Tres episodios para revisar medio siglo de vertidos en los ríos británicos
La ficción sigue a dos vecinos jubilados que sospechan del río Windrush y reconstruye, en paralelo, un caso de 1999 en una playa de Devon.

La miniserie británica Negocios turbios llega en tres episodios con una propuesta que mezcla drama y hechos reales. Su punto de partida es una inquietud local: la turbidez inusual del río Windrush, en los Cotswolds. A partir de ahí, la historia se abre hacia un problema mucho más amplio, con décadas de vertidos de aguas residuales sin tratar, inversiones insuficientes en infraestructura y controles que no alcanzaron para frenar el deterioro de ríos y costas en distintos puntos del Reino Unido.
El relato se apoya en dos personajes principales. Ashley Smith, interpretado por David Thewlis, es un expolicía. Peter Hammond, al que da vida Jason Watkins, es un profesor de matemáticas jubilado. Ambos empiezan a investigar cuando notan que el agua del Windrush tiene una turbidez que no recuerdan haber visto antes. Las explicaciones de la compañía responsable no los convencen y deciden avanzar por su cuenta. La experiencia policial de uno y la capacidad del otro para trabajar con grandes volúmenes de datos les permiten detectar patrones que apuntan a un problema de escala nacional.
Las líneas temporales: 1999, 2008 y el origen en 1989
La trama principal arranca en 2016, pero la serie suma otras dos líneas temporales. Una retrocede a 1999 y sigue a Mark y Julie Preen, que viajan con sus hijas a Dawlish, en Devon, para pasar las vacaciones en una playa que entonces tenía distinción de calidad del agua. La hija de ocho años, Heather, entra en contacto con agua contaminada por un vertido visible en la orilla y muere dos semanas después por una infección de E. coli O157. El caso nunca se esclareció del todo y el veredicto determinó que la muerte fue accidental.
La otra línea ubica la historia en 2008, cuando el organismo regulador ambiental empezó a delegar en las propias compañías de agua parte de la responsabilidad de detectar incumplimientos, mediante un sistema de autocontrol. La serie muestra cómo esa decisión afectó la capacidad del Estado para fiscalizar.
El drama, dirigido por Joseph Bullman, sitúa el origen del problema en la privatización del sector del agua, en 1989. Desde entonces, las empresas atravesaron sucesivas operaciones de compraventa mientras sus infraestructuras acumulaban años de inversión insuficiente. La ficción también aborda otros ejes del conflicto:
- La relación entre los organismos reguladores y las empresas que supervisan.
- El nivel de las multas aplicadas.
- Las remuneraciones de algunos directivos del sector.
La serie combina imágenes reales grabadas por activistas con la ficción, y así construye un retrato que, según su propia presentación, se basa en hechos reales.
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