Medicamentos para la obesidad: cómo actúan y por qué el seguimiento médico es clave
Una especialista del Hospital de Clínicas de la UBA explicó de qué manera la semaglutida y la tirzepatida intervienen sobre el hambre y la saciedad, y por qué su uso debe combinarse con alimentación, ejercicio y controles profesionales.

Te cuento de qué se trata esto que tanta gente me pregunta. Los medicamentos para bajar de peso que están dando que hablar, la semaglutida y la tirzepatida, no son varitas mágicas: son herramientas que trabajan sobre señales que el intestino ya produce de forma natural y que se conectan con el cerebro, el estómago y el páncreas. Así me lo explicó Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA, en una charla que me dejó varias cosas claras y que vale la pena compartir.
Qué hacen estas drogas en el cuerpo
La semaglutida actúa sobre un receptor específico, mientras que la tirzepatida interviene en dos vías complementarias. Las dos terminan influyendo en tres puntos sensibles: la regulación del apetito, la sensación de saciedad y el control de la diabetes. Por eso tantas personas que las usan cuentan que se llenan antes, que se olvidan de picar entre horas o que directamente pierden el antojo.
“Son frecuentes los relatos de hambre intensa, dificultad para sentirse satisfecho y consumo de alimentos entre comidas. Eso forma parte de una enfermedad multifactorial y no se explica solo por la voluntad individual.”Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA
Por qué no alcanza con la pastilla
Lo que más me interesa remarcar es que estos medicamentos vienen con un manual de instrucciones que no es opcional. La dosis se va subiendo de a poco, en un proceso que los médicos llaman titulación, y se ajusta según cómo responda cada paciente. El descenso de peso no puede ir a cualquier velocidad: hay que cuidar la masa muscular, no solo la balanza. Y ojo con algo que pocos comentan: cuando uno deja la medicación, el cuerpo puede activar mecanismos para recuperar lo perdido. Por eso el tratamiento se sostiene mientras el profesional lo indique y siempre acompañado de una estrategia integral.
- Alimentación guiada por un nutricionista, con foco en proteínas para proteger el músculo.
- Actividad física que combine fuerza y ejercicio cardiovascular, adaptada a cada persona.
- Descño e hidratación adecuados, que influyen más de lo que parece en el apetito.
- Apoyo profesional continuo y control del entorno familiar y laboral, porque los hábitos no se cambian en el vacío.
- Controles médicos periódicos para ajustar dosis, evaluar efectos y medir composición corporal.
Yo soy de las que piensa que hablar de obesidad con seriedad es un acto de justicia: dejar de tratarla como un capricho y entender que es una enfermedad que merece tratamientos completos. Si te quedó dando vueltas el tema y querés charlarlo en buena compañía, arrancá por un buen almuerzo en una casa de comida de barrio, bien abundante, con sobremesa larga y sin culpa. A veces, empezar por ahí también es cuidarse.
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