Agentes de inteligencia artificial al servicio del cibercrimen: cómo una campaña automatizada robó 600.000 tarjetas de crédito
Una investigación de la firma Gambit describe un esquema en el que un solo operador coordinó herramientas autónomas para elegir víctimas, ingresar a sus sistemas y capturar datos de pago con instrucciones breves y costos mínimos.

Buscar empresas vulnerables, abrirse paso en sus servidores y plantar programas que copian los datos de las tarjetas de crédito en el momento del pago: esas tres etapas, que solían requerir equipos enteros de atacantes con distintas especializaciones, quedaron en manos de agentes de inteligencia artificial en una campaña que la firma de ciberseguridad Gambit atribuyó a un único operador. La investigación indica que la operación se inició en julio de 2026 y, hasta mediados de septiembre de ese año, había acumulado al menos 600.000 registros de tarjetas robados.
La automatización alcanzada en este caso resulta llamativa porque cubre casi todo el ciclo del ataque. Una de las herramientas consultaba un servicio de clasificación de sitios web para identificar organizaciones que utilizaban software a medida, es decir, programas desarrollados a la medida de cada empresa, lo que suele implicar menos actualizaciones de seguridad que los productos comerciales. A partir de esa lista, los agentes podían ejecutar las siguientes etapas con escasa intervención humana.
Cómo funciona el esquema
El atacante combinó tres piezas: Hermes, Strix y Cairn. Hermes hacía las veces de centro de mando: conservaba memoria de actividades previas, permitía programar tareas y sumar nuevas habilidades, además de participar en intrusiones directas. Strix y Cairn estaban pensadas para pruebas de intrusión, un tipo de simulaciones que se usan para detectar fallas de seguridad, pero aquí orientadas a comprometer sistemas reales. En conjunto, los agentes podían atacar alrededor de diez empresas por día.
La intervención humana se redujo a instrucciones cortas, del estilo de pedir que iniciara un ataque, que avanzara al siguiente paso o que decidiera cómo seguir tras entrar a un sistema. Según Gambit, el operador dejó 1.951 instrucciones distribuidas en 260 sesiones de Hermes, con apenas unas pocas por cada objetivo.
El rastro dejado en el servidor de control
Para reconstruir lo ocurrido, los especialistas accedieron al servidor desde el que se administraba la campaña. Allí revisaron instrucciones y registros, y observ skimmers, es decir, programas maliciosos que copian los datos de las tarjetas mientras el cliente los ingresa en un formulario de pago, activos en los sitios afectados. Entre el 10 y el 15 de septiembre de 2026 contabilizaron 105 oleadas de ataques y 27 organizaciones comprometidas, con distintos niveles de afectación.
- Una aerolínea estadounidense.
- Una compañía de hospitalidad incluida en el índice Fortune 500, que reúne a las 500 empresas más grandes de Estados Unidos por facturación.
- Una distribuidora industrial.
- Un comercio de moda por internet.
Qué falta para que estas herramientas queden al alcance de cualquiera
El caso muestra un umbral que recién comienza a cruzarse: la posibilidad de delegar en agentes de inteligencia artificial tareas que hasta hace poco exigían conocimientos técnicos variados y varias horas de trabajo manual. Para que este tipo de campañas se vuelva masivo todavía faltan piezas, como infraestructura de cómputo estable para sostener tantos ataques simultáneos, cuentas en servicios de clasificación web difíciles de rastrear y mecanismos para monetizar los datos robados sin ser detectado. Cuando esos eslabones se abaraten o se ofrezcan como servicio, la barrera de entrada para el cibercrimen (nota del editor: palabra no traducida) más baja que nunca.
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