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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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El mapa del dolor fabril: 66 mil empleos industriales que se borran del país en apenas dos años

Un relevamiento sobre el trabajo registrado muestra que la manufactura perdió el 5,2% de sus puestos entre el primer trimestre de 2024 y el de 2026. Solo tres provincias, atadas al petróleo y a los alimentos, lograron sumar trabajadores. La Rioja se lleva la peor parte con una caída del 15%.

AE
Ana EspíndolaRío, islas y pesca · · 3 min de lectura
El mapa del dolor fabril: 66 mil empleos industriales que se borran del país en apenas dos años

Les tengo que ser franca: arranco esta nota como siempre arranco las notas vinculadas al río, mirando la altura del puerto de Goya, porque desde ahí uno entiende muchas cosas que pasan más adentro del país. Y lo que pasa es que la industria manufacturera argentina, esa que da de comer a millones de familias, cerró el primer trimestre de 2026 con 66.262 empleos registrados menos que en el mismo período de 2024. La contracción equivale al 5,2% del total del sector y, lo que duele todavía más, representa casi la mitad —el 45%— de la pérdida de puestos de trabajo que sufrió la economía entera en ese mismo tramo.

Cuando uno mira el mapa con detenimiento, el derrumbe no fue parejo. De las 24 jurisdicciones del país, solamente tres terminaron del lado positivo: Santa Cruz, que sumó 420 nuevos puestos (+11,8%); Neuquén, que incorporó 1.216 (+9,2%); y Río Negro, que añadió 1.205 (+7,8%). Entre las tres, apenas generaron 2.841 empleos industriales nuevos. En Santa Cruz el crecimiento llegó de la mano de la elaboración de alimentos; en Neuquén empujaron la maquinaria y equipo y los minerales no metálicos; en Río Negro, otra vez los alimentos fueron los que traccionaron.

Adentro del país, todo se cae menos en tres oasis

En el resto de las provincias el saldo fue negativo sin atenuantes. Las caídas más moderadas correspondieron a Formosa (-1,1%), San Juan (-1,2%) y Entre Ríos (-2,6%), tres distritos que, aun con números rojos, al menos no se desangraron. En el extremo opuesto, La Rioja acumuló la mayor pérdida relativa con un 15% menos de puestos, seguida por La Pampa (-12,8%), San Luis (-11,3%) y Misiones (-10,1%). Hablamos de economías regionales que, en muchos casos, dependen casi en exclusiva de unas pocas plantas fabriles: cuando una línea de producción se apaga, el pueblo entero lo siente.

Ahora bien, cuando uno pasa de los porcentajes a los números crudos, el golpe más grande se lo lleva el corazón industrial del país. El Gran Buenos Aires perdió 25.623 empleos industriales en estos dos años, la Ciudad de Buenos Aires otros 8.617 y el resto de la provincia de Buenos Aires, 8.064. Esas tres zonas concentran más del 55% del empleo industrial nacional, de modo que cualquier movimiento porcentual se traduce en cifras absolutas que asustan. Es como aquel dicho del pescador Ribero cuando le preguntabas cuánto había sacado de la red: con la misma marea, el que tira en el medio del río saca siempre más kilos, pero también es el que más pierde cuando el agua baja.

“Que una jurisdicción haya ganado participación no implica necesariamente que hayan crecido sus puestos de trabajo, sino que aumentó su peso relativo dentro del empleo sectorial nacional.”Informe de la consultora Politikon Chaco

Esa aclaración de los analistas de Politikon Chaco sirve para entender una trampa estadística que muchas veces se cuela en las conversaciones de café: una provincia puede perder empleos y, sin embargo, ganar terreno en el total nacional si las demás cayeron más. Es el consuelo frío de quien sigue perdiendo pero a un ritmo menor que el vecino. Y en un país con esta pérdida acumulada, no hay consuelo que alcance.

Lo que viene con la próxima crecida

La pregunta que me hago mientras el río sigue subiendo en Goya es si esta sangría industrial tendrá freno. Los próximos trimestres van a ser clave para ver si las provincias petroleras y alimentarias logran sostener su repunte y si los distritos más golpeados, sobre todo La Rioja, La Pampa, San Luis y Misiones, consiguen al menos estabilizar la caída. El termómetro, como siempre, estará en las plantas fabriles, en los turnos rotativos y en los papelitos con los horarios pegados en la puerta de las fábricas. Cuando un pueblo pierde una línea de producción, no pierde solo puestos: pierde futuro. Y de eso, la mesa familiar argentina sabe hace rato.

AE
Ana EspíndolaRío, islas y pesca

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