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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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La generación que no puede dormir, no puede aprender y nadie la escucha a tiempo

Chicos y chicas llegan a escuelas, consultorios y guardias con síntomas que se multiplican, mientras la atención especializada en salud mental infantil sigue siendo escasa y fragmentada. Un sistema que no alcanza para contener lo que se está rompiendo.

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Pablo CettourDeportes · · 3 min de lectura
La generación que no puede dormir, no puede aprender y nadie la escucha a tiempo

A esta altura, ya nadie puede mirar para otro lado. En los consultorios, en las guardias y en las aulas se repite una postal que nadie quiere ver: pibes y pibas que no duermen, que dejaron de comer o comen como si el mundo se terminara, que se aíslan, que se lastiman los brazos o directamente dicen que no quieren seguir viviendo. Y acá lo escribo con la crudeza que merece: detrás de cada uno de esos chicos hay una historia que, en muchísimos casos, tardó años en encontrar a alguien dispuesto a escucharla.

La violencia como punto de partida

La violencia no es un detalle del cuadro: es el cuadro. UNICEF viene diciendo hace rato que 1 de cada 8 chicas y mujeres sufrió una violación o una agresión sexual antes de los 18 años; entre los varones, la cuenta llega a 1 de cada 11. Buena parte de esas historias se quedan en silencio porque nunca apareció un interlocutor, y las marcas que dejan pueden acompañar a esa persona durante toda la vida. A eso se suman los maltratos de todos los días, la negligencia y las humillaciones, que casi nunca terminan en un expediente.

Las pantallas fueron la frutilla del postre. Los pibes quedan expuestos a contenido sexual no deseado, a apuestas y a material que empuja hacia conductas de riesgo. Dato de UNICEF que duele: 1 de cada 4 adolescentes argentinos apostó plata al menos una vez. El uso intensivo de pantallas no es un capricho generacional: en muchos casos funciona como refugio para soledades que no tienen otro lugar adonde ir.

Aprender se vuelve una utopía cuando el cuerpo está en alerta

Los resultados de las pruebas PISA 2025 terminan de cerrar el círculo: casi 8 de cada 10 estudiantes argentinos de 15 años no llegaron al nivel básico en Matemática, y alrededor de 6 de cada 10 tampoco lo hicieron en Lectura ni en Ciencias. Aprender exige atención, confianza y tolerancia a la frustración, tres cosas que se agotan rápido cuando toda la energía psíquica está puesta en sobrevivir al hambre, a la violencia o al abandono.

Cuando la familia llega y choca contra el sistema

  • Servicios saturados, con profesionales especializados que no alcanzan para cubrir la demanda.
  • Tiempos de espera que convierten una señal temprana en una urgencia consumada.
  • Atención fragmentada: la escuela recibe la conducta, el hospital recibe el síntoma, la justicia recibe la infracción.
  • El chico o la chica queda en el medio, perdido como persona dentro de un circuito de informes e intervenciones que no se hablan entre sí.

Lo que uno ve como ciudadano común es descorazonador: el Estado llega tarde, llega dividido y, cuando llega, no siempre encuentra al profesional indicado. Hay equipos que pelean con presupuestos que dan vergüenza, profesionales que queman las pestañas por vocación y pibes que siguen cayendo en los agujeros que deja el sistema. Mientras tanto, en las escuelas se multiplican las derivaciones que no tienen destino, en las guardias se acumulan las internaciones que se podrían haber evitado y en las casas hay familias que no saben a quién llamar.

“Atender la salud mental infantil no es un gasto: es la diferencia entre un pibe que termina la escuela y un pibe que termina en la guardia.”Pablo Cettour, Deportes
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Pablo CettourDeportes

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