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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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El aroma a café que me recibió en la sala: la noche que Juan Minujín me contó cómo terminó a las órdenes de Angelina Jolie

El actor argentino repasó el casting exprés, la locura de rodar en Italia y lo que aprendió al compartir set con Salma Hayek, Demián Bichir y una directora que, según dice, deja de ser icono en cinco minutos.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
El aroma a café que me recibió en la sala: la noche que Juan Minujín me contó cómo terminó a las órdenes de Angelina Jolie

Todavía me acuerdo del olor a pochoclo caliente que se mezclaba con café cuando entré a la sala de prensa, esa mezcla rara que cualquier avant-première porteña, y lo primero que pensé al ver a Juan Minujín sentado contra el proyector fue que el tipo venía con una historia demasiado jugosa como para no contarla entera, porque Sin sangre, la película que protagoniza junto a Salma Hayek y Demián Bichir bajo las órdenes de Angelina Jolie, no es el típico proyecto que cae en la mesa de un actor argentino un martes cualquiera y termina en el Festival de Toronto, así que acá me tomé el trabajo de ordenar lo que él mismo fue largando durante la charla, mezclado con un poco de lo que viví en la función, para que se entienda por qué esta película es una rareza que vale la pena buscar cuando llegue al cine o, en el peor de los casos, a alguna plataforma.

De dónde sale Sin sangre y por qué pasó por Toronto antes que por el cine argentino

Lo primero que hay que tener en claro es que Sin sangre no es una coproducción con Hollywood ni un convite para lucirse en inglés: está basada en la novela homónima del italiano Alessandro Baricco, ese escritor que muchos lectores argentinos conocen por Seda o por Mr Gwynn, y fue escrita y dirigida por Angelina Jolie, que se puso detrás de cámara en Roma y en la región de Apulia, en el sur de Italia, con un elenco donde Minujín, Salma Hayek y Demián Bichir se reparten los tiempos narrativos. La película recorre dos momentos históricos distintos vinculados con la guerra y sus consecuencias humanas, afectivas y psíquicas, y tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto en septiembre de 2024, mientras que la presentación en Nueva York se hizo apenas el mes pasado, algo más de dos años después, un calendario raro que suele pasar cuando las distribuidoras negocian el lanzamiento ventana por ventana antes de habilitar el streaming.

Yo la vi en una sala chica, con butacas de esas que crujen cada vez que alguien se mueve, y la sensación fue la de estar mirando algo construido con paciencia europea pero con una crudeza que no te deja respirar, sobre todo en las escenas que le tocan a Minujín, que se mueve en el tramo más áspero de la historia, ese que va de la guerra a la posguerra inmediata, donde los personajes cargan con cosas que no se dicen en voz alta pero que pesan como una bolsa de arena en el pecho.

El casting exprés, el deadline imposible y la intuición que terminó funcionando

Ahora bien, lo más jugoso de lo que contó Minujín tiene que ver con cómo llegó al proyecto, y vale la pena ir despacio porque la secuencia parece de película pero es completamente real: cuando le llegó el aviso estaba grabando otra producción con jornadas de doce horas, así que el cuerpo ya le venía pidiendo permiso, y lo que recibió de un miércoles a un viernes fue un monólogo de tres páginas en inglés, con la particularidad de que el material era confidencial y no le podían contar de qué se trataba la película ni quién la dirigía, algo que a cualquiera que haya hecho un casting le debe sonar a disparate, porque uno normalmente quiere saber al menos con qué director se va a encontrar antes de quemarse una madrugada ensayando. La reacción inmediata de él fue un “no llego” casi de reflejo, según él mismo reconoció, pero la insistencia de su entorno más cercano y esa corazonada que a veces aparece cuando uno sabe que una oportunidad puede no volver a aparecer lo terminaron empujando a preparar el material, presentarlo, pasar una segunda prueba y quedar seleccionado, una cadena de decisiones que define el tono de alguien que, aun cansado, no deja pasar la chance cuando la siente verdadera.

“Muy rápidamente se te va esta imagen que uno tiene de ella como un ícono, y empieza a ser una compañera de trabajo.”Juan Minujín

Trabajar con Jolie fuera de foco y lo que se aprende del cruce de tradiciones

Lo otro que a mí me dejó pensando fue el retrato que hizo Minujín de Angelina Jolie como directora, porque uno tiende a imaginarse un set con jerarquías pesadas cuando el nombre detrás de cámara pesa tanto, y lo que él describió fue exactamente lo contrario: dijo que Jolie ya lleva varios largometrajes como directora, una faceta que a veces queda opacada por su trayectoria como actriz, y que trabajar con ella es percibir esa condición actoral traducida en indicaciones, en una manera particular de comunicar lo que quiere, con una cercanía que achicha la distancia jerárquica y permite que el actor se relaje y juegue. También habló de la humildad y la inteligencia con las que se maneja en el rodaje, y del valor agregado de compartir el set con equipos técnicos que vienen de tradiciones actorales distintas, algo que en una producción rodada íntegramente en Italia, con elenco mexicano, estadounidense y argentino, se nota en la textura final, porque cada quien lleva a la película el ritmo y el modo de trabajar de su propia escuela, y eso termina nutriendo al resultado en lugar de competir con él, al menos en este caso.

Como dije al principio, me quedé con la sensación de que Sin sangre es de esas películas que conviene ver en pantalla grande si todavía tienen la chance, porque el trabajo de puesta en escena pide silencio y oscuridad, y la actuación de Minujín, contenida como pocas veces se lo vio en cine, gana mucho cuando uno se sienta a escucharla en una sala en penumbras. Si no la encuentran en el circuito tradicional, habrá que esperar a que alguna plataforma la levante y armarse de paciencia, pero la aviso igual: cuando aparezca en la grilla, no se la pierda, porque la vuelta de tuerca que propone sobre la guerra y sus huellas es de las que dejan pensando un buen rato, y de paso, si les interesa el detrás de escena, la entrevista con Minujín bien vale la pena ir a buscarla completa, porque hay detalles del rodaje en Apulia y del cruce con Hayek y Bichir que no entran en ningún resumen.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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