Dos años sin Daniel Fanego: el ritual de las tablas y la memoria familiar que su hijo Manu se niega a soltar
A dos años de la muerte del actor, su hijo Manu Fanego abrió su álbum más íntimo en redes, contó la costumbre heredada que repite antes de cada función y recordó la vez que se disfrazó de patriarca para una actuación escolar con ayuda de talco y bigotes postizos. Una nota para entender por qué la ausencia se sigue transformando en escena.

Volvió a salir a escena, se paró en el borde del escenario y, antes de decir la primera frase, golpeó las tablas con el taco. Lo hizo como lo hacía su viejo, lo hace cada vez que se pone un personaje encima y lo va a hacer mientras dure su carrera. Yo lo vi la semana pasada en una sala del centro y te juro que ese golpecito seco contra la madera suena a un saludo que atraviesa los años, a un padre que se hace presente desde abajo, desde el piso que pisa un actor cada noche.
Un homenaje en fotos y un almuerzo con Camila
Manu Fanego eligió la fecha redonda para volver a poner a su padre Daniel en primer plano: se cumplieron dos años de la muerte del actor, ocurrida el 19 de septiembre de 2024, y el hijo publicó en sus redes una serie de fotografías familiares que recorre la vida de los dos. En las imágenes aparece Daniel abrazando a Manu cuando era chico, una postal del propio Manu ya grande con sus hijos, padre e hijo juntos mirando el mar y un retrato tomado poco antes del fallecimiento. La publicación termina con una frase que, si uno la lee en frío, parece sencilla, pero a mí me apretó la garganta: Cada día siento más amor y agradecimiento por haberlo tenido como papá.
En el mismo posteo, Manu contó que ese mediodía iba a almorzar con su hermana Camila para recordar a Daniel, y que a la noche se iba nuevamente al teatro con el ritual aprendido. Esa combinación, la comida de hermanos con el escenario como continuidad, me parece la mejor definición de cómo se lleva adelante un duelo cuando lo que se pierde es, además, un compañero de oficio.
Talco, bigotes postizos y el olor del mastik
Hay una foto del álbum que a mí me gusta especialmente, porque cuenta el origen de todo. Es la de un nene disfrazado para una actuación escolar por el Día de la Bandera. Para esa presentación, Daniel lo ayudó a preparar el personaje, ensayar el texto y resolver la caracterización. Usaron talco para simular canas y se pegaron bigotes postizos con mastik, el adhesivo clásico del maquillaje teatral. Manu recordó, además, el olor penetrante de ese pegamento, una fragancia que para cualquier actor de cierta edad remite directamente a la trastienda y a las horas previas a salir a escena.
Yo me acuerdo perfectamente de ese aroma a mastik entrando por los camarines, mezclado con el polvo de los vestuarios y con el café de la barra. Es de esos olores que te teletransportan a la infancia teatral de cualquiera que haya pisado un escenario, y que en este caso funciona como una pequeña cápsula del tiempo familiar.
El vuelo compartido sobre Pablo Podestá
La imagen más significativa del vínculo artístico entre los dos es, sin embargo, la del año 2012. Padre e hijo fueron parte de El vuelo del Cóndor, una obra dentro del ciclo Teatro por la Identidad, en la que ambos interpretaron distintas etapas de la vida de Pablo Podestá. Tiempo después, en una publicación por el Día del Padre, Manu describió aquel trabajo como una experiencia única, y al repasar el homenaje se entiende por qué: pocas veces en la escena argentina un padre y un hijo se animan a compartir no sólo la profesión sino un mismo personaje, repartido en sus distintas edades.
“Cada día siento más amor y agradecimiento por haberlo tenerlo como papá.”Manu Fanego
Daniel Fanego murió a los 69 años, en su casa y rodeado de familiares y amigos, según contó Manu al comunicar la noticia en aquel momento. Su trayectoria había quedado marcada por títulos enormes del teatro, el cine y la televisión argentinos: El marginal, El reino, Resistiré, Luna de Avellaneda y El Ángel, entre otros. El repaso de esa carrera, que se reaviva cada vez que su hijo golpea las tablas, deja una enseñanza muy concreta para los que hacemos cosas parecidas: los oficios se transmiten en los gestos más chicos, en un taco contra la madera, en un pote de talco y en el olor inconfundible del mastik. Por eso, antes de seguir, te tiro la pregunta que me quedó dando vueltas mientras escribía esto: ¿qué trabajo de Daniel Fanego recordás especialmente, ese que te aparece ni bien ves su nombre escrito en cualquier cartelera?
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