Fito Páez detuvo el show en Mar del Plata para defender a su público: "No son policía, son seguridad"
El músico rosarino frenó su recital en el Polideportivo Islas Malvinas al ver cómo trataban a asistentes que querían bailar. La producción reconoció errores en el operativo y los corrigió sobre la marcha. Crónica de una noche caliente entre la emoción del público y las butacas numeradas.

Lo primero que me llegó fue un rumor cálido, esa mezcla rara que se arma cuando la gente se amontona en la puerta de un estadio una noche de verano: perfume barato, pochoclo, gasas de cerveza derramada sobre el asfalto y un murmullo que va creciendo hasta volverse zumbido. Faltaba poco para que Fito Páez saliera al escenario del Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata y, sin embargo, lo más comentado esa noche terminó siendo otra cosa: el momento exacto en que el músico decidió parar el show, agarrar el micrófono con bronca y defender a su público del propio operativo de seguridad contratado para cuidar la sala.
Un grito desde el escenario que partió la noche
Páez estaba en pleno vuelo cuando algo le llamó la atención. Vio cómo personal de seguridad obligaba a espectadores a quedarse sentados, cuando la lógica de un recital pide todo lo contrario: pararse, saltar, cantar a los gritos, dejarse llevar por la música. Entonces frenó, pidió silencio con la mano y dijo, palabra más palabra menos, lo que estaba pensando en ese instante. Cantó casi como una denuncia: "No son policía, loco, son seguridad. No pueden tocar a la gente". Y agregó, mirando al público con esa mezcla de ternura y fastidio que le conocemos: que nadie se dejara "avasallar" por nadie. La frase cayó como un baldazo de agua fría sobre el estadio entero y, también, como un alivio para muchos de los que estaban sufriendo los cacheos y los "quédese sentado, señor" mientras el resto bailaba en las plateas más caras.
“No son policía, loco, son seguridad. No pueden tocar a la gente.”Fito Páez, desde el escenario del Polideportivo Islas Malvinas
Lo que estaba pasando, según me contaron después desde la propia producción, tenía una explicación más o menos razonable. El estadio tenía localidades numeradas: había gente que había pagado por estar en las primeras filas, cerca del escenario, y gente que había comprado tickets para ubicarse más atrás. Lo que el operativo tenía que hacer, en teoría, era impedir que alguien de las filas de atrás avanzara hacia adelante y se colara en una localidad más cara. Ese era el trabajo. Nada más, y nada menos. El problema fue que, en la práctica, algunos efectivos entendieron que "controlar la localidad" significaba pedirle a la gente que se quedara sentada, sin importar si eran los dueños legítimos del lugar o no.
La producción reconoció los errores y los corrigió sobre la marcha
Desde la producción me confirmaron que, efectivamente, algunos trabajadores habían malinterpretado las indicaciones y terminaron pidiéndole a la gente que no se parara, cuando lo que tenían que hacer era controlar que cada uno se quedara en la fila que le correspondía y listo. La instrucción, me dijeron, se corrigió durante el mismo recital, en el entreacto, mientras Páez aprovechaba para tomar agua y cambiar de guitarra. El operativo siguió funcionando, pero esta vez con una directriz más clara: cada persona podía ponerse de pie, bailar y cantar en la localidad que había comprado, sin que nadie la molestara por eso.
- El espectáculo siguió adelante y Páez completó su show en Mar del Plata sin otros incidentes vinculados a la seguridad.
- Después del recital, la producción recibió mensajes con dos tipos de reclamos: asistentes molestos por la reacción del músico y la interrupción, y otros que pedían que se respetaran las butacas adquiridas y cuestionaban a quienes avanzaban desde filas posteriores.
- Páez volvió a hablar del tema en sus redes sociales, aclaró que el personal cuestionado no había sido contratado por él ni por su equipo, y sostuvo su postura con una frase que lo define: "Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre".
Me quedé dando vueltas alrededor del estadio una vez terminado el show, todavía con el eco del último acorde y el runrún de la gente yéndose a la madrugada. Pensaba en lo difícil que es organizar un recital con miles de personas que pagaron precios distintos por ubicaciones distintas, y en lo finito que es el margen de error cuando uno pone un security de por medio. Pensaba también en la decisión de Páez, que claramente no fue calculada ni estratégica, sino visceral, de tripas: parar todo, exponerse, quedar como el loco de la noche, con tal de que nadie toque a un espectador que solo quería bailar. Tiene razón y no la tiene al mismo tiempo: la seguridad cumple un rol, las localidades numeradas existen por algo, pero nadie, jamás, tiene que ser tratado como sospechoso por querer pararse a cantar una canción.
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