Garbanzos con zamburiñas: el guiso exprés que se cocina con dos latas y queda listo en media hora
Una receta que parte de la alacena, suma cebolla, ajo y tomate, y termina con un aderezo de perejil fresco. Ideal para los días en los que la cocina pide soluciones rápidas sin resignar sabor.

Te lo confieso: hay noches en las que abrir la alacena y armar algo rico en menos de treinta minutos parece una misión imposible. Pero te traigo una receta que me salvó la semana pasada y que, además, me hizo quedar como un cocinero serial. Se trata de un guiso de garbanzos con zamburiñas que se cocina con dos productos en conserva y un puñado de verduras, y queda listo en media hora reloj en mano.
Los ingredientes que tenés que juntar
La gracia de este plato es que parte de lo que ya tenés en la heladera o la alacena. Para cuatro porciones necesitás dos latas de garbanzos ya cocidos, una lata de zamburiñas en salsa de vieira, una cebolla, dos dientes de ajo, un tomate rallado, aceite de oliva, comino, una hoja de laurel, pimentón dulce, un chorrito de vino blanco y agua o caldo. Para el aderezo final, ajo, perejil fresco y un buen chorro de aceite de oliva virgen extra. Nada exótico, nada raro: ingredientes de diario.
- Cortar la cebolla en pluma y rehogarla en aceite de oliva a fuego bajo hasta que esté transparente.
- Sumar el ajo picado y cocinar un minuto más, hasta que largue aroma.
- Agregar el tomate rallado y dejarlo reducir hasta que pierda el agua y tome color.
- Volcar un chorrito de vino blanco y dejar evaporar un par de minutos.
- Condimentar con comino, laurel y pimentón dulce, e incorporar los garbanzos con un poco de agua o caldo.
- Cocinar a fuego medio unos minutos hasta que las legumbres absorban el sabor.
- Sumar las zamburiñas con su salsa, calentar apenas dos minutos y retirar del fuego.
- Terminar con un aderezo de ajo, perejil y aceite de oliva virgen extra bien fresco.
El truco, te lo digo con total honestidad, es no pasarte con las zamburiñas. Como ya vienen cocidas en la lata, con un par de minutos al fuego alcanzan para que se calienten y se mezclen con la salsa. Si te olvidas y las dejás hervir, se ponen gomosas y pierden toda la gracia. Lo mismo con el pimentón: agregalo fuera del fuego directo si podés, porque si se quema amarga el plato entero.
Con qué lo acompaño y dónde comer
En casa lo serví con pan bien crujiente para no dejar ni una gota de salsa en el plato. Si querés un maridaje con onda, andate derecho a un albariño o un blanco gallego con buena acidez: la frescura del vino le viene bárbaro a la cremosidad de los garbanzos y contrasta con el sabor intenso de las zamburiñas. Y si querís probarlo en algún restaurante antes de meterte a la cocina, te recomiendo buscar casas de comida gallega en el centro porteño, donde los guisos de legumbres con mariscos son clásicos. Si andás por el barrio de San Telmo o por las calles cercanas al mercado de San Nicolás, hay varias opciones con menú del día que rondan los quince mil pesos y te sirven un plato así sin avisarte. Ahora te paso la pelota: ¿qué otras recetas te arreglás con una lata y un poco de buena letra?
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