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La palabra que se escapa: por qué pasa, cómo se busca y cuándo hay que prestar atención

La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas detalla por qué a veces uno tiene el concepto en la cabeza y el término no sale, qué recursos sirven para encontrarlo y en qué momento conviene consultar.

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Pablo CettourDeportes · · 2 min de lectura
La palabra que se escapa: por qué pasa, cómo se busca y cuándo hay que prestar atención

A todos nos pasó. Tenemos la idea clarísima en la cabeza, pero el nombre justo se esconde como si le debiera plata. La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas se dedica justamente a entender por qué ocurre eso y, sobre todo, cuándo deja de ser una simple distracción para convertirse en algo que merece atención.

Recursos simples para cazar la palabra

Antes de entrar en pánico, hay trucos que pueden servir. Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica, propone algunas pistas para acercarse al término cuando no aparece: buscar un sinónimo, describir lo que uno quiere nombrar, pensar en la letra inicial, en la utilidad o en las características del objeto.

Para mantener la agilidad mental, la especialista sugiere conversar sobre temas que interesen y contar las cosas con palabras propias. Son ejercicios que obligan a recuperar conocimientos, ordenar ideas y sostener la atención. Y un consejo básico: bajar el volumen de las distracciones para no perder el hilo de la conversación.

“Acceder a una palabra requiere activar primero su significado y después recuperar los sonidos que permiten pronunciarla. En el fenómeno conocido como punta de la lengua, ese segundo acceso puede demorarse o interrumpirse por un momento.”Camila Sánchez Salinas, neuropsicóloga

Una pausa ocasional no es lo mismo que un problema

La clave, según Sánchez Salinas, está en distinguir entre un episodio aislado y una dificultad que se repite. Hay señales concretas para consultar: que encontrar palabras se vuelva un problema frecuente, que aparezcan confusiones al nombrar objetos de todos los días o que cueste seguir el hilo de una charla. También suman los cambios notorios en el habla, tanto si los nota la propia persona como si los advierten los que están alrededor.

Una evaluación clínica y neuropsicológica puede ayudar a entender qué está pasando y orientar un diagnóstico. El criterio es observar si las dificultades representan un cambio respecto de cómo se comunicaba la persona antes y si ya interfieren en la vida cotidiana.

  • Buscar un sinónimo o describir aquello que se quiere nombrar.
  • Pensar en la letra inicial, la utilidad o las características del objeto.
  • Conversar sobre temas de interés y contar las cosas con palabras propias.
  • Disminuir las distracciones para concentrarse y sostener el hilo.
  • Consultar si la dificultad es frecuente, genera confusiones o cambia el habla habitual.

Eso de tener la palabra en la punta de la lengua le puede pasar a cualquiera, sobre todo con cansancio, distracción o presión. Con los años se hace más común, aunque eso no significa que la palabra se haya perdido: a veces aparece unos minutos después, justo cuando uno deja de buscarla con desesperación.

El envejecimiento tampoco pasa la aplanadora sobre todas las capacidades del lenguaje por igual. La especialista aclara que puede llevar más tiempo recuperar ciertos términos, mientras que la comprensión cotidiana suele mantenerse intacta. Un dato clave para no asustarse antes de tiempo.

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