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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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El cuerpo que mostramos y el cuerpo que padecemos: Holder abrió la puerta y muchos se quedaron del otro lado

El ex Gran Hermano mostró dos fotos suyas, la del verano pasado con 125 kilos y la de este julio en Ibiza con una definición que él mismo tilda de insostenible. Detrás del contraste, un pedido explícito: cuidar la salud mental antes que el espejo.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
El cuerpo que mostramos y el cuerpo que padecemos: Holder abrió la puerta y muchos se quedaron del otro lado

Hay un olor a quemado que se me quedó pegado de la última vez que entré a un gimnasio, esa mezcla rara entre desinfectante fuerte, zapatillas de goma y el aire tibio que sale de las cintas. Cada vez que lo percibo pienso en la cantidad de cuerpos que vi desfilar por ahí: gente que llega con un plan y gente que llega con una herida, que no es lo mismo. La historia de Tomás Holder, el muchacho rosarino que se hizo conocido en Gran Hermano 2022, me hizo volver a esa sensación, porque en los últimos meses él mismo se fotografió dos veces y las dos veces se sacó una foto distinta del mismo cuerpo, como si fueran dos personas que conviven en un mismo espejo.

A mí, que llevo años escribiendo sobre realities, shows y la industria del entretenimiento argentino, lo que más me interesa de un caso así no es el clickbait del antes y el después, sino lo que hay debajo. Y Holder, esta vez, se animó a contarlo. Puso las dos imágenes una al lado de la otra, les puso palabras y, sobre todo, les sacó el bronce.

La foto de mayo que guardó por vergüenza

La primera imagen es de mayo de 2025. Holder había dejado de entrenar siete meses antes, se recluía en su casa, pasaba hasta doce horas por día jugando a la PlayStation y comía a base de ultraprocesados. En esa foto pesa 125 kilos. Es una foto que, según contó él mismo, mantuvo guardada durante meses porque le daba vergüenza mirarla. Sin embargo, decidió sacarla a la luz para acompañar a quien esté pasando por algo parecido. Y acá aparece algo que a mí, como cronista, me parece lo más valioso del posteo: la decisión de mostrar el momento más feo, no el más estético.

En una de sus intervenciones públicas más recientes, Holder recordó esa etapa con una frase seca: "No encontraba rumbo, no encontraba soluciones". Lo dijo casi como si todavía le quemara. Esa es la foto que define un estado emocional tanto como físico: la de alguien que se quedó afuera del mundo unos meses y, cuando volvió a mirarse, no se reconoció.

La foto de Ibiza que tampoco es un triunfo

La segunda imagen es de julio de este año, en una playa de Ibiza. Ahí Holder muestra una definición muscular marcada, abdominales marcados, el clásico físico de verano europeo que llena los comentarios con fueguitos y emojis de mancuerna. Pero otra vez fue él mismo el encargado de bajarle el precio a la postal. Lo dijo sin rodeos: "Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico".

  • Cinco meses de alimentación estrictísima para llegar a ese estado.
  • Culpa cada vez que comía algo fuera del plan, incluso una hamburguesa que antes disfrutaba sin pensar.
  • Una relación enfermiza con la balanza, que pasó de herramienta a verdugo.
  • El "soporte químico" al que alude, que él define como algo no sostenible en el tiempo.
  • La certeza de que esa imagen de Ibiza no es un modelo a imitar, pese a los likes.
“Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico.”Tomás Holder

Hay una frase del Indio Solari que me vuelve cada vez que aparece un tema así, esa que dice que "la belleza es un negocio". Holder parece haberlo aprendido en carne propia. Su planteo es simple y, por eso, potente: ni los 125 kilos de ultraprocesados ni la definición de Ibiza eran un estado de salud real. Lo primero era abandono, lo segundo era un atajo. Y los dos, según su propio relato, lo alejaron de un punto medio.

El pelo, la barba y el resto de la trama

En la misma ronda de confesiones, el rosarino confirmó que a comienzos de marzo se hizo un implante capilar para corregir las entradas que antes disimulaba con el corte de pelo. Negó retoques en el rostro y le achacó los cambios en sus facciones a la dieta y al uso de barba. Es el detalle que muestra cómo, aun en un personaje acostumbrado a la exposición, conviven la decisión de contar y la decisión de poner límites a lo que se cuenta.

Lejos de mí escribir una columna moralista. Lo que rescato, como espectadora y como periodista, es que Holder haya usado su cuenta para algo que va más allá de la foto bonita: pidió, textual, que la gente cuide su salud y, sobre todo, su salud mental. Es un mensaje que suena a lugar común hasta que uno recuerda que lo dijo alguien que pasó de esconderse en su pieza a pasearse por la disco de Ibiza. Las dos caras de esa moneda son las que él quiso mostrar. Y las dos, según insistió, duelen.

Vuelvo al olor del principio. A veces la nota más importante de la jornada no sale de un comunicado de prensa ni de una rueda de conferencia, sino de un pibe de veintipico que se anima a decir que ninguna de sus dos fotos le gusta del todo. Que la de antes le daba vergüenza y la de ahora no le cierra como modelo de nada. Después de tantos titulares con cuerpos perfectos y frases vacías, ese tipo de honestidad es casi un género en extinción. Y, justamente por eso, vale la pena leerla con tiempo.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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