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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Raccoon City otra vez: Zach Cregger revive Resident Evil con la lógica del videojuego en la pantalla grande

Un recorrido oscuro, con criaturas mutadas y municiones escasas, devuelve al cine una saga que arrancó en mil novecientos noventa y seis.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Raccoon City otra vez: Zach Cregger revive Resident Evil con la lógica del videojuego en la pantalla grande

A veces el cine arranca con un sonido y se queda flotando: el eco húmedo de una alcantarilla, el clic metálico de una pistola que se carga en la oscuridad, ese zumbido de tensión que se siente más en la panza que en los oídos. Eso me pasó cuando me senté a ver la nueva película de Resident Evil que llega a las salas argentinas. Es una producción dirigida por Zach Cregger que vuelve a poner a Raccoon City en el centro de la escena, esa ciudad maldita donde Umbrella Corporation sembró el desastre biológico que desató todo. Pero esta vez no es Leon ni Claire ni Chris: el protagonista se llama Bryan y la historia es completamente original, una trama independiente que no adapta ningún juego puntual pero que toma de la franquicia de Capcom sus climas, sus reglas y sus monstruos.

Lo primero que uno nota es que la película respira como un videojuego. Bryan camina por escenarios que cualquier fan reconoce al toque: las calles desoladas de Raccoon City, una alcantarilla que parece recién salida de Resident Evil 2, una granja apartada y un hospital donde la luz falla cada vez más seguido. En esos lugares, el personaje se cruza con accesos bloqueados, cerraduras tramposas y pasillos angostos que condicionan el avance. Son los recursos clásicos de la saga, esos puzzles ambientales que en los juegos te obligaban a buscar una llave en otra habitación para volver sobre tus pasos.

Armas, municiones y la economía del miedo

Otro punto central es el manejo de las armas. Bryan consigue una pistola, una escopeta y un rifle de asalto a lo largo del periplo, pero tenerlas no significa zafar. En la famosa escena de la granja tiene que salir a buscar cartuchos para poder usar la escopeta, y esa búsqueda es tan tensa como cualquier enfrentamiento directo. Esa dinámica de escasez es la misma que tienen los juegos originales, donde cada bala era un tesoro y disparar a lo loco era la peor decisión posible. La iluminación también cumple un rol protagónico: el personaje lleva una linterna para moverse por la nieve, por las cloacas y por los pasillos oscuros del hospital, igual que Leon o Jill en sus aventuras gráficas, sabiendo que la luz lo puede salvar o delatar.

Por eso me gusta cómo Cregger entiende el ADN del material. La película no imita al videojuego plano: traduce su gramática al cine, con cortes, encuadres y una cámara que se pone a la altura de los ojos de Bryan cuando una criatura aparece.

Criaturas para desmayarse

Pero además de las criaturas, la película recupera a Umbrella con dos rostros muy concretos: Paul Walter Hauser y Zach Cherry interpretan a científicos de la farmacéutica que intentan frenar el brote que ellos mismos desataron. Es un juego de culpa corporativa que ya estaba en los juegos pero que acá toma peso dramático propio, casi como si el personaje de Hauser, con esa cara de empleado arrepentido, llevara en la mirada todo el peso de la corporación.

Para los que no jugaron nunca, vale la pena aclarar de dónde viene todo esto. La saga arrancó en mil novecientos noventa y seis con Chris Redfield y Jill Valentine atrapados en una mansión llena de zombis. Un año después llegó la segunda entrega, con Claire Redfield y Leon S. Kennedy, y la historia se mudó a Raccoon City, que es exactamente donde vuelve esta película. Son esos ecos los que Cregger rescata sin nostalgias baratas, poniéndolos al servicio de una historia nueva que puede mirar tanto el aficionado de siempre como el público que se acerca por primera vez.

Salí del cine con la sensación de que estaba volviendo a jugar, pero desde la butaca. Y eso, para una saga que lleva casi tres décadas, no es poca cosa.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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