Respirar bien también se entrena: cómo la mecánica respiratoria incide en el rendimiento y en la postura
Especialistas y revisiones recientes coinciden en que la musculatura que interviene en la inspiración puede fortalecerse con práctica específica, con efectos sobre la economía del esfuerzo aeróbico y sobre las consecuencias posturales del sedentarismo prolongado.

Los músculos que participan en la respiración se fatigan igual que cualquier otro grupo muscular y, como tales, pueden entrenarse. Un trabajo específico sobre ellos mejora la administración del esfuerzo en actividades aeróbicas, fortalece al diafragma y contrarresta los efectos posturales de pasar muchas horas sentado. Así lo señala Domingo Sánchez, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y máster en Actividad Física y Salud, en diálogo con este medio.
Durante el ejercicio cardiovascular intenso o prolongado, el organismo prioriza el envío de sangre hacia los músculos que generan el movimiento. Los que sostienen la respiración reciben menos oxígeno en términos relativos y se fatigan antes. Cuando el diafragma, el músculo principal de la inspiración ubicado bajo las costillas, pierde eficiencia, la sensación de agotamiento se acelera y el rendimiento cae, según explicó Sánchez.
Qué dice la evidencia reciente
Una revisión sistemática publicada en 2026 en BMC Sports Science, Medicine and Rehabilitation encontró indicios favorables sobre el entrenamiento de los músculos inspiratorios en deportistas de equipo, aunque los propios autores advirtieron que la evidencia es aún limitada y que se requieren estudios con muestras más amplias antes de extraer conclusiones definitivas.
El peso del sedentarismo sobre el tórax
Pasar muchas horas sentado y mantener posturas encorvadas favorece lo que se conoce como síndrome cruzado: un desequilibrio en el que los músculos del cuello, el pecho y la cadera se acortan mientras los opuestos se debilitan. El resultado es una tracción hacia adelante que genera rigidez en el tórax y dificulta la mecánica de la respiración.
Cuando el tórax se comprime por inactividad prolongada, los pulmones trabajan con menos volumen de aire en cada respiración. Con el tiempo, eso se manifiesta en falta de aire, cansancio y menor tolerancia al esfuerzo, según advirtió Mayo Clinic.
La respiración abdominal como herramienta accesible
La técnica consiste en expandir el vientre al inhalar mientras el pecho permanece relativamente quieto. Para verificar si se ejecuta bien, basta con apoyar una mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen y observar cuál se mueve primero. La Cleveland Clinic recomienda practicarla entre tres y cuatro veces por día, con sesiones de cinco a diez minutos cada una, lo que con el tiempo contribuye a reducir la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
- Fortalecer el diafragma: la respiración abdominal trabaja el músculo principal de la inspiración, ubicado bajo las costillas, y mejora su eficiencia.
- Economía del esfuerzo: el entrenamiento de los músculos inspiratorios puede mejorar la administración del oxígeno durante la actividad aeróbica, según la revisión de BMC Sports Science, Medicine and Rehabilitation.
- Corrección postural: la práctica frecuente ayuda a revertir parte de los efectos del síndrome cruzado asociado a las horas sentado.
- Parámetros cardiovasculares: con el tiempo, la técnica contribuye a reducir la frecuencia cardíaca y la presión arterial, de acuerdo con la Cleveland Clinic.
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