Argentina se ilusiona con ser la gran base regional de datos para la inteligencia artificial: qué tiene, qué le falta
Energía barata, clima templado y distancia de zonas de conflicto son las cartas que el país ofrece a los inversores. Los especialistas consultados coinciden en que, si se ordena el marco económico y jurídico, la chance es concreta.

Durante años, los centros de datos —esas enormes salas refrigeradas donde viven los servidores que sostienen desde una videollamada hasta un modelo de inteligencia artificial— se concentraron en el norte global: Estados Unidos, Irlanda, los países nórdicos. Esa geografía, sin embargo, empezó a saturarse, y la demanda que tironea la expansión de la inteligencia artificial empuja a buscar nuevos territorios. Argentina, con un costo energético que en algunas regiones cae a la mitad del promedio internacional y con una ubicación geográfica alejada de los principales focos de tensión bélica, aparece en el radar de fondos y empresas que miran hacia el sur.
Así lo planteó Noelia Miranda, directora de secure power para Argentina, Paraguay y Uruguay de Schneider Electric, una de las firmas globales más activas en infraestructura eléctrica y de refrigeración para estos emprendimientos. Para Miranda, el país había quedado fuera del reparto de este mercado, pero ahora tiene “la posibilidad de posicionarse como uno de los hubs más importantes del mundo”. Lo dijo en diálogo con este medio, en el marco del Data Center Summit organizado por la compañía en Buenos Aires.
Por qué Argentina pinta como destino
- Energía barata: el megavatio en zonas como Vaca Muerta ronda los 50 dólares, contra los 100 dólares que se pagan en buena parte de los mercados internacionales. Sobre una operación de centro de datos, la diferencia puede equivaler a unos 500 millones de dólares al año, según estimaciones de Gerardo Manhard, director de consultoría en energía e infraestructura de la firma Dreicon.
- Clima amigable: las temperaturas templadas y la baja humedad en buena parte del territorio reducen la necesidad de refrigeración mecánica, que es uno de los principales consumos de electricidad en un data center.
- Disponibilidad de tierra: la densidad poblacional es baja comparada con la de los hubs tradicionales, lo que facilita conseguir predios amplios y permisos para construir, como señaló Jorge Vilariño, representante en Argentina de la empresa polaca Green Capital.
- Lejanía de conflictos: el país está lejos de las zonas donde hoy se libran guerras o recrudecieron las tensiones geopolíticas, un factor que las aseguradoras y los consejos de administración toman muy en serio.
Green Capital ya movió fichas y anunció un megacentro de datos en la provincia de Chubut destinado a cargas de trabajo de inteligencia artificial. Vilariño explicó que la baja densidad poblacional de la Patagonia ayuda a tramitar habilitaciones y que la firma apuesta por el país como plataforma hacia la región.
Cómo funciona el cambio de paradigma
Los centros de datos se diseñaron durante décadas para alojar servidores que cumplen funciones relativamente predecibles: guardar mails, alojar páginas web, procesar pagos. La irrupción de la inteligencia artificial cambió el escenario. Como lo explicó Julián Martín Gurgone, arquitecto de centros de datos de Schneider Electric, entre 2025 y 2030 alrededor del 60% de los nuevos despliegues estarán dedicados a IA, y dentro de ese universo el 75% demandará refrigeración líquida, es decir, circuitos de agua o fluidos especiales que extraen el calor de los chips en forma directa. Imagine la diferencia entre enfriar una casa con un ventilador de pie, que mueve aire, frente a un radiador conectado a una caldera, que lleva agua caliente hasta el lugar donde hace falta: la segunda opción es mucho más eficiente. El problema es que esa tecnología obliga a repensar las instalaciones desde el principio, algo que recién ahora empieza a discutirse en los proyectos locales.
“Nuestro país es tierra fértil para seguir creciendo en el terreno de los centros de datos.”Noelia Miranda, directora de secure power para Argentina, Paraguay y Uruguay de Schneider Electric
Qué falta para que la chance se concrete
Las promesas iniciales chocan contra un dato estructural: este tipo de proyectos requieren inversiones que pueden llegar a los mil millones de dólares y plazos de retorno que se miden en más de una década. Sin reglas estables, nadie firma. Miranda fue categórica al señalar que la misma inestabilidad que históricamente espantó a los inversores es, justamente, la que el país necesita empezar a revertir si quiere competir. Y el listado de pendientes es conocido: acordar un marco regulatorio nacional para los data centers, transparentar los incentivos fiscales para proyectos de gran porte, asegurar contratos de provisión eléctrica de largo plazo y resolver la cuestión cambiaria, que sigue siendo el filtro más fino por el que pasan los dólares de cualquier inversión extranjera.
En otras palabras, la infraestructura física y energética está. Lo que está en juego es si Argentina logra ofrecer, además, la seguridad jurídica y macroeconómica que cualquier directorio del mundo exige antes de mover esa clase de capitales. Si lo logra, el sillón de la región para alojar a la inteligencia artificial espera. Si no, el tren pasará de largo.
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