Saltar al contenido
Martes, 20 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces del Paraná

Voces del Paraná

La película de Batman que nunca se filmó: la memoria de Manganiello como mapa de un sueño roto de Affleck

Las memorias de Joe Manganiello, recién publicadas, destapan por primera vez la arquitectura de la película que Ben Affleck quería escribir, dirigir y protagonizar. Muerte del comisionado Gordon, Batgirl renovada y una pelea final calcada del videojuego Arkham Origins: todo lo que el guion imaginó y la pantalla nunca mostró.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
La película de Batman que nunca se filmó: la memoria de Manganiello como mapa de un sueño roto de Affleck

A veces uno abre un libro y lo primero que recibe no es una palabra, sino un olor: el olor a tinta nueva, a confesión largamente guardada, a esa mezcla de polvo de papel y expectativa que tienen las librerías cuando cae la tarde. Eso me pasó con Bloodlines: A Memoir, el libro de Joe Manganiello que llegó a las estanterías norteamericanas hace apenas unas semanas y que, entre sus páginas, esconde un pequeño tesoro para los fans del cine de superhéroes: el argumento entero, casi escena por escena, de la película de Batman que Ben Affleck soñó escribir, dirigir y protagonizar dentro del universo extendido de DC, y que el destino (y los Estudios Warner, conviene no olvidarlo) terminaron mandando directo al cajón de los proyectos malditos.

Yo siempre digo que las historias más fascinantes del cine son las que no se filmaron, porque en ellas vive la posibilidad pura, sin el peso del resultado. Esta es una de esas, y viene con la firma de uno de los actores que estaba llamado a ser la némesis absoluta del Caballero Oscuro: Manganiello, que iba a ponerse en la piel de Slade Wilson, más conocido como Deathstroke. Pero vayamos por partes, porque el asunto lo amerita, y el lector merece que se lo cuente con tiempo, sin apuro, como se cuentan las cosas que vale la pena recordar.

La premisa que Affleck tenía en la cabeza

Según lo que el propio Manganiello confiesa en su memorias, Affleck imaginó la película como una suerte de versión superheroica de The Game, aquel thriller psicológico de 1997 dirigido por David Fincher en el que Michael Douglas terminaba siendo a la vez cazador y cazado por encargo. La trasposición era atractiva: Deathstroke, consumido por una venganza personal, estaba convencido de que Batman había asesinado a su hijo. Esa certeza, más visceral que cualquier dato probado, era el motor que empujaba al mercenario a perseguir a Bruce Wayne hasta sus últimos rincones.

La cacería, claro, no se quedaba en lo simbólico: tenía escenarios, tenía huelias de pisadas y tenía sangre. Manganiello describe que la persecusión llevaba a Slade a irrumpir en la mismísima Baticueva, a tomar como rehén al eterno Alfred Pennyworth, y a segar la vida del comisionado Jim Gordon. Sí, leyó bien: el guion contemplaba la muerte de Gordon, uno de los personajes más antiguos y entrañables del bativerso, en manos del villano que Affleck había soñado traer a la pantalla grande. A mí, cuando leí ese pasaje, me vino a la memoria un verso que cantaba Litto Nebbia, aquel que dice más o menos que la vida es una suma de lo que hicimos y de lo que nos quedó en el tintero. A ese Batman de Affleck le quedó absolutamente todo en el tintero.

Batgirl, el tren elevado y el guiño al videojuego

Pero la crueldad narrativa del guion no terminaba en Gordon. Affleck también había previsto la irrupción de una Batgirl renovada, una versión distinta a las que el cine o la televisión habían mostrado hasta entonces. Esa nueva Batgirl se sumaba al Caballero Oscuro para enfrentar a Deathstroke en un enfrentamiento que dejaba a ambos héroes al borde de la muerte. El escape, siempre according a lo que Manganiello cuenta, se producía en un tren elevado, a toda máquina, con las vías del Gotham nocturno como último recurso. Una imagen potente, casi de historieta dibujada por Jock o por Sean Murphy, que uno no puede menos que imaginar con fascinación y con una cuota de pena.

Y faltaba el cierre, el plato fuerte. El clímax, siempre según la palabra de Manganiello, iba a ser un mano a mano entre Batman y Deathstroke por las calles mismas de Gotham. Afleck le confirmó al actor que esa secuencia tomaría como referencia directa una cinemática muy puntual: la escena de apertura de Batman: Arkham Origins, el videojuego que WB Games Montreal publicó en 2013 y que, detalle que muchos olvidan, tuvo a Tim Miller (el futuro director de Deadpool) detrás de la cámara en esa secuencia inicial. Pensar que Miller iba a terminar siendo una influencia estética, un fantasma director, de una Batman que nunca se hizo, tiene algo de ironía cinematográfica, ¿no le parece?

El final del sueño, y lo que vino después

El proyecto se canceló. No hubo rodaje, no hubo screenings, no hubo ni siquiera aquel preproducción ampuloso del que suelen jactarse los estudios antes de admitir la derrota. Y el personaje de Deathstroke se reencaminó hacia otros horizontes: en 2022 llegó a los cines The Batman, con Robert Pattinson como protagonista y Matt Reeves en la dirección, una película formalmente extraordinaria que le dio al mito un barniz nuevo, más detectivesco y más oscuro, pero que en ningún caso es la película que Affleck había soñado.

Las escenas que la pantalla se quedó debiendo

  • La irrupción de Deathstroke en la Baticueva, con Alfred como rehén y la sombra del comisionado Gordon cayendo.
  • La aparición de la nueva Batgirl junto a un Batman ya devastado, en una alianza al borde del aliento.
  • El escape en tren elevado, con los dos héroes asomándose al vacío mientras la ciudad sigue su rutina ajena a todo.
  • El mano a mano final por las calles de Gotham, con Deathstroke sacado de la cinemática de Arkham Origins. A esa pelea la pienso cada vez que prendo la consola.

Ahora bien, yo le tiro la pelota al lector, porque estas cosas se piensan mejor en compañía. De todas las escenas que Manganiello describe en Bloodlines, ¿cuál le hubiera gustado ver realizada? Yo, si me permite la confesión, me quedo con dos: la pelea en Gotham que homenajeaba a Arkham Origins, porque soy un apostador serial de las secuencias de acción que se sienten como un videojuego, y el momento en que el tren elevado se traga a Batman y a Batgirl con el ruido de la ciudad abajo. Pero cada uno tiene su escena perdida, su película fantasma, y esa es justamente la magia de los proyectos que nunca se filmaron: nos dejan elegir qué hubiera pasado en la sala oscura, ese instante de silencio reverencial en el que el público se olvida de comer pochoclo y se entrega a creer.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo