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Adenocarcinoma de pulmón: qué se sabe del tumor que le extirparon al papa León XIV y por qué la genética es clave en el pronóstico

El Vaticano confirmó que al pontífice le realizaron una lobectomía videoasistida en el Gemelli de Roma. El neurólogo Conrado Estol explicó que se trata del tipo de cáncer de pulmón más frecuente en no fumadores y que los estudios genéticos en curso podrían definir un tratamiento personalizado.

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Nahuel SosaTecnología y ciencia · · 4 min de lectura
Adenocarcinoma de pulmón: qué se sabe del tumor que le extirparon al papa León XIV y por qué la genética es clave en el pronóstico

El papa León XIV fue sometido a una cirugía en el Policlínico Gemelli de Roma que duró alrededor de noventa minutos, según confirmó el Vaticano. La intervención consistió en una lobectomía del lóbulo inferior derecho mediante técnica videoasistida, es decir, una operación en la que el cirujano opera a través de pequeñas incisiones guiándose con una cámara de video, en lugar de abrir el tórax con un corte amplio. Un examen histológico realizado durante el procedimiento —el estudio del tejido al microscopio— confirmó que la masa extraída correspondía a un adenocarcinoma pulmonar, el subtipo de cáncer de pulmón más habitual en personas que no fuman.

Tras la operación, la evolución fue descrita como dentro de los parámetros normales: el pontífice retomó la alimentación habitual, comenzó kinesioterapia respiratoria —sesiones de ejercicios para volver a expandir bien los pulmones después de la anestesia— y empezó a caminar dentro de su habitación. La recuperación, en este tipo de cirugías, suele ser más corta que en las operaciones tradicionales a cielo abierto, justamente por el menor tamaño de las incisiones.

Por qué se saca el lóbulo entero y no solo el nódulo

Una de las preguntas que surge es por qué los cirujanos optan por extraer todo un lóbulo y no simplemente el nódulo visible. La respuesta tiene que ver con la lógica oncológica, es decir, con la estrategia que busca eliminar toda célula tumoral posible y, al mismo tiempo, obtener información clave sobre el comportamiento del tumor. Sacar el lóbulo completo permite asegurarse de que queden márgenes libres de células cancerosas —una especie de borde de seguridad alrededor de la zona comprometida— y facilita el análisis detallado de los tejidos que rodeaban al nódulo.

Durante la operación, un patólogo puede examinar muestras en el momento para distinguir entre un tumor, una cicatriz o una zona de fibrosis (tejido endurecido por antiguas inflamaciones). Sin embargo, el diagnóstico definitivo y completo recién se obtiene con el estudio microscópico posterior, que es el que termina de definir el tipo exacto de adenocarcinoma y sus características.

Qué falta saber para hablar de pronóstico

Aunque el tipo de tumor ya está identificado, todavía hay datos centrales que no se dieron a conocer públicamente y que son los que realmente permiten estimar cómo evolucionará el paciente. El neurólogo Conrado Estol, consultado sobre el caso, explicó que el pronóstico depende de tres variables principales: el tamaño exacto del nódulo, si los ganglios linfáticos cercanos están comprometidos y si la pleura —la membrana fina que recubre los pulmones— presenta invasión tumoral.

Para graficarlo, Estol planteó un escenario hipotético: si el nódulo mide dos centímetros, los ganglios están libres y la pleura no está comprometida, la sobrevida a cinco años puede acercarse al noventa y nueve por ciento. En otras palabras, el escenario más favorable dentro de los diagnósticos de cáncer de pulmón. Esa cifra, vale aclarar, es orientativa y corresponde a ese cuadro puntual; cambia si alguno de esos tres factores se aparta de lo esperado.

Cómo funciona el estudio genético del tumor

En paralelo a la recuperación, laboratorios especializados están analizando la genética del adenocarcinoma. Este estudio, que se hace sobre el tejido extraído en la cirugía, busca mutaciones específicas —es decir, alteraciones puntuales en genes que hacen que la célula cancerosa crezca de una manera determinada—. Algunas de las más conocidas son las del EGFR, KRAS, BRAF, HER o MET.

Cuando se identifica una de esas mutaciones, el oncólogo puede indicar terapias dirigidas, fármacos orales diseñados para bloquear justamente ese mecanismo alterado. La ventaja respecto de la quimioterapia clásica es que atacan un blanco preciso, como una llave que encaja en una cerradura específica, en lugar de dañar a todas las células que se dividen rápido. En otros casos, cuando el tumor no presenta mutaciones accionables, la alternativa es la inmunoterapia, que se aplica por vía intravenosa y consiste en entrenar al propio sistema inmune para que reconozca y ataque las células cancerosas. Ambas estrategias pueden perder eficacia con el tiempo, ya que el tumor suele encontrar mecanismos para evadirlas, por lo que el seguimiento oncológico periódico es parte central del tratamiento a largo plazo.

Qué falta para tener el panorama completo

Hasta que no se conozcan los resultados del estudio genético y del análisis definitivo de ganglios y pleura, no se podrá precisar el estadio del tumor ni el riesgo de recurrencia. La Santa Sede adelantó que habrá nuevas comunicaciones a medida que avance la recuperación, mientras los equipos médicos del Gemelli continúan con los estudios pendientes. En cáncer de pulmón, el siguiente paso después de la cirugía suele ser una reunión multidisciplinary —oncólogos, patólogos, neumonólogos y cirujanos torácicos— que define si conviene complementar con quimioterapia, terapia dirigida, inmunoterapia o, en los casos más favorables, solo controles periódicos con tomografías. La historia clínica de León XIV acaba de entrar en esa etapa, y los próximos partes médicos serán los que empiecen a completar el cuadro.

NS
Nahuel SosaTecnología y ciencia

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