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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El nuevo Walkman dorado de Sony: casi seis mil dólares por escuchar música como en 1984, pero con todos los fierros

La marca japonesa presentó el NW-WM1ZM3, un reproductor de alta gama con chasis de cobre y tornillos bañados en oro que ya se preventa en Estados Unidos y promete hasta 35 horas de batería. La pregunta que sobrevuela al lanzamiento es inevitable: ¿estamos frente a un equipo de audio o frente a un objeto de colección para pocos.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
El nuevo Walkman dorado de Sony: casi seis mil dólares por escuchar música como en 1984, pero con todos los fierros

Confieso que cuando llegó a mi mesa la información sobre el nuevo reproductor de Sony lo primero que sentí fue el aroma metálico, frío, de una placa de cobre recién cortada, ese olor a taller de electrónica que me transportó de un saque a la mañana en que mi viejo me regaló un walkman de cassettes y yo, con once años, creí que tenía en la mano el objeto más valioso del universo entero, y ahora resulta que hay un aparato que cuesta casi seis mil dólares y que pretende devolver esa misma magia pero multiplicada por cien, así que me senté a leer con detenimiento todo lo que la marca japonesa comunicó porque acá hay tela para cortar.

El aparato se llama NW-WM1ZM3 y pertenece a la línea Signature de Sony, esa familia de productos que la fábrica japonesa reserva para los oídos que no negocian calidad ni aceptan compromisos, y lo primero que llama la atención, incluso antes de enchufarlo, es el chasis: está construido en cobre libre de oxígeno con una pureza del 99,99 por ciento, una cifra que parece exagerada pero que en el mundo del audio de alta fidelidad tiene su lógica porque el cobre de mayor calidad reduce al mínimo las interferencias en la señal eléctrica y, según los puristas, eso se traduce en un sonido más limpio, más parecido al que el ingeniero de grabación quiso plasmar en la mezcla original.

Detalles que hacen la diferencia

  • Chasis de cobre OFC con pureza del 99,99%, maquinado con precisión milimétrica.
  • Tornillos y puntos de conexión con tratamiento de baja resistencia bañados en oro, pensados para asegurar una puesta a tierra estable.
  • Motor de remasterización DSD propietario de Sony, que convierte señales digitales comunes a un formato de mayor resolución.
  • Pantalla táctil de 5,5 pulgadas para navegar la biblioteca musical y los ajustes.
  • Batería con autonomía declarada de hasta 35 horas de reproducción continua.

Lo del oro me hace acordar a una frase que se le atribuye a un ingeniero de audio, no recuerdo cuál, que decía que en audio de alta fidelidad las decisiones importantes se toman en los primeros milímetros del cable y en los últimos milímetros del conector, y la verdad es que los tornillos bañados en oro de este Walkman entran en esa lógica: el oro es un metal con una conductividad excelente y prácticamente no se oxida, así que asegurar una conexión eléctrica estable durante décadas tiene todo el sentido del mundo, más allá de que el baño dorado le da al aparato una estética que a mí, particularmente, me parece llamativa aunque no sé si elegante, pero bueno, sobre gustos no hay nada escrito.

El precio de preventa es de 5.899 dólares en el mercado estadounidense y la fecha de llegada a las tiendas está prevista para enero de 2027, es decir, dentro de poco más de dos meses, y a esa cifra hay que sumarle después los impuestos de cada país, los gastos de envío si se lo importa y, sobre todo, el costo de los auriculares de verdad para sacarle el jugo, porque un reproductor de esta categoría enchufado a unos auriculares comunes es como poner un motor de Fórmula 1 en un Fiat 600, y eso lo sabe cualquiera que haya gastado alguna vez plata en sonido.

No es la primera vez que Sony incursiona en este segmento de precios casi prohibitivos: en 2022 lanzó el modelo anterior, el NW-WM1ZM2, que en su momento salió a 3.200 dólares y que hoy se consigue en el mercado de segunda mano por alrededor de 1.500 dólares, una cifra que para muchos sigue siendo inalcanzable pero que, comparada con los casi seis mil del nuevo, empieza a sonar como una ganga, y ahí está una de las grandes paradojas de la industria del audio de alta gama: los precios suben, los modelos anteriores bajan, y siempre hay alguien dispuesto a pagar la diferencia por tener lo último.

A mí, que vengo del walkman de cassettes con dos pilas AA y auriculares de espuma, todo esto me suena un poco a ciencia ficción y un poco a ejercicio de nostalgia premium, porque en el fondo uno se pregunta si la diferencia entre este aparato y un buen reproductor portátil de gama media la va a percibir un oído humano promedio o si hace falta ser un audiófilo entrenado para notarla, y la respuesta honesta, sospecho, es que hace falta mucho entrenamiento y mucho dinero previo en auriculares y amplificadores, porque la cadena de audio es tan fuerte como el eslabón más débil, y un reproductor de seis mil dólares con auriculares de a veinte dólares es, como decía mi abuela, tirar manteca al techo.

Pero también es cierto que hay algo profundamente atractivo en la idea de un objeto así, en la posibilidad de tener entre las manos un aparato que fue pensado pieza por pieza para que la música suene lo más cerca posible de como se grabó, y en un mundo donde todo se escucha comprimido, a través de auriculares bluetooth con cancelación de ruido y archivos MP3 que perdieron la mitad de la información, la propuesta de Sony es casi un acto de resistencia, un recordatorio de que hubo un tiempo en que la música se escuchaba con atención, con respeto, y que todavía hay quien está dispuesto a pagar por esa experiencia, aunque para eso tenga que aflojar casi seis mil verdes de una sola vez.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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