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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Oracle acerca la inteligencia artificial al datacenter propio para destrabar sectores sensibles

La compañía presentó una infraestructura que instala su base de datos con IA en las instalaciones del cliente y la opera de forma remota, una fórmula pensada para bancos, hospitales y organismos públicos que no pueden mandar su información a la nube pública.

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Nahuel SosaTecnología y ciencia · · 4 min de lectura
Oracle acerca la inteligencia artificial al datacenter propio para destrabar sectores sensibles

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa lejana para convertirse en una urgencia competitiva, pero buena parte de las empresas argentinas y de la región tropieza con la misma pared: sus datos más valiosos no pueden salir de su propio edificio. Para ese atascamiento, Oracle acaba de anunciar Base Database Cloud@Customer, una modalidad que lleva su base de datos con capacidades de IA directamente al datacenter del cliente y la administra a distancia, como si fuera un electrodoméstico conectado: el aparato está en tu casa, pero el service lo maneja el fabricante por una suscripción.

En criollo, el esquema funciona así: el hardware y la información sensible se quedan físicamente dentro de la empresa o en una red privada, mientras Oracle se ocupa del mantenimiento, las actualizaciones y la operación desde sus centros de soporte. El cliente paga por uso, como si contratara un servicio de luz o gas: consume lo que necesita y abona en función de esa demanda, sin comprar equipos de más ni montar un área entera para cuidarlos.

Cómo funciona, paso a paso

  • El cliente contrata el servicio y Oracle envía al datacenter propio una appliance, un equipo preconfigurado de fábrica con Oracle AI Database ya cargado, que se enchufa a la red interna como un servidor más.
  • Los datos nunca abandonan las instalaciones: las consultas y los procesos de IA se ejecutan contra la información que ya reside en la base local, sincopias hacia la nube pública.
  • Un equipo de Oracle monitorea y actualiza el sistema en forma remota, igual que cuando el proveedor de internet ajusta parámetros desde su central sin tocar el módem del usuario.
  • El cliente paga una suscripción variable según el consumo de cómputo, lo que permite escalar o reducir el gasto a medida que cambian los proyectos de IA.

La movida apunta a un nicho muy concreto: bancos, aseguradoras, hospitales, fábricas y dependencias del Estado, donde la residencia de datos no es un capricho sino una obligación legal. En esos entornos, mandar información a servidores externos puede chocar con regulaciones como la Ley de Protección de Datos Personales, normas del Banco Central, requisitos del Ministerio de Salud o políticas internas de ciberseguridad. Tener la IA al lado de los datos, sin enviarlos afuera, es la forma de zanjar esa discusión de un plumazo.

La oferta se ubica en el rango medio de la compañía: está pensada para cargas de trabajo que necesitan ejecutar Oracle AI Database cerca de la información sensible, que buscan pagar por uso en lugar de hacer grandes inversiones iniciales, y que valoran que un tercero se encargue de la operación diaria. Para los despliegues más grandes, con volúmenes de datos masivos o necesidades de cómputo extremo, Oracle sigue ofreciendo Exadata Cloud@Customer, su opción de mayor porte.

El anuncio llega en un momento de expansión fuerte para la división de nube de Oracle. En el último trimestre, los ingresos por infraestructura cloud crecieron 121 por ciento interanual y llegaron a 7.400 millones de dólares, traccionados en gran parte por contratos con proveedores de modelos de lenguaje, esos sistemas de inteligencia artificial que necesitan granjas enormes de procesadores para entrenar y servir respuestas. En el mismo período, la compañía incorporó 850 megavatios de capacidad de centros de datos, una cifra que da cuenta del hambre de cómputo que atraviesa la industria.

Qué falta para que la IA llegue a todas las empresas

Aunque la propuesta de Oracle destraba uno de los principales frenos regulatorios, todavía quedan varias cuentas pendientes antes de que la inteligencia artificial se masifique en sectores sensibles. Falta que los marcos regulatorios locales se actualicen para definir con claridad qué se puede hacer con datos dentro de la propia empresa y qué controles deben existir. Falta talento técnico que pueda hacerse cargo de proyectos de IA sin depender exclusivamente del proveedor. Y falta que los costos bajen lo suficiente como para que la suscripción por consumo deje de ser prohibitiva para medianas empresas y organismos con presupuestos ajustados. Por ahora, la tecnología ya está: lo que sigue es discutir reglas, capacidades y precios para que la promesa se traduzca en resultados concretos en la mesa de un banco, en la guardia de un hospital o en un ministerio.

NS
Nahuel SosaTecnología y ciencia

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