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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El Duque ya no es el mismo: la segunda temporada de The Gentlemen se anima a ir más lejos y más oscuro

Theo James vuelve a ponerse la corona de Eddie Horniman en una entrega que lo saca de Inglaterra, lo cruza con la mafia italiana y lo obliga a entender que acumular poder tiene un precio que no se paga con buenos modales. Recorrido por una temporada que se anima a ser más ambiciosa y más despiadada que la primera.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
El Duque ya no es el mismo: la segunda temporada de The Gentlemen se anima a ir más lejos y más oscuro

Hay un olor a barro y a tierra húmeda que se queda pegado desde el primer cuadro, esa fragencia a campo inglés después de la lluvia que parece salida de una postal y que, sin embargo, acá funciona como una promesa de lo que viene. Esa misma tierra embarrada es la que va a aparecer, capítulo tras capítulo, como un recordatorio de que nadie sale limpio de esta historia. La segunda temporada de The Gentlemen, la serie de Guy Ritchie que Netflix acaba de estrenar, arranca con una imagen que ya quedó instalada en la memoria del público: Eddie Horniman, el Duque de Halstead, arrastrándose malherido por un barrial. Lo que hacen los nuevos episodios es retroceder tres meses y mostrar, paso a paso, cómo se llega hasta ese punto. Y la verdad es que el viaje es mucho más interesante que la foto del final.

De aristócrata accidental a patrón con proyectos propios

A esta altura ya lo sabemos: Eddie Horniman entró al negocio del cannabis casi por equivocación, empujado por la herencia inesperada del título y por los problemas familiares que vinieron con el paquete. La primera temporada lo dejó integrado al imperio de los Glass y cada vez más cerca de Susie Glass, la hija del patriarca Bobby. Pero lo que uno ve en estos ocho episodios nuevos es a otro Eddie, uno que ya no se sienta del lado de los que miran la mesa desde afuera, sino que quiere cambiar la forma de la mesa misma. La serie lo muestra decidido a recuperar tierras alrededor de la finca familiar y a llevar las operaciones más allá de las Islas Británicas, un movimiento que choca de frente con un Bobby Glass que, según cuentan los propios realizadores, está más preocupado por su despertar espiritual que por modernizar el negocio.

Lo que me gustó de esta temporada, y lo digo porque la vi completa antes de sentarme a escribir esto, es que no apela al truco fácil de convertir al protagonista en un villano de un capítulo para el otro. La transformación de Eddie es lenta, está hecha de decisiones chicas que se van acumulando, y por eso resulta creíble. Hay un momento, casi hacia la mitad del recorrido, en el que el personaje empieza a entender que sus modales de aristócrata, esa corrección que lo hacía parecer inofensivo, en el fondo se leen como debilidad. Y a partir de ahí, cada escena es una pequeña lección sobre lo que pasa cuando uno se propone acumular poder sin estar dispuesto a soltar el volante.

Llegan los italianos y el mapa se agranda

Una de las apuestas más fuertes de esta entrega es la incorporación de personajes del crimen europeo, un movimiento que le saca al relato el perfume exclusivamente británico que tenía la primera temporada y le da una vuelta de tuerca. El gran protagonista de ese desembarco es Marco Moretti, un mafioso italiano al que le pone cuerpo y voz Sergio Castellitto, un actor que tiene esa cosa de poder decir muy poco con la mirada y aun así comerse la pantalla. A su lado aparece Cico Maldini, a cargo de Michele Morrone, que funciona como una especie de mano derecha y, al mismo tiempo, como una cuota de imprevisibilidad que la serie necesitaba. La dupla funciona como un recordatorio de que cuando uno cree que ya entendió las reglas del juego, aparece alguien de afuera con reglas distintas.

Con el correr de los capítulos, la presencia italiana se vuelve menos decorativa y más estructural, y eso termina de empujar a Eddie a un lugar incómodo: el del que ya no puede manejar todo con una sonrisa y un apretón de manos. Es justamente en esa zona de incomodidad donde la serie está más interesante, y donde Ritchie parece sentirse más cómodo como narrador.

  • Theo James vuelve como Eddie Horniman, el Duque de Halstead, con un personaje mucho más decidido y menos dubitativo que en la primera entrega.
  • Sergio Castellitto se suma como Marco Moretti, un mafioso italiano que rompe el equilibrio de poder en la saga.
  • Michele Morrone interpreta a Cico Maldini, la mano derecha de Moretti y una de las apuestas más arriesgadas de la temporada.
  • Bobby Glass, el patriarca, queda en un segundo plano más espiritual y menos atento al negocio.
  • La historia retrocede tres meses desde la imagen del Eddie malherido que cerró la primera temporada.

Ritchie firma de nuevo, pero con la mirada puesta en el costo del poder

Hay algo que se dice, no recuerdo si en una entrevista o en una nota sobre el oficio de contar historias, y es que un buen villano es el espejo de un héroe que eligió distinto. Esta temporada de The Gentlemen trabaja exactamente sobre esa idea: Eddie no se convierte en un monstruo de un día para el otro, sino que va perdiendo de a poco las cosas que lo hacían querible. Y Guy Ritchie, que es un director al que a veces se le critica por confiar demasiado en su propio pulso visual, acá encuentra un equilibrio interesante entre lo que mejor sabe hacer, que es el espectáculo con violencia estilizada y humor negro, y una reflexión más reposada sobre las consecuencias de cada decisión.

Como decía el tango, que alguien lo cante si me animo a ponerlo acá, uno termina pagando con la misma moneda con la que un día compró. A Eddie Horniman le llegó el momento de entender eso, y la serie no le hace el favor de ahorrarle el aprendizaje. La pregunta que queda flotando cuando se apaga la pantalla, y que es probablemente la mejor manera de recomendar esta temporada, es bastante simple: hasta dónde puede llegar un hombre antes de que el costo de su propia ambición se vuelva irreversible. La respuesta, claro, es la que uno ya imagina. Pero el camino hasta llegar a esa respuesta es lo que vale la pena recorrer.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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