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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La tarea, el humor y el resto: cómo se escapa el estrés de la escuela y se mete en la casa

La psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, advierte que la presión por los exámenes y las obligaciones escolares no se queda en el aula: llega a la mesa, al sueño y al carácter. Y marca una pista clave: a veces, quien más necesita ayuda es el que menos la pide.

PC
Pablo CettourDeportes · · 2 min de lectura
La tarea, el humor y el resto: cómo se escapa el estrés de la escuela y se mete en la casa

A ver, vamos a ser honestos: nadie manda a un chico a la escuela pensando que el problema más grande del día va a ser la división con resto. Pero ahí está, escondido entre la mochila y la merienda, el estrés. El que viaja en subte. El que no avisa y se presenta en casa con olor a gritos y cara larga. La psicóloga Susan Albers, de la Cleveland Clinic, lo pone en palabras simples: la presión por las tareas y las calificaciones no se queda en el aula, se muda al living.

Según Albers, la exigencia del colegio puede filtrarse en cambios de humor, dificultades de conducta y hasta síntomas físicos. A las tareas y a las expectativas se suman las comparaciones en redes y los mensajes que mantienen al estudiante enchufado a las demandas escolares las 24 horas. Un combo que, como mínimo, arruina la sobremesa.

Los adultos como espejo (y como problema)

Acá viene el punto que más duele: el acompañamiento empieza por los grandes. La manera en que reaccionan quienes rodean al estudiante marca el termómetro. La especialista sugiere hacer una pausa antes de responder, mostrar que se puede pedir ayuda y, si quien cuida también está estresado, demostrar cómo trabaja sobre esa dificultad. O sea: no se puede pedir calma con cara de juez de línea.

Albers también destaca el valor de otros adultos de confianza, fuera de la familia inmediata, que puedan contener al joven cuando las obligaciones lo sobrepasan. Una red, en el sentido más literal de la palabra.

Qué hacer cuando la pila se agota

  • Revisar qué requiere resolución inmediata, qué admite espera y qué se puede delegar o directamente sacar del menú.
  • Partir la obligación prioritaria en acciones más chicas: lo que parecía imposible se vuelve manejable.
  • Sumar actividades artísticas o meditación como reemplazo del scroll infinito en redes, que prolonga la sensación de estar bajo evaluación.
  • Cuidar el descanso y los vínculos presenciales, dos clásicos que el celular nunca va a reemplazar.
“Una exigencia puntual puede estimular, pero cuando la respuesta de estrés es demasiado frecuente o prolongada, el organismo tiene menos chances de recuperarse. Además, la preocupación intensa ocupa recursos de la memoria de trabajo, que es la que se usa para manejar información en el momento, y eso dificulta recuperar lo aprendido.”Susan Albers, psicóloga de Cleveland Clinic

El mensaje final es bastante directo: explicarles a los chicos por qué cuidar el bienestar también es cuidar el rendimiento. No es un premio consuelo. Es matemática pura: a cabeza descansada, tarea mejor hecha. Y del otro lado, a cabeza agotada, ni el mejor cuaderno Gloria zafa. La que viene, prometo traerla más liviana.

PC
Pablo CettourDeportes

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