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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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Cuando De Niro y Streep se sentaron a tomar el tren y el corazón se les fue de tournée

A 42 años de su estreno, "Enamorarse" vuelve a estar disponible: una postal setentosa de Manhattan con dos monstruos sagrados de Hollywood midiéndose en un registro íntimo que les quedaba grande a casi todos menos a ellos.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 6 min de lectura
Cuando De Niro y Streep se sentaron a tomar el tren y el corazón se les fue de tournée

Te confieso algo de entrada: la primera vez que escuché hablar de Enamorarse fue de boca de mi madre, una mujer de esas que guarda las películas en la memoria como quien guarda fotos en una caja de zapatos. Me dijo, mientras pelaba papas en la cocina de mi abuela, que si alguna vez quería entender de qué se hablaba cuando se hablaba de dos personas grandes, dos actores gigantes, midiéndose en algo que no fuera una guerra ni un gángster ni un trauma, tenía que ver esa película con De Niro y con Streep. El problema es que en aquel momento yo era chica y estaba más preocupada por el dibujo animado del sábado a la tarde que por los dramas de Manhattan. Tuve que esperar cuatro décadas, palabra, para sentarme frente al televisor y entender de qué me hablaba mi vieja aquella vez en la que la cocina olía a caldo y la tarde se iba en penumbras.

Y miren, una empieza a ver la película y entiende enseguida por qué me la recomendaron con esa insistencia tan doméstica, tan de olla al fuego. En 1984 la Paramount juntó a Robert De Niro y a Meryl Streep para un drama romántico escrito por Michael Cristofer y dirigido por Ulu Grosbard, dos nombres que firman con discreción un trabajo que no hace alarde de nada. Ellos dos ya se habían cruzado en El francotirador, la película de Michael Cimino de 1978, donde compartían pantalla en medio de una historia de violencia y de acero. Pero acá el registro es otro, es el registro de lo chiquito, de lo que pasa en una librería de Manhattan en diciembre, cuando alguien te roba el paquete sin querer y te lo devuelve como si te estuviera devolviendo la vida.

Un malentendido, un viaje en tren, dos matrimonios

La historia arranca con Frank Raftis, que es De Niro haciendo de hombre común, cosa que ya de por sí es toda una performance para quien venía de cargar con el peso de Taxi Driver o de Toro salvaje. Y arranca con Streep, que es Molly Gilmore, una mujer casada que un buen día temprano se cruza con un señor en una librería. El equívoco de los paquetes es apenas la excusa, el punto de partida, la puerta que se abre sin hacer ruido. Después vienen los encuentros en los vagones del tren, esos trayectos que los neoyorquinos hacen como quien respira, y la familiaridad va creciendo de a poco, casi sin que los protagonistas se den cuenta, hasta que la atracción aparece y ahí sí, amigas y amigos, ahí aparece el problema, porque los dos están casados y nadie pidió esto y nadie lo buscó.

Lo que más me gusta de Enamorarse, y lo que me parece que la vuelve tan querida por encima del ruido, es que el guion de Cristofer no resuelve el conflicto con facilidad, no lo baraja con un chasquido de dedos ni lo manda al placard con un fundido a negro convenientemente almibarado. Frank y Molly tienen que decidir qué hacen con algo que ninguno de los dos buscó, sabiendo que cualquier respuesta que den les va a doler a ellos pero también les va a doler a otros. El drama no está en el romance en sí, palabra, está en lo que ese romance te obliga a revisar: los compromisos asumidos, la palabra dada, la distancia entre lo que uno siente y lo que uno está dispuesto a hacer. Es una película de rutina rota, de esas que te muestran cómo lo extraordinario se cuela en lo ordinario sin pedir permiso.

Elenco, Manhattan y una recaudación modesta

  • El elenco de apoyo incluye a Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon, que armanan al de la pareja central y lo meten dentro de una red de matrimonios y obligaciones como la que tenemos todos.
  • La recaudación fue modesta: Box Office Mojo registra 11.129.057 dólares en Estados Unidos y Canadá, con un debut de aproximadamente 2,3 millones, números modestos para una superproducción con dos estrellas de ese calibre.
  • La crítica tampoco fue unánime: Roger Ebert le puso dos estrellas sobre cuatro y cuestionó el guion, aunque rescató momentos puntuales de la interacción entre los protagonistas, esa química de relojero que tienen De Niro y Streep cuando se miran.
  • Algunos textos de la época la emparentaron con Breve encuentro, la película británica de 1945, y la comparación no es caprichosa: también ahí el amor aparece como una amenaza a la vida ordenada y la ciudad funciona como escenario y como verduga delatora.

Manhattan funciona como un personaje más de la película, no como un decorado de postal. La librería donde arranca todo, los vagones del tren donde la atracción se hace carne, los bares y los parques donde Frank y Molly se dicen cosas que no se dirían en otro contexto: todo eso es la ciudad, la ciudad de los ritos diarios, de los trayectos repetidos, del bar que sube y baja. La película cuenta que lo extraordinario no necesita un decorado extraordinario para pasar; muchas veces le basta con una rutina, con un viaje que uno ya hizo cien veces, con una mesa de bar donde uno se sienta porque siempre se sienta ahí. Esa es, me parece, la hallazgo más profunda de un filme que no inventó nada pero le puso nombre a algo que todos hemos sentido alguna vez.

“Tengo la sensación de que uno no se enamora cuando quiere ni de quien le gustaría; se enamora cuando puede y de quien se le cruza en el vagón de un tren, con un paquete ajeno en la mano y la vida resuelta en otra parte.”Renata Molinari

Si no la vieron en su momento, ahora tienen revancha: la película vuelve a estar disponible para quien quiera buscarla, y créanme que vale la pena dedicarle una tarde de esas en las que afuera llueve y adentro uno tiene la voluntad de mirar a dos personas hablar como si el mundo les pesara. Enamorarse no es la mejor película de De Niro ni la mejor de Streep, y quizás por eso mismo es tan querida, y es porque nos muestra a dos monstruos sagrados de Hollywood midiéndose en un registro que no les quedaba cómodo y que, sin embargo, les quedó terminado. A veces, cuando uno quiere mucho a alguien, el único modo de demostrárselo es el de sentarse frente al televisor y darle play a una película vieja, en silencio, y después comentar lo que pasó como si uno hubiera estado ahí afuera al lado de ellos, en Manhattan, en diciembre, con la ciudad traidora acechando.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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