Saltar al contenido
Domingo, 18 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces del Paraná

Voces del Paraná

Portada — Turismo —

Cuando la coliflor no se rinde: una sopa con tropezones que se banca el invierno con público

La versión en trozos prescinde de la licuadora, conserva los ramilletes enteros y deja un caldo con cuerpo que se disfruta cuchara en mano. Pimentón, un pan bien tostado y la vuelta de garbanzos para sumar proteína.

CG
Carla GodoyTurismo · · 3 min de lectura
Cuando la coliflor no se rinde: una sopa con tropezones que se banca el invierno con público

Les soy sincera: las cremas de coliflor me parecen ricas, pero a veces terminan pareciéndose todas entre sí, como si la verdura se hubiera escondido detrás del procesamiento. Por eso, cuando descubrí que se puede cocinar la coliflor en trozos, casi enteros, y dejar que el caldo haga lo suyo, cambié el chip. La diferencia es básica: no se tritura nada. Los ramilletes van al fuego con su forma, la cuchara tiene que trabajar un poco y el plato se siente más comida que puré.

Una cocción corta, sin grandes secretos

La mecánica de la receta es bien directa y no exige utensilios especiales. Se pica la cebolla en cubos y se separan los ramilletes de la coliflor descartando las hojas externas. En una olla con aceite de oliva se lleva la cebolla a fuego medio hasta que transparente, se sala, se pimentea y se suma pimentón dulce, que se tuesta apenas unos segundos antes de que se queme. Ahí entran los ramilletes, se rehogan un par de minutos y se cubre con caldo de verduras, sin tapar la verdura por completo. La cocción a fuego medio ronda los 15 minutos y, en ese rato, los ramilletes absorben todo el sabor del caldo sin deshacerse.

Lo que se obtiene es un plato con cuerpo, sin necesidad de espesantes ni de un chorrito de crema. Además, la coliflor aporta fibra y vitamina C, algo que siempre viene bien en los meses fríos, cuando uno busca guarecerse con algo caliente pero sin caer en platos pesados.

Cómo convertir esta sopa en una comida completa

  • Rebanadas de pan de masa madre tostado con ajo y aceite de oliva: el acompañamiento más simple, y el que mejor soporta el caldo sin desarmarse.
  • Garbanzos con especias: suman proteína vegetal y un contraste crujiente que cambia la textura de la cuchara.
  • Una preparación a base de frutos secos con levadura nutricional, espolvoreada por encima a modo de queso vegetal rallado: el truco para quienes quieren sabor intenso sin sumar lácteos.

El costo de armar esta sopa es bajo: una coliflor mediana, una cebolla, caldo de verduras y las cosas de siempre que ya hay en la alacena suelen alcanzar para cuatro porciones, con un precio que ronda los 1.500 a 2.000 pesos en verdulerías de barrio en la Ciudad de Buenos Aires durante el invierno. La preparación no demanda más de media hora entre picar y servir, y rinde bien para guardar en la heladera un par de días o freezar en porciones individuales.

Si la hacen en casa, mi recomendación es comerla en el centro, en algún bodegón con onda que sirva platos de cuchara. Lugares como El Baqueano, en el barrio de San Telmet, o la cocina de casa de uno mismo con el pan recién tostado, son el escenario perfecto para que la coliflor muestre la cara que normalmente esconde. Y si se animan, cuéntenme qué otros ingredientes o acompañamientos suman cuando preparan sopas con verduras de temporada: siempre se aprende algo nuevo leyendo a otros lectores.

CG
Carla GodoyTurismo

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo