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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Adiós a Zulema Galperín: la dama que se subió a un colectivo, a la tele y a la vida a los 60

La Asociación Argentina de Actores y Actrices confirmó el fallecimiento a los 90 años de una actriz de recorrido enorme: pasó por Chiquititas y Gasoleros, se rió con Pettinato en Duro de domar y hasta actuó dentro de un 60 que circulaba por Buenos Aires. Retrato de una carrera que empezó tarde, pero no por eso llegó tarde.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Adiós a Zulema Galperín: la dama que se subió a un colectivo, a la tele y a la vida a los 60

El primer recuerdo que tengo de Zulema Galperín es una carcajada, y eso que la vi por primera vez en un sketch que no estaba hecho para carcajearse: era el personaje de la Abuela cocainómana, aquel que interpretaba junto a Sebastián Presta en Préstico, el segmento de Duro de domar que conducía Roberto Pettinato en los noventa. Me acuerdo del ruido que hacía la cocina de utilería, un chirrido metálico, y del olor a mate cocido con un toque de algo irreal que parecía flotar en el estudio. A esa actriz que se animaba a hacer humor tan filoso la venían a despedir ahora, a los 90 años, según confirmó la Asociación Argentina de Actores y Actrices, y uno se queda con la sensación de que el oficio le llegó cuando ya tenía todo listo para recibirlo.

Galperín había nacido el 18 de abril de 1936, así que cuando se subió por primera vez a un escenario ya era una mujer con varias décadas de vida encima. Antes de la actuación se había pasado años y años trabajando en tareas administrativas, y el salto al teatro llegó sobre el filo de los sesenta, en 1997, cuando arrancó el taller de Entrenamiento Teatral del Teatro Regio. De ahí en más no paró: siguió formándose en otros talleres y seminarios, se afilió a la Asociación Argentina de Actores y Actrices en 2000 y construyó un currículito que incluye ficción, cine, plataformas, publicidad y teatro con una variedad de formatos que ya quisieran muchos.

Televisión para todas las edades y todos los géneros

  • Ficciones emblemáticas: Chiquititas, Gasoleros, Poliladron, Verdad consecuencia, Primicias, Epitafios, Viudas e hijos del rock and roll, Buenos chicos y la miniserie En París.
  • Series y plataformas más recientes: Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim.
  • Humor: la Abuela cocainómana junto a Sebastián Presta en Préstico, dentro de Duro de domar.

En cine tampoco se quedó quieta. Su filmografía recorre títulos bien distintos entre sí: Los justos, Eva Perón, Pacto de silencio, Blindado, Los adoptantes y La estrella roja, sin olvidar Puan y La extorsión, dos películas que la mostraron en registros más contemporáneos. En 2021 se sumó a Superhéroes y heroínas urban@s, una miniserie que nació de un taller de la Fundación SAGAI, y compartió el capítulo La página en blanco con María del Carmen Simari y Mirta Calza Citín. Cada proyecto, una pieza más de un rompecabezas que se fue armando tarde, pero con la prolijidad de quien sabe que ya no sobra tiempo.

El teatro como aventura: la función que se vio dentro de un colectivo

De todo lo que hizo, hay algo que a mí me parece de antología y que vale la pena contar bien. En Fango negro, la obra escrita por José Gabriel Núñez y dirigida por César Sambatario que produjo el grupo Clan-Destino, Zulema se subió a un colectivo de la línea que fuera y actuó mientras el vehículo circulaba por las calles de Buenos Aires. El público no estaba en una sala: viajaba como pasajero, mirando la escena por encima del pasamanos, con el ruido del motor de fondo y la ciudad pasándole por la ventanilla como un decorado vivo. También pasó por Motivos para levantarse por la mañana, de Germán Akis y Raúl Baroni, en el Teatro Arlequino. Dos modos opuestos de hacer teatro y los dos los encaró con la misma entrega.

Cuando me pongo a escribir estas líneas me doy cuenta de que Zulema Galperín fue, en el fondo, una de esas actrices que no entran en una sola foto. Estuvo en la comedia, en el drama, en el policial, en la publicidad, en el sketch de humor que se ve una vez y se recuerda toda la vida, en la serie de plataforma que mirás a las tres de la mañana y, también, en aquel bondi que se convertía en escenario mientras el tránsito seguía su curso. La Asociación Argentina de Actores y Actrices la despidió resaltando su interés poético y su militancia gremial, y a mí me queda la imagen de aquella abuela que nos hacía reír a carcajadas, pero que antes de hacer reír había pasado media vida ordenando papeles en una oficina. A veces, pienso, el talento necesita décadas para encontrar la puerta, y cuando la encuentra, entra con todo. Chau, Zulema, que el escenario te siga esperando del otro lado.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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