La pantalla le ganó al ring: Street Fighter salió a pelear y se llevó la taquilla, aunque no convenció a todos
Con un arranque mundial de 51 millones de dólares, la adaptación de la saga de Capcom divide aguas: los fans la celebran y la crítica la pasa al costado. La cuenta pendiente, ahora, es ver si los números cierran.

Arrancamos por un ruido, como siempre que uno entra a una sala de cine un fin de semana de estreno: el runrún de pochoclos, murmullos bajos, alguna risa nerviosa. Pero esta vez, sentado en la butaca con la expectativa del cronista que va a ver a sus personajes de la infancia cobrar volumen, lo que predominó fue ese zumbido particular que solo se escucha cuando una pantalla gigante empieza a rodar y el aire se llena de una energía que no sabés bien si es nostalgia o simplemente adrenalina. Eso sentí el otro día, cuando fui a ver el debut en pantalla grande de Street Fighter, y eso, multiplicado por miles de salas en el mundo, fue lo que empujó a la película hasta lo más alto de la taquilla global en su primer fin de semana.
Un número que abre expectativas y un presupuesto que las condiciona
La cifra es concreta y merece ser destacada: 51,1 millones de dólares recaudados a nivel mundial entre el mercado norteamericano y la cartelera internacional, según los reportes de la industria. Es un arranque sólido para cualquier filme de gran formato, y más todavía para una adaptación de un videojuego de peleas que arrastra décadas de fandom. Claro que la vara con la que se mide ese éxito está dada por el presupuesto declarado de 82 millones de dólares, sin contar promoción ni distribución. Con esa referencia sobre la mesa, las próximas semanas serán las que digan si el balance final cierra para Paramount, Legendary y Capcom, o si el barco queda a mitad de camino entre la fanaticada y los números rojos. La comparación que más resuena es con la saga rival: este debut mundial supera los 23,3 millones de dólares que consiguió Mortal Kombat en su estreno norteamericano en 2021, aunque queda por debajo de los 63 millones que alcanzó la secuela de esa misma franquicia en su apertura global. Tenerlo en la cabeza ayuda a dimensionar dónde queda parado el estreno de esta nueva Street Fighter dentro del género.
Elenco, dirección y una recepción que partió en dos
Detrás de cámara se puso Kitao Sakurai, un director con experiencia en formatos cortos y un pulso visual que en esta propuesta queda claramente orientado a la espectacularidad de cada combate. Del lado del elenco, Andrew Koji se calza el guante de Ryu, Noah Centineo se anima con Ken, Callina Liang encarna a Chun-Li, David Dastmalchian le pone el cuerpo a M. Bison y Jason Momoa se despacha como Blanka, un papel que, por lo que uno escucha en la salida de la sala, parece haber sido el que más dio que hablar entre los presentes. La película llegó dividida en dos veredictos que casi nunca coinciden en estos casos: el público fanático la celebra por sus coreografías, por cómo están resueltos los efectos visuales y por un ritmo que entiende lo que el espectador de la saga quiere ver cuando paga una entrada; la crítica especializada, en cambio, la bajó a la lona con calificaciones que promedian alrededor del 43 por ciento de aprobación, señalando sobre todo flaqueos en el guion y en el desarrollo de los personajes por fuera de las escenas de lucha. Es la grieta clásica de las adaptaciones de videojuegos, y esta vez no fue la excepción.
- 51,1 millones de dólares de recaudación global en el primer fin de semana.
- Presupuesto de producción declarado de 82 millones de dólares, sin contar promoción ni distribución.
- Andrew Koji como Ryu, Noah Centineo como Ken, Callina Liang como Chun-Li, David Dastmalchian como M. Bison y Jason Momoa como Blanka.
- Aprobación crítica estimada en torno al 43 por ciento.
- Comparación clave: supera la apertura norteamericana de Mortal Kombat (2021), pero queda por debajo del debut global de su secuela, que alcanzó 63 millones de dólares.
Cierro esta nota como la abrí, en primera persona, porque creo que vale la pena ser honesto: uno va a ver estas películas con la mochila cargada de tardes frente al joystick, de rounds infinitos con amigos, de combos memorizados de memoria. Esa mochila condiciona la mirada, y por eso celebro que el filme haya entendido algo básico, que las peleas tienen que sentirse como peleas y no como un pretexto para otra cosa. Lo que no termina de cuajar, a mi entender y al de buena parte de la prensa que la puntuó bajo, es todo lo que rodea a esas peleas: el arco de los personajes, las motivaciones, el humor. Hay una escena en particular, que no voy a spoilear acá pero que varios espectadores comentan a la salida, donde Momoa parece decidido a robarse la función con una interpretación que mezcla lo físico y lo desopilante, y ese tipo de decisiones son las que le dan a la película su pulso más genuino.
“Lo que queda mirando hacia adelante es una pregunta simple y económica: ¿alcanza? Si la curva de la taquilla se sostiene en los próximos fines de semana, la puerta queda abierta para una secuela y para que Capcom siga licuando su universo en la pantalla grande; si la caída es pronunciada, la franquicia tendrá que repensarse, como tantas otras antes que ella. Mientras tanto, los fans de toda la vida ya tienen su veredicto en las redes, y los críticos, el suyo en sus reseñas. Como siempre, el tiempo y la caja registradora serán los que terminen de bajar el pulgar o de levantarlo.”Renata Molinari, Cultura y espectáculos
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