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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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Iván Ramírez deja la peluca en el perchero y se anima a cantar con voz propia

El humorista se metió como concursante en Es mi sueño, el ciclo de Guido Kaczka, y encara un desafío que lo deja sin red: presentarse sin imitar a nadie. En la nota, cuenta cómo lo convocaron, qué hace con el equipo vocal y por qué no piensa soltar a sus 150 personajes.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Iván Ramírez deja la peluca en el perchero y se anima a cantar con voz propia

Lo primero que me pasó al cruzar la puerta del estudio fue escuchar una risa larga, de esas que se te contagian sin permiso, y después, casi en seguida, una voz que no era la de Sandro ni la de Rodrigo ni la de ningún personaje conocido: era la de Iván Ramírez, a secas, afinando con el equipo vocal del programa Es mi sueño. Y ahí, en ese pequeño detalle, se entiende todo lo que vino después. Porque este humorista, al que el público reconoce por sus imitaciones de culto, decidió mostrarse sin la peluca, sin la prótesis, sin el maquillaje, sin la muleta de otro, y cantar con su propia voz. Un salto al vacío para alguien que lleva más de dos décadas fabricando personajes.

La convocatoria lo agarró desprevenido, y él mismo lo cuenta con una mezcla de sorpresa y de vértigo todavía fresco. Lo vinieron a buscar para sumarse al ciclo que conduce Guido Kaczka, y él, automáticamente, pensó que le ofrecerían un bloque de humor, una intervención suelta, algo de lo suyo, de siempre. Pero no. Le ofrecieron ser concursante, cantar, exponerse en su propia piel. Lo primero que se le vino a la cabeza, según me confió, fue una frase tan honesta como incómoda: no sé cantar con mi voz. Y esa frase, en realidad, es el motor de toda esta historia.

Una historia que arrancó a los 14, disfrazado de Lía Crucet

Antes de la televisión, antes de los grandes shows, antes de las pelucas de pelo natural que hoy cuida como oro, hubo un cumpleaños de una amiga y una Lía Crucet casera, cosida por su bisabuela en un living cualquiera. Ramírez tenía 14 años y se puso ese vestido como quien se calza un traje de superhéroe improvisado. Aquella noche le salieron tres contrataciones para otros eventos, y ahí, dice él, empezó a entender que aquel juego de cambiar la voz le podía cambiar la vida. Yo, mientras lo escuchaba, no pude dejar de pensar en esa imagen: un pibe cantando cumbia vestido por la bisabuela y una carrera que se decide en una fiesta de cumpleaños. A veces el destino es así de insistente, y te hace una seña con la peluca desde el fondo del salón.

“Lo primero que pensé es: no sé cantar con mi voz.”Iván Ramírez

El taller de los 150 personajes

  • Piensa cómo razona cada personaje, qué le interesa y cómo se mueve, antes de copiar gestos.
  • Trabaja la voz recién después de tener claro el mundo interior del personaje.
  • Cierra el proceso con vestuario, peluca y maquillaje, que llevan hasta cuatro horas de colocación.
  • El repertorio actual supera los 150 personajes, entre cantantes, deportistas y dibujos animados.

Cuando uno se sienta a conversar con Iván Ramírez, lo que descubre es que detrás del humorista está casi un director de escena. Para preparar una imitación no arranca por la voz ni por la ropa: arranca por la cabeza. Observa cómo piensa la persona, qué la obsesiona, de qué se ríe, cómo camina. Recién después pasa a la voz, después a los gestos, y al final, como una cereza de torta, llega la caracterización. Esa manera de construir, que él describe con una calma meticulosa, explica por qué sus personajes no son un dibujito rápido sino una pequeña criatura con vida propia. Y explica, también, por qué el cuidado vocal que recibe hoy en Es mi sueño es casi una cuestión de supervivencia profesional: él cambia de registro todo el tiempo, y la laringe lo sabe.

Mar del Plata, streaming y un presente con muchas puntas

Este 2026 lo encuentra corriendo de aquí para allá, y uno se imagina que él lo toma con esa energía de los que aprendieron a no parar. Está en Es mi sueño, donde ensaya con el equipo de entrenamiento vocal del concurso. Está en Viralizados, el grupo que reúne a varios creadores de contenido con los que viene laburando hace tiempo. Estrenó Iván y vienen, un ciclo de streaming donde despliega su mundo sin la presión de la televisión tradicional. Y, mientras tanto, le llegó una propuesta para llevar un unipersonal a Mar del Plata, esa ciudad bendita para cualquier artista que quiera probar un espectáculo de cerca, a cara de público, sin red. A todo eso le suma shows en eventos, donde sigue siendo el Iván de las imitaciones que el público quiere ver. Yo le pregunté cómo hace para sostener tanto, y la respuesta fue casi una definición de su manera de entender el oficio: mientras haya algo para mostrar, hay que mostrarlo.

Y entonces aparece la pregunta del millón, la que cualquier fan se hace en la mesa, con el café a medio servir: ¿cantar con su voz significa que deja las imitaciones? La respuesta, dicho por él con ese tono conciliador que se gasta cuando quiere que nadie se enoje, es que no, ni por casualidad. Las imitaciones son su casa, su primera casa, la del cumpleaños de los 14 con el vestido de Lía Crucet. Cantar con su voz en Es mi sueño es, en todo caso, abrir una habitación nueva en esa misma casa. A veces pienso que de eso se trata, en definitiva, un poco la carrera de cualquier artista: ir agregando habitaciones sin tener que demoler las anteriores. Ramírez, mientras tanto, sigue afinando, sigue probando, sigue mostrándose. Y el público, del otro lado, sigue aplaudiendo.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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