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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El parque automotor argentino y la cuenta larga: por qué en 2031 de los autos nafta o diésel

Aunque los vehículos eléctricos e híbridos crecen en las ventas, la renovación del parque es tan lenta que dentro de cinco años la inmensa mayoría de los vehículos que circulen seguirá quemando combustibles líquidos. Un informe sectorial anticipa que el consumo de nafta y diésel subirá casi 15% y que la red de carga todavía quedará muy lejos de la necesaria.

AE
Ana EspíndolaRío, islas y pesca · · 3 min de lectura
El parque automotor argentino y la cuenta larga: por qué en 2031 de los autos nafta o diésel

Hay una foto que se repite cada vez que se discute la movilidad del futuro en Argentina: las concesionarias mostrando los modelos enchufables, los anuncios oficiales celebrando el crecimiento de la electromovilidad y, del otro lado, las calles repletas de autos viejos que siguen pidiendo nafta o gasoil en el surtidor. Esa segunda imagen es la que manda en los números, y va a seguir mandando por bastante tiempo. Un informe sectorial reciente pone blanco sobre negro: en 2031, nueve de cada diez autos que circulen por el país todavía van a depender de combustibles líquidos.

Lo explica con claridad el dato de los patentamientos: en los primeros ocho meses de 2026 los vehículos eléctricos e híbridos representaron el 15,7% de los cero kilómetro vendidos, y la proyección para diciembre los ubica en torno al 16,2% del total. Es un número significativo si se mira solo la punta del iceberg, pero casi irrelevante cuando se lo compara con el universo completo de vehículos en circulación.

Un parque enorme y muy lento para renovarse

Argentina tiene hoy aproximadamente 14,5 millones de vehículos registrados. De ese total, apenas el 0,82% corresponde a modelos electrificados, y los enchufables puros -eléctricos e híbridos con cable- no llegan a las 20.000 unidades. El resto se reparte entre nafta (74,12%), diésel (24,68%) y GNC (0,39%). La explicación de esa brecha no es tecnológica ni económica: es demográfica. Los autos duran muchos años y la rotación del parque es lentísima.

Según las mismas proyecciones, del parque salen apenas unos 90.000 vehículos por año entre bajas registrales, obsolescencia y desguace, lo que representa alrededor del 0,6% del total. A ese ritmo, aun cuando las ventas de eléctricos se dispararan, el impacto sobre el parque total tardaría décadas en hacerse visible. Es como intentar vaciar una pileta de natación con un balde.

Qué se espera para 2031

  • Parque total estimado: 17,2 millones de vehículos, un 17% más que hoy.
  • Vehículos enchufables: pasarían de unas 25.000 unidades a casi 298.000, casi doce veces más.
  • Peso de los enchufables sobre el total: apenas el 1,73%, frente al 0,82% actual.
  • Consumo de combustibles líquidos: subiría de unos 15.000 millones de litros anuales en 2026 a 17.200 millones en 2031, un 14,5% más.
  • Ahorro de nafta por el parque eléctrico proyectado: cerca de 410 millones de litros menos respecto de vehículos equivalentes a combustión, una cifra absorbida por el crecimiento general del parque.

La otra pared: la red de carga

Para quien está pensando en dar el salto a un eléctrico, el segundo obstáculo es tan concreto como el primero: dónde enchufarlo. Argentina dispone hoy de unos 318 puntos de carga públicos o semipúblicos para casi 19.400 vehículos enchufables. Eso da unos 61 autos por cargador, cuando la referencia internacional ronda los 11. Para 2031, con una flota proyectada de 298.000 enchufables, los cálculos del sector indican que harían falta cerca de 29.800 puntos de carga, una cifra muy lejana de cualquier plan de expansión razonable en el corto plazo.

La conclusión del informe es incómoda pero directa: la transición energética del parque automotor argentino no se define en los concesionarios, se define en la calle, y la calle va a seguir oliendo a nafta y gasoil por muchos años más. Los enchufables van a crecer, claro que van a crecer, pero su peso relativo sobre el total será marginal durante toda esta década. Mientras tanto, el consumo de combustibles líquidos seguirá aumentando en términos absolutos y el bolsillo de los conductores seguirá atado al surtidor.

AE
Ana EspíndolaRío, islas y pesca

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