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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Almacenes bonaerenses: el 40% del sueldo se va antes de la primera compra y el consumo se reordena en torno a las marcas más baratas

Un relevamiento de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires describe un escenario de ticket más chico, menos unidades por visita y un corrimiento hacia segundas y terceras marcas; la leche, los fideos y el pan lactal concentran las diferencias más marcadas.

MB
Marcos BattistellaEconomía y agroindustria · · 4 min de lectura
Almacenes bonaerenses: el 40% del sueldo se va antes de la primera compra y el consumo se reordena en torno a las marcas más baratas

En los almacenes de barrio de la provincia de Buenos Aires, la decisión de compra se define antes de cruzar la puerta. El pasaje de colectivo, la cuota de la prepaga, el gas y la luz absorben cerca del 40% del ingreso mensual, según Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires, que graficó el cuadro con una frase seca: «Solo el 60 queda para vivir». Para una familia promedio, eso implica que, sobre un sueldo de 1.000.000 de pesos, alrededor de 400.000 pesos ya quedaron comprometidos en servicios y transporte antes de que la primera bolsa vuelva del mostrador.

Menos unidades y más comparación dentro de la góndola

El resto del ingreso se distribuye en un contexto de consumo que Savore resumió con una expresión de uso corriente en el sector: «La gente compra lo justo y necesario». La conducta se repite en los comercios de cercanía que agrupa la Federación: los clientes llegan con listas más cortas, adquieren menos unidades por visita y, dentro de cada categoría, comparan precios antes de decidirse. No se trata de una sustitución genérica hacia lo más barato, sino de un ejercicio de comparación activa, rubro por rubro, que los almaceneros describen como una práctica instalada desde la aceleración inflacionaria de 2023 y que, lejos de revertirse, se consolidó a lo largo de 2024.

Comparado con la campaña anterior, el desplazamiento más visible se observa en la composición de la góndola. Las marcas de empresas pequeñas y medianas ganaron terreno frente a las primeras marcas, en un movimiento que la propia Federación atribuye a la diferencia de precio en productos básicos. Savore cuantificó el fenómeno y lo describió en términos sectoriales: «Las tres cuartas partes de la góndola de galletitas son empresas PYME». El dato, propio de un circuito de comercialización que combina producción pyme, distribución corta y cercanía con el cliente, marca un punto de inflexión respecto de los años previos, cuando las primeras marcas ocupaban la mayor parte del lineal.

  • Pan lactal de 600 gramos: primera marca, alrededor de 6.000 pesos; marca PYME, cerca de 3.000 pesos.
  • Fideos: primera marca, hasta 4.000 pesos; alternativa, alrededor de 1.200 pesos.
  • Leche: el litro se vende por encima de los 2.000 pesos, tras un aumento del 4% registrado el mes pasado en la categoría de lácteos.

En paralelo, la suba reciente de los lácteos agrega presión sobre un rubro sensible. Savore describió el movimiento en primera persona: «El mes pasado tuvimos un aumento de un 4% en lo que es lácteos», y agregó que el litro de leche se vende por encima de los 2.000 pesos. La cifra, que se suma a la dinámica general de remarcaciones, encuentra a los almacenes con un cliente que ya ajusta unidades y prioriza precio, lo que termina de configurar un escenario en el que el comerciante resigna margen a cambio de mantener volumen.

Granel y stock liviano: las respuestas del mostrador

Para sostener el caudal de ventas, un número creciente de almacenes adoptó una estrategia que los diferencia de las cadenas de mayor escala: la compra de productos a granel y su fraccionamiento en el propio local, en porciones equivalentes a las del envase original. El mecanismo, que ya formaba parte de la operatoria tradicional del rubro, cobró relevancia como respuesta a la diferencia de precios entre marcas líderes y alternativas. En cereales, una caja de marca tradicional ronda los 8.000 pesos, mientras que el mismo gramaje envasado en el comercio baja a 3.000 pesos. En avena, la distancia se mantiene: la versión fraccionada en el local sale alrededor de 2.000 pesos, frente a cajas de marcas conocidas que promedian los 5.000 pesos. Para los almaceneros, la operatoria permite ofrecer un producto reconocible, en la cantidad que el cliente efectivamente puede pagar en cada visita, sin resignar la calidad ni la presentación habitual del lineal.

La dinámica de la inflación, además, modificó la administración del stock. Con una suba de precios más ordenada que en la campaña anterior, los almacenes dejaron de comprar mercadería como cobertura ante remarcaciones diarias, una práctica que, según los comerciantes consultados, había distorsionado los depósitos y complicado la rotación durante buena parte de 2023. En el presente, el ritmo de actualización de listas y la previsibilidad relativa del mercado les permite trabajar con inventarios más livianos, reposiciones más frecuentes y una caja menos exigida por la necesidad de financiar mercadería inmovilizada. El resultado, traducido en términos operativos, es un comercio que recupera margen de maniobra y puede destinar capital de trabajo a las líneas de mayor demanda, en particular las marcas pyme y el fraccionado a granel, que concentran hoy la decisión de compra de buena parte de los hogares que atienden los almacenes de la provincia de Buenos Aires.

MB
Marcos BattistellaEconomía y agroindustria

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