Adelgazar hasta el hueso: los riesgos metabólicos y hormonales de llevar la grasa corporal por debajo de los niveles mínimos
Especialistas en fisiología y medicina metabólica advierten que reducir las reservas de tejido adiposo por debajo de ciertos umbrales puede comprometer la masa muscular, la densidad ósea y el funcionamiento hormonal, incluso en personas que entrenan de manera regular. La medición precisa y la interpretación clínica de la grasa corporal exigen considerar la edad, el sexo, la hidratación y la distribución del tejido, más allá de los valores que suelen difundirse en redes sociales.

El cuerpo humano adulto está compuesto, en promedio, por entre un 15% y un 30% de grasa corporal, según la edad y el sexo. Reducir esa proporción de forma extrema no equivale automáticamente a una mejor condición física: cuando las reservas de tejido adiposo caen por debajo de ciertos umbrales, el organismo puede recurrir al músculo como fuente de energía, alterar la producción hormonal y comprometer la densidad ósea, de acuerdo con estudios revisados por la prensa especializada en nutrición y fisiología del ejercicio.
El problema del número aislado
Un porcentaje de grasa corporal, leído de manera aislada, no alcanza para evaluar la composición del organismo. La edad, el sexo biológico y la distribución del tejido adiposo modifican de forma considerable esa cifra. Las herramientas de medición también presentan diferencias relevantes entre sí: una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados sensiblemente distintos según el nivel de hidratación del momento, mientras que el método de pliegues cutáneos no permite conocer la grasa que rodea los órganos, precisamente la que más impacto metabólico tiene. La densitometría DEXA, por su parte, distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea con mayor precisión, aunque requiere equipamiento especializado y puede resultar costosa para un uso masivo.
Traducido: el número que muestra una balanza de baño o una báscula inteligente de uso doméstico no necesariamente refleja la composición real del cuerpo ni los riesgos asociados a ella.
Lo que muestran los registros en deportistas
Esa metodología se aplicó en un relevamiento con más de 700 deportistas en el que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne. Los valores más bajos registrados alcanzaron un 10% en hombres y un 16% en mujeres, cifras que distan de manera considerable del 1% o 2% que suele mencionarse en redes sociales y circuitos de gimnasio al hablar de definición muscular extrema. La comparación con esa referencia resulta relevante porque pone en contexto los mínimos que el cuerpo tolera en personas entrenadas, y no en uno: las reservas mínimas viables se encuentran muy por encima de los estándares estéticos difundidos en redes.
“Una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando una restricción intensa de calorías reduce esas reservas, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía y perjudicar tanto la generación de tejido óseo como su reparación.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan
Hormonas, infecciones y funciones que se relegan
En hombres con una alimentación insuficiente, la testosterona puede disminuir junto con la energía y el rendimiento físico. En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa corporal se relacionan con irregularidades menstruales o con la falta directa de menstruación, una señal de alerta que los especialistas asocian a la tríada de la atleta. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, señaló además que disponer de pocas reservas dificulta la respuesta del organismo ante infecciones graves. La explicación fisiológica de estas consecuencias se encuentra en las tareas que cumple el tejido adiposo: además de almacenar combustible para los momentos de mayor demanda, produce leptina, una hormona que comunica al cerebro cuánta energía se encuentra disponible en el cuerpo.
Cuando esa señal cae por falta de reservas, el organismo puede relegar funciones consideradas secundarias para ahorrar recursos, un comportamiento que compromete la reproducción, la inmunidad y la reparación tisular. El exceso de grasa también importa, en particular cuando se concentra en la zona visceral y rodea los órganos, dado que favorece la liberación de marcadores inflamatorios asociados a enfermedades metabólicas. La firme conclusión de la literatura revisada es que la grasa corporal opera dentro de un rango funcional y que tanto el déficit extremo como el exceso localizado deterioran la salud, por lo que su evaluación requiere criterios clínicos individualizados.
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