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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cinco mentiras que todavía circulan sobre el corazón y por qué conviene dejarlas de repetir

Un cardiólogo de Cleveland Clinic repasa los errores más frecuentes que postergan controles y diagnósticos. Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el mundo y, sin embargo, persisten ideas que llevan a muchos a confiarse demasiado tarde.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Cinco mentiras que todavía circulan sobre el corazón y por qué conviene dejarlas de repetir

El olor a café recién servido en la cocina y el ruido de la pavaA las siete de la mañana de un martes cualquiera, mientras revuelvo el azúcar en la taza y hojeo el parte médico del día, me cruzo con un dato que me deja pensando un buen rato: las enfermedades del corazón se cobraron 19,8 millones de vidas en 2022, casi un tercio de todas las muertes que se producen en el planeta, según la Organización Mundial de la Salud. Una cifra que abruma y que, sin embargo, convive con una cantidad enorme de creencias equivocadas sobre quiénes están en riesgo y a qué edad hay que empezar a cuidarse. Por eso me detengo en lo que contó el cardiólogo Luke Laffin, de la prestigiosa Cleveland Clinic, cuando le pidieron que repasara los mitos más comunes: cinco ideas que todavía circulan con naturalidad y que pueden tener consecuencias serias.

La primera de esas creencias tiene que ver con el sexo. Laffin lo dice sin rodeos: el corazón no discrimina por género. Sin embargo, durante décadas se instaló la idea de que la enfermedad cardiovascular era casi un asunto de hombres maduros, y eso fue dejando a muchas mujeres afuera de los controles a tiempo. La realidad es que ellas tienen factores de riesgo propios, como la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y ciertas complicaciones durante el embarazo, que conviene tener muy presentes. A eso se le suma un fenómeno más silencioso: la postergación. Entre el trabajo, los hijos, los padres a cargo y la casa, los chequeos cardiológicos suelen quedar para después. Y ese después, a veces, llega demasiado tarde.

Edad, herencia y la trampa de sentirse bien

El segundo mito es de los más arraigados: la idea de que el corazón solo empieza a dar problemas después de los cincuenta. Lo que explica Laffin es que las arterias y los vasos sanguíneos pueden empezar a alterarse mucho antes, a los veinte, a los treinta o a los cuarenta, muchas veces sin que aparezca ni un solo síntoma. La predisposición genética a tener el colesterol alto o la presión elevada puede estar ahí desde joven, esperando el combo de unos hábitos poco saludables para hacer de las suyas. Por eso el especialista insiste en que los análisis de sangre y los chequeos regulares no son cosa de veteranos: también los adultos jóvenes tienen motivos de sobra para hacérselos.

La tercera idea equivocada es casi un determinismo familiar: si mi padre o mi madre tiveram un infarto, a mí me va a pasar lo mismo. Lo que dice la evidencia, y lo que repite Laffin, es otra cosa. Los antecedentes familiares aumentan el riesgo, claro que sí, pero no lo escriben en piedra. Hay mucho por hacer del lado de los hábitos: una alimentación saludable, al menos 150 minutos por semana de actividad física moderada, dejar el cigarrillo y moderar el consumo de alcohol son medidas que bajan de manera concreta esa probabilidad. Y cuando los cambios en la rutina no alcanzan, existen medicaciones seguras para mantener a raya la presión arterial y el colesterol.

  • Sexo: las mujeres tienen riesgo cardiovascular elevado y factores propios como menopausia, anticonceptivos y complicaciones en el embarazo; los controles no deben postergarse.
  • Edad: las alteraciones en arterias y vasos pueden empezar entre los 20 y los 40 años, por lo que los chequeos periódicos importan desde joven.
  • Herencia: los antecedentes familiares aumentan el riesgo pero no lo vuelven inevitable; hábitos saludables y medicación marcan la diferencia.
  • Sensación de bienestar: la hipertensión y el colesterol alto suelen avanzar sin síntomas; un infarto puede ser el primer aviso.
  • Envejecimiento: el deterioro cardiovascular no es una condena y se puede prevenir y tratar a cualquier edad.

El cuarto mito es, para mí, el más traicionero de todos. Sentirse bien no equivale a estar libre de riesgo. La enfermedad coronaria avanza lento y en silencio, y tanto la hipertensión como el colesterol elevado suelen dar la cara recién cuando el daño ya está hecho. En algunos casos, el primer síntoma visible es un infarto o un accidente cerebrovascular, eventos que cambian la vida en un instante. Por eso las consultas anuales con el médico de cabecera y los análisis de rutina son tan valiosos: permiten seguir esos indicadores en el tiempo y actuar antes de que aparezca la urgencia.

Y el quinto error, que el material deja a medio camino pero que se completa con lo que viene repitiendo la cardiología moderna, es asumir que el deterioro del corazón es una especie de destino inevitable asociado al paso de los años. Nada más lejos de la realidad. Como decía un tango de los que mi vieja cantaba mientras hacía las cuentas de la farmacia, uno se hace viejo cuando quiere y como puede, y de la salud del corazón pasa algo parecido: se cuida o se descuida, se previene o se repara, pero casi nunca es tarde para empezar. Laffin lo resume con una frase que me quedó dando vueltas toda la tarde: la prevención cardiovascular es para todas las edades, para ambos sexos y para quienes tengan o no antecedentes familiares. Lo que hace falta, en definitiva, es sacarse de encima estos cinco mitos y sentarse a charlar con un médico, en vez de seguir confiando en que el cuerpo va a avisar a tiempo. Porque, a veces, no avisa.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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