Remar la Setúbal: tres formas de meterse en el gran espejo de agua que bordea Santa Fe
Desde Arroyo Leyes, una empresa familiar propone salidas cortas, travesías de día entero por el Delta Superior y un lago artificial ideal para animarse por primera vez. Hay briefing de seguridad, fauna a full y una bondiola isleña que corta el viaje justo a la mitad.

Les cuento una buena para los que estamos buscando una escapada cerca y distinta: a minutos de la ciudad de Santa Fe, sobre la laguna Setúbal, se puede subir a un kayak y pasarla de lujo sin necesidad de ser un experto. Yo no lo conocía y me quedé enganchada cuando averigüé de qué se trata. La idea la lleva adelante Setúbal Kayak's, una empresa familiar que conduce Carlos David Busaniche junto a los suyos desde Arroyo Leyes, con tres formatos distintos para que cada uno encuentre el que le cabe en el cuerpo y en el ánimo.
Un espejo de agua con historia propia
Antes de meterse al agua vale la pena entender dónde uno se está metiendo. La Setúbal tiene 32 kilómetros cuadrados de superficie y se extiende desde los arroyos Aguiar y Leyes hasta el Canal de Acceso del puerto santafesino. Integra el Sistema Paraná, recibe agua de riachuelos que bajan desde Brasil y ese tono rojizo tan característico se lo presta el Bermejo. La salinidad, en tanto, viene de los arroyos Saladillo Dulce y Saladillo Amargo. El resultado es un cuerpo de agua con nutrientes y biodiversidad propios, distinto de cualquier otro tramo del litoral argentino.
Tres salidas, tres mundos
- Salidas cortas: se hacen cerca de la costa urbana, con vistas al puente colgante y a la ciudad de Santa Fe de fondo. Perfectas para una mañana o una tarde.
- Travesía larga por el Delta Superior: arranca temprano y termina al atardecer, recorriendo los cientos de cauces menores, zanjones con corriente fuerte y pasadizos entre islas con playas de piedra y arena. En el medio, el equipo prepara una bondiola isleña desmechada para reponer fuerzas.
- Lago artificial: formado por el refulado de tierra en barrios aledaños, con aguas totalmente tranquilas. Es el espacio indicado para chicos y para cualquiera que se esté animando por primera vez. La empresa también alquila el predio con acceso directo a los esteros.
Antes de cada salida los guías explican las características del recorrido, las medidas de seguridad y el equipamiento obligatorio. En tierra, advierten sobre víboras y fauna silvestre en los senderos. Ya en el agua, los avisos apuntan a las corrientes más intensas que aparecen al ingresar a los ríos internos, y a los camalotes que a veces bloquean arroyos menores y obligan a rodear o caminar por barrancas barrosas. Conviene ir escuchando, porque esos detalles son los que después evitan un susto.
La fauna como premio inesperado
Lo que más me llamó la atención es que la fauna es parte del atractivo en cualquiera de los recorridos. Flamencos rosados, garzas, espátulas, chajás, patos y gallinetas son habituales a orillas del agua. El carpincho, que había quedado casi desaparecido tras la bajante extraordinaria de la pandemia, vuelve a verse cada vez más seguido en la zona. En los campos de las islas pastan caballos y vacas de puesteros locales, y las alfombras de irupé en flor son otro detalle que distingue la temporada. Yo digo siempre que estos paisajes son los que después uno se lleva en la cabeza.
La recomendación para la travesía larga es ir en grupos con buena condición física, porque son varias horas de remo con cambios de ritmo. Para los que vamos más por el relax o vamos con chicos, el lago artificial y la salida corta son la puerta de entrada ideal. Y un dato práctico: la combinación de briefing de seguridad, almuerzo isleño y contacto directo con la familia que maneja el emprendimiento hace que la experiencia se sienta cuidada de punta a punta. A la vuelta, si el hambre aprieta, en la zona de Arroyo Leyes hay comedores de pescadores donde probar pacú y surubí recién sacados del agua, una buena forma de cerrar el día después de remar.
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