceso de escritura. Scott no se conformó con el borrador que tenía entre manos: le pidió al guionista Mark L. Smith una reescritura del tercer acto. El cambio central, según contó el director, fue incorporar al personaje que interpreta Jacob Elordi en una situación que en la novela de Peter Heller directamente no existe. Es un movimiento fuerte, porque la fuente original es una novela muy querida por los lectores de ciencia ficción post-apocalíptica: publicada en 2012, cuenta la historia de Hig, un piloto que sobrevuela un Estados Unidos devastado por una pandemia en una avioneta junto a su perro y un vecino misántropo. Scott la respeta lo suficiente como para no traicionarla, pero la modifica lo necesario para sumarle una capa que, en sus palabras, le da una "perspectiva realista" al tramo final.
- Incorporar al personaje de Jacob Elordi en una situación que en la novela de Peter Heller no aparece, para darle más cuerpo al tramo final.
- Justificar el cambio con la necesidad de una "perspectiva realista" que el libro, según su mirada de director, no terminaba de ofrecer.
- Mantener el corazón de la novela, basada en la voz interior del piloto Hig y en su vínculo con el perro del título.
- Sumar al australiano Jacob Elordi, uno de los nombres más requeridos del cine de su generación, a un reparto que el director describe como uno de los más cuidados del último tramo de su carrera.
Scott y el oficio de ajustar guiones ajenos
Quien conozca la filmografía de Scott sabe que esto no es ninguna novedad. Las modificaciones que él y su equipo le hicieron al guion original de Dan O'Bannon para "Alien, el octavo pasajero" son parte del manual no escrito del cine de ciencia ficción. Aquella reescritura, dicen los historiadores, fue la que convirtió un proyecto más en una obra maestra del terror industrial. Lo que sí llama la atención, y lo subrayo porque me parece honesto decirlo, es que el propio director lo admita con esta transparencia: hoy, en plena promoción, Scott cuenta que cambió cosas porque no le cerraban, y lo cuenta como parte del trabajo, no como una heroicidad. Es un detalle de oficio que a mí, como espectadora habituada a leer entre líneas las notas de producción, me da confianza. Cuando un director se hace cargo de sus decisiones narrativas, una suele irse del cine sintiéndose respetada.
La película, mientras tanto, sigue en cartel. Y a mí, que ya la vi, me dejó pensando en algo que el viejo Spinetta supo cantar y que me parece perfecto para cerrar esta nota: en un mundo que se cae a pedazos, lo que termina salvando a las personas son las cosas simples, un cielo limpio, un animal al lado, una voz amiga del otro lado de la radio. Si van al cine a verla, háganlo con tiempo: merece esa pantalla grande y ese pochoclo que se enfría mientras uno se olvida de todo.
“Es lo que uno elige y lo que queda después.”Charly García, Canción para mi muerte
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