Robos de sesiones de IA: cómo los atacantes entran a cuentas sin necesidad de contraseñas
Un informe de SOCRadar advierte que 482 empresas quedaron con credenciales expuestas a través de programas maliciosos que roban cookies y tokens. El riesgo incluye el historial de conversaciones y el uso no autorizado de servicios pagos. Especialistas recomiendan acortar la vida útil de las sesiones y revisar los accesos corporativos.

Proteger una cuenta de inteligencia artificial no termina en colocar una contraseña robusta. Un informe de SOCRadar detectó que 482 empresas tienen credenciales corporativas circulando en mercados clandestinos a raíz de ataques que aprovechan sesiones ya abiertas para entrar sin volver a tipear la clave. El problema no es nuevo, pero se amplifica a medida que más empleados incorporan herramientas de IA a su trabajo diario.
Qué encontraron los investigadores
Qué encontraron los investigadores
Qué encontraron los investigadores
Durante un período de 90 días, SOCRadar identificó 5.434 registros vinculados a 1.500 direcciones de correo corporativo. Los datos incluyen cookies y tokens, que son como pases temporales que los navegadores y aplicaciones guardan para que el usuario no tenga que iniciar sesión cada vez. Cuando un atacante se hace de esos pases, el servicio lo reconoce como alguien ya verificado y le abre la puerta sin pedir la autenticación de dos pasos.
Cómo funciona el ataque
El mecanismo empieza con programas maliciosos conocidos como infostealers, que se instalan en computadoras con Windows o Mac y extraen en silencio esos identificadores. Es similar a alguien que encuentra la tarjeta de acceso que dejaste olvidada en un bar: el guardia ve la tarjeta, la pasa por el lector y te deja pasar sin pedirte el DNI. Una vez dentro, el atacante puede leer el historial de conversaciones, que a menudo contiene código, borradores de contratos o datos de clientes, y hasta disparar consultas contra servicios pagos en nombre de la víctima.
Qué medidas recomiendan los especialistas
- Centralizar los ingresos mediante un sistema de inicio de sesión único corporativo, que funciona como una única puerta de entrada vigilada para todas las aplicaciones.
- Acortar la duración de las sesiones para que un pase robado pierda validez rápido.
- Renovar con frecuencia los identificadores y forzar el cierre de sesiones viejas cuando un empleado cambia de dispositivo.
- Limitar y rotar las claves API, que son como llaves especiales que conectan aplicaciones con los servicios de IA.
- Revisar accesos desde lugares o horarios inusuales, ya que un ingreso a las tres de la mañana desde otro país suele ser una señal de alerta.
- Tratar el caso como un incidente del dispositivo y no solo como un cambio de contraseña, porque mientras la sesión robada siga activa, la nueva clave no sirve de mucho.
La investigación también advierte sobre el efecto dominó: una sesión comprometida en una plataforma de automatización como Zapier puede extenderse a correo electrónico, almacenamiento en la nube y otros servicios vinculados. Para las empresas, el primer paso es auditar qué cuentas de IA se usan dentro de la organización, incluso las que no están aprobadas oficialmente, ya que suelen ser las más expuestas.
Qué falta para que el problema deje de crecer
Las herramientas de IA todavía no ofrecen controles estandarizados para revisar y revocar sesiones activas desde un panel central, como ocurre con redes sociales o correos corporativos. Tampoco es habitual que los proveedores exijan un segundo factor de autenticación para acciones sensibles dentro de una sesión ya abierta. Hasta que esas funciones lleguen a todos los servicios, la carga recae en los equipos de seguridad de cada empresa, que deben tratar cada credencial filtrada como si la llave de la oficina estuviera circulando por internet y actuar en consecuencia.
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