Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces del Paraná

Voces del Paraná

Portada — Vida —

La intimidad que se mudó de cuarto: cómo los adolescentes dejaron de vivir sin público

Las paredes neutras, las camas prolijas y las luces de video reconfiguraron la habitación juvenil. Lo que se ganó en estética se perdió en espontaneidad, según los especialistas consultados.

AE
Ana EspíndolaRío, islas y pesca · · 3 min de lectura
La intimidad que se mudó de cuarto: cómo los adolescentes dejaron de vivir sin público

A mí me toca mirarlo desde otro ángulo, pero la pregunta que dejó flotando este informe me resonó igual: ¿cuándo fue que el cuarto del adolescente dejó de ser un taller de chapuzas personales para empezar a parecerse a un set? Hace dos décadas, abrir esa puerta era meterse en un universo propio, con pósteres sostenidos con cinta, ropa apilada sobre la silla, libros en el piso y, si había suerte, un diario íntimo bien escondido entre el colchón y la tabla. El desorden no era un descuido: era una señal de que ese territorio pertenecía a alguien que lo usaba para crecer, equivocarse y armarse por dentro.

De refugio a escaparate

Ese escenario se reconfiguró de manera silenciosa, casi sin que nos diéramos cuenta. Los cuartos que hoy circulan por redes sociales rara vez muestran singularidades o capas de objetos personales. En su lugar aparecen paredes de tonos neutros, camas prolijamente tendidas y tiras de luces que ofician de reflectores improvisados. La personalidad no desapareció, pero se corrió del plano físico y se mudó al plano digital. Como me decía Daniela, profesora de secundaria de cuarenta y tantos años y madre de dos: "Entro al cuarto de mi hija y es todo tan impecable que parece un catálogo. No hay nada fuera de lugar, pero tampoco hay nada que cuente quién es ella". Daniela es un nombre de pila, como aclaro siempre que la cito, porque la nota no sería honesta si escondiera de dónde sale el testimonio.

“La habitación dejó de ser un laboratorio donde probar quién sos para convertirse en un decorado armado para una audiencia que puede o no estar mirando.”Sithara Ranasinghe, escritora
  • Paredes en tonos neutros que reemplazan la acumulación de pósteres y recortes
  • Camas prolijamente tendidas pensadas para el encuadre de la cámara
  • Tiras de luces LED que funcionan como reflectores de grabación
  • Reducción de objetos personales visibles, desde diarios hasta ropa fuera del placard
  • Una estética estandarizada que prioriza lo publicable sobre lo vivido

Lo más significativo de todo esto, y lo que a mí como cronista me parece que merece subrayado, es que la cámara no necesita estar encendida para que el efecto actúe. La sola conciencia de que cualquier rincón puede ser filmado y comentado en cualquier momento modifica la conducta de manera silenciosa: inhibe la espontaneidad, desalienta el desorden y empuja hacia una estandarización que antes no existía. Como lo describió hace décadas el sociólogo Erving Goffman, con esa distinción que sigue vigente entre el frente de escena, donde uno sostiene una imagen ante los demás, y el espacio privado donde se descansa del personaje, la habitación adolescente cumplía históricamente esa segunda función. La puerta cerrada era un pacto tácito de suspensión del juicio ajeno. Hoy ese pacto se rompió, y la frontera entre escenario e intimidad se disuelve bajo la mirada de una audiencia desconocida.

La adolescencia siempre fue un umbral incierto, un período de transición donde el error forma parte del aprendizaje y donde el desorden del cuarto, bien mirado, era una forma de ejercitarse sin público. La pregunta que dejan estos cuartos despojados es hasta dónde ese margen de imperfección sigue existiendo cuando el espacio íntimo se convirtió en un set permanente. Lo que se viene, y esto lo digo como una proyección basada en lo que ya se observa, es una profundización de esa estética: más estándares visuales, menos rastros de identidad en las paredes y una presión creciente por habitar el propio cuarto como si fuera un estudio. La próxima crecida, si me permiten cerrar así, no la va a traer el río: la va a traer la pantalla.

AE
Ana EspíndolaRío, islas y pesca

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo