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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuidarse empieza la noche anterior: claves para armar una mañana que no sabotee al cuerpo

Dormir lo suficiente, dejar la ropa lista antes de ir a la cama y sumar fibra y movimiento apenas suena el despertador son algunos de los hábitos que especialistas y organismos internacionales recomiendan para arrancar el día sin exigirle de más al organismo. Una guía práctica, lejos de las recetas mágicas, para que prefieren prevenir antes que lamentar.

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Renata MolinariCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Cuidarse empieza la noche anterior: claves para armar una mañana que no sabotee al cuerpo

A las seis y cuarto de la mañana, cuando todavía está oscuro y la pava empieza a silbar, uno se da cuenta de que la noche anterior fue un desastre: la camisa arrugada en la silla, el desayuno por armar, el celular con seis notificaciones que ya piden respuestas. En esa media hora previa a salir corriendo, el cuerpo se encarga de recordar que algo no cierra. Por eso, las recomendaciones que hoy circulan en guías médicas y nutricionales insisten en algo que parece de sentido común pero que cuesta sostener: una mañana saludable se construye la noche previa, no en los treinta minutos posteriores a que suena la alarma.

Dormir no es un lujo, es un derecho del cuerpo

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos son claros al respecto: para una persona adulta de entre 18 y 60 años, el piso mínimo son siete horas de sueño por noche; entre los 61 y los 64, la franja sugerida se extiende de siete a nueve. No es un capricho ni una moda de revistas: el descanso es un pilar del cuidado cotidiano, junto con la alimentación, la actividad física y el bienestar mental. Si la alarma se adelanta pero la hora de acostarse se mantiene igual, el saldo es siempre en contra del cuerpo.

La nutricionista Serena Pratt, una de las voces que circulan en publicaciones especializadas, suele remarcar un consejo que, traducido a la vida doméstica, significa dejar la ropa preparada, la vianda lista y hasta el desayuno medianamente organizado antes de meterse en la cama. Es una manera de no empezar el día negociando con uno mismo cada minuto. "Preparar la noche anterior puede reducir las exigencias al levantarse y ayudar a preservar el descanso", apuntó la especialista, en una frase que suena a manual de supervivencia más que a consejo médico.

Antes del celular, la respiración

A mí me pasa cada mañana: agarro el teléfono antes que la pava. Y cuando lo hago, ya perdí. Las demandas laborales y los mensajes acumulados pueden resultar abrumadores apenas se abren los ojos, señalan los profesionales consultados. Por eso, la Organización Mundial de la Salud incluye entre sus herramientas cotidianas la de prestar atención a la respiración, hacerla más lenta y volver a conectarse con el entorno, aunque sea por unos pocos minutos. No se trata de meditar como un monje tibetano: se trata de no salir de la cama directo al ring.

  • Reservar entre 5 y 10 minutos de calma antes de revisar el celular.
  • Respirar de manera lenta y consciente, prestando atención al aire que entra y sale.
  • Observar el entorno: la luz que entra por la ventana, los sonidos de la casa, el cuerpo apoyado en la silla.
  • Evitar empezar el día con la cabeza ya puesta en pendientes laborales o mensajes pendientes.

Fibra, movimiento y menos sillón

Después del desayuno, el médico Scott Nass suele recomendar algo tan simple como una caminata corta o una pausa para estirarse. La idea es romper el sedentarismo, un enemigo silencioso de estos tiempos. La OMS es contundente: reemplazar parte del tiempo sentado por movimiento, aunque sea ligero, aporta beneficios concretos. Para los adultos, la recomendación es acumular entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada por semana, o su equivalente en esfuerzo vigoroso. No hace falta concentrarlo todo a las siete de la mañana: se puede repartir a lo largo del día, en bloques de diez o quince minutos.

En la mesa, la fibra es la gran protagonista silenciosa. Avena, frutas con cáscara, semillas como chía o lino, legumbres, verduras y cereales integrales son los aliados de siempre. Pratt explicó que este nutriente ayuda a conservar la barrera intestinal y una microbiota saludable, aunque advirtió: conviene aumentar su consumo de manera progresiva, porque un salto brusco puede terminar con malestar digestivo y una promesa que se abandona a los tres días.

“Un cambio brusco en el consumo de fibra puede generar molestias digestivas; lo ideal es incorporar el nutriente de manera progresiva a lo largo de las comidas.”Serena Pratt, nutricionista

Como lectora y como alguien que pelea con sus propios hábitos, creo que estas recomendaciones hay que leerlas con una cuota de realismo: nadie se levanta convertido en un atleta ni come ensalada de quinoa a la madrugada. Lo que sí se puede es probar de a una cosa por vez, ver qué encaja en la rutina y dejar de lado el resto. La inflamación, que tanto se menciona cuando se habla de prevención, no se resuelve con un batido mágico, sino con decisiones sostenidas en el tiempo: dormir, moverse, comer con un poco más de cabeza y regalarse algunos minutos de calma antes de que el mundo nos demande. Su aplicación debe ajustarse a las posibilidades de cada persona, aclaran los especialistas, y en ningún caso reemplaza la consulta médica. Una verdad de Perogrullo que, a veces, hace falta escuchar otra vez.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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