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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Castil de Carrias y Loranquillo: las aldeas fantasma de Burgos que se convirtieron en set de filmación para la Guerra Civil

Los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi eligieron dos pueblos deshabitados de la provincia de Burgos para rodar las secuencias históricas de "La bola negra"; encontraron entre sus ruinas la atmósfera de un abandono que ningún decorado puede fabricar

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Castil de Carrias y Loranquillo: las aldeas fantasma de Burgos que se convirtieron en set de filmación para la Guerra Civil

Lo primero que te golpea al llegar a Castil de Carrias es un silencio espeso, apenas roto por el viento que se cuela entre los muros sin revoque. Después, cuando uno se internar en lo que alguna vez fue la calle principal, empieza a notar un olor particular: el de la humedad que subió por las paredes durante décadas y el de la vegetación que fue colonizando cada rendija, cada ventana sin cristales, cada techo que se vino abajo sin que nadie viniera a arreglarlo. Es ese olor a tiempo detenido el que parece haber buscado el equipo de "La bola negra" para rodar allí las escenas ambientadas en la Guerra Civil de su nueva película, porque un decorado por más cuidado que esté jamás va a oler así.

Un rodaje entre ruinas auténticas

El rodaje arrancó el 25 de agosto de 2025 en Castil de Carrias, un antiguo núcleo rural ubicado a unos diez kilómetros de Belorado, con historia documentada desde por lo menos el siglo XII. En el mejor momento de su existencia, a mediados del siglo XIX, llegó a superar los 240 habitantes; después el éxodo rural fue vaciándolo de a poco. En 1950 vivían allí 178 personas, en 1970 apenas 59, y así fue sobreviviendo en esa escala chica hasta que en 1994 murió Florentino González Sáez, considerado el último vecino. Lo que queda hoy en pie es un inventario involuntario de una vida que se fue sin terminar de irse del todo, porque hay una antigua escuela, una taberna con botellas todavía visibles en los estantes, utensilios domésticos por todos lados, vehículos oxidados y la iglesia de Santa María, con señales claras de deterioro y de expolio.

Loranquillo, la otra pieza del rompecabezas

A pocos kilómetros de Castil de Carrias se encuentra Loranquillo, otro núcleo despoblado que terminó integrado al municipio de Belorado durante los años setenta y cuyos últimos habitantes se marcharon en la década del noventa. Entre los dos pueblos más Quintanilla arman una ruta de senderismo de 22 kilómetros que es, en buena medida, un recorrido por el despoblamiento de la España rural. Para la producción de "La bola negra", ambos lugares resolvían un problema muy concreto: hacían falta edificios parcialmente derruidos para recrear la Guerra Civil sin tener que construir decorados desde cero ni destruirlos una vez terminado el rodaje. La responsable de localizaciones, Clara Salvador, fue recorriendo la provincia hasta dar con estas condiciones; durante las jornadas de filmación, los dos pueblos permanecieron cerrados al público.

Yo, que he recorrido pueblos parecidos cubriendo otras notas a lo largo de los años, te digo que lo que más impresiona no es la ruina en sí sino los pequeños restos de intimidad que van quedando: una banqueta apoyada contra la pared como si alguien acabara de levantarse, una foto amarillenta pegada a un azulejo, una puerta entreabierta hacia un patio donde el pasto ya creció hasta la altura de la cintura. Todo eso, dicen los directores, es lo que estaban buscando: no solo la imagen de las ruinas sino la sensación de una vida interrumpida sin que nadie terminara de juntar sus cosas, un detalle que dentro de la película, centrada en la memoria, la violencia y lo que el tiempo va borrando, tiene un peso específico.

“Buscaban la sensación de una vida interrumpida sin que nadie terminara de recoger sus cosas, un detalle que tiene un significado específico dentro de la historia que cuenta la película, centrada en la memoria, la violencia y lo que el tiempo borra.”Producción de "La bola negra"

Hay algo de paradoja en que una ficción sobre la memoria se filme justamente en lugares donde la memoria se borró por sí sola, sin que nadie tuviera que inventarla. Y a mí, que volví de Castil de Carrias con esa mezcla de admiración y desazón que dejan siempre los pueblos vacíos, me queda dando vueltas un fragmento del cantito que tararea la historia, casi sin querer: "todo se fue, todo se va, queda el viento y la pared". Calderón, Gardel, el que sea, todos terminaron cantando lo mismo cuando vieron pueblos como estos.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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