Después de medio siglo, Los demonios vuelve a la pantalla con la versión que Ken Russell soñó
La película que marcó a fuego el cine de los setenta regresa en 4K, con escenas que la censura se llevó por delante y un montaje que el director británico dejó armado antes de morir. Un estreno que es, en sí mismo, un acto de justicia cinematográfica.

Hay un olor a humedad y a cera derretida que se me quedó pegado a la nariz la primera vez que vi Los demonios, hace ya demasiados años, en un VHS gastado que alguien me prestó en un sobre de plástico amarillo. Era la copia recortada, la que todos conocíamos, la que todavía hoy aparece en algunos canales de cable a las tres de la mañana. Por eso, cuando me enteré de que Warner decidió reestrenar el filme en 4K con el montaje que el propio Ken Russell armó antes de morir, sentí algo parecido a la expectativa: por fin vamos a ver la película que la censura nos robó.
El regreso está previsto para 2026, a 55 años del estreno original, y la movida es parte de los planes de Warner Bros para Clockwork, una división nueva dedicada al cine de autor que no solo va a producir con realizadores independientes sino que también se propone recuperar títulos del catálogo histórico. Los demonios es la elegida para abrir ese recorrido, y la elección no parece casual: estamos hablando de una película que, desde su nacimiento, fue una pelea contra la tijera.
Qué se va a ver (y qué nos habían escondido)
- Una secuencia completa de posesión de las monjas que había quedado fuera del corte oficial y que, hasta hoy, solo podía verse dentro de un documental.
- La escena del derribo del crucifijo de grandes dimensiones, una de las imágenes más citadas por los críticos y los censores por igual.
- Fragmentos de las escenas de orgías que sufrieron recortes en distintos países.
- El montaje integral que Russell fue reconstruyendo a lo largo de los años, supervisado por él mismo antes de su muerte y ahora restaurado en 4K bajo la mirada del crítico Mark Kermode, que participó del proceso.
Russell no se quedó quieto nunca con respecto a esta película. La versión que llegará a las salas es, en buena medida, la que el director británico siempre defendió: la que él consideraba la verdadera. Por eso el reestreno tiene algo de reparación histórica. Como si el cine, de a poco, le fuera devolviendo a una obra lo que la industria y la moral de época le quitaron en los años setenta.
La historia, conviene recordarlo, está inspirada en hechos reales del siglo XVII y se sitúa en una ciudad amurallada de Francia azotada por la peste. Allí, un grupo de religiosas afirma estar poseído por el demonio y mueve hilos para conseguir la ejecución de un sacerdote al que acusan de herejía, aunque lo cierto es que el religioso había acumulado un poder enorme en la ciudad y mantenía relaciones sexuales con varias de ellas. Russell toma ese material y lo convierte en una especie de pesadilla psicodélica con olor a incienso y a sangre, donde conviven el horror religioso, el deseo desatado y una imaginería visual que parece sacada de un cuadro de El Bosco pasado por ácido.
No es de extrañar que la película haya generado el revuelo que generó. United Artists se bajó del proyecto en pleno camino y tuvo que ser Warner Bros la que se hiciera cargo. Más tarde, el Vaticano intervino para pedir que se retiraran ciertas imágenes y los organismos de clasificación de distintos países exigieron cortes. Aun con todos esos tijeretazos, la película terminó con calificación X tanto en Reino Unido como en Estados Unidos, una etiqueta que en los años setenta equivalía, en la práctica, a decir: no la va a ver casi nadie.
Por qué importa este reestreno
El lanzamiento contempla funciones en España, entre otros países, y la idea es que la versión restaurada circule por salas de cine de arte, ese circuito de salas chicas que todavía sostiene la conversación entre el público y las películas difíciles. No es un estreno masivo al estilo blockbuster, sino una operación de rescate: poner en circulación una obra que es parte central de la historia del cine de los setenta y que, por distintas razones, la mayoría del público nunca vio como fue pensada.
Yo, que crecí viendo la copia recortada en aquel VHS amarillo, todavía me acuerdo de la primera vez que escuché esa música demoníaca y de cómo se me erizó la piel. Quiero creer que la versión completa, en pantalla grande y con el sonido que se merece, va a provocar el mismo cortocircuito que provocaba Russell cuando filmaba: esa mezcla de provocación, belleza y escándalo que el cine, cuando se anima, todavía es capaz de regalarnos. Que vuelvan Los demonios, en su mejor forma posible, es una de esas noticias que a uno le reconcilian un poco con la idea de que el cine, a veces, también sabe devolver lo que alguna vez le quitaron.
“El cine, a veces, también sabe devolver lo que alguna vez le quitó.”Renata Molinari
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