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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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Salarios que crecen y consumo que no arranca: el bolsillo argentino sigue en modo espera

La inflación de agosto perforó el piso, los sueldos acumulan cinco meses de mejora real y, sin embargo, los argentinos siguen guardando pesos en dólares y postergando gastos. Un fenómeno que mezcla desconfianza, ahorro preventivo y un sistema financiero todavía con el freno de mano puesto.

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Ana EspíndolaRío, islas y pesca · · 3 min de lectura
Salarios que crecen y consumo que no arranca: el bolsillo argentino sigue en modo espera

Vine a ver cómo están los números de la economía y la verdad es que el cuadro parece un tango medio raro: mientras la inflación de agosto se acomodó en 1,7% mensual, el dato más bajo en mucho tiempo, los salarios vienen encadenando cinco meses seguidos de suba por encima de los precios. O sea, en el papel, al trabajador le debería estar sobrando un mango a fin de mes. Pero cuando uno mira la calle, el changuito del supermercado sigue flaco, la salida a comer se sigue postergando y la gente, antes de gastar, prefiere pasarse por la cueva o el home banking a comprar dólares. Esa es la paradoja que me dejó leyendo varios informes esta semana: la plata está, pero no circula.

El economista Fernando Marull lo dijo con una claridad que me pareció útil para entender lo que está pasando: "Los salarios ya acumulan cinco meses de recuperación real, en un contexto de descenso de la inflación. Pero se nota mucha cautela y ese rebote no está yendo al consumo". Y cuando los argentinos no consumen, el motor de la economía se resiente, porque la mitad del Producto Interno Bruto sale justamente del consumo de las familias.

¿Y la plata extra dónde se va? A comprar verdes

La respuesta corta es: a comprar dólares. Solo en julio, el público se llevó casi 3.000 millones de la moneda estadounidense para guardar bajo el colchón, en la caja de ahorro o en el plazo fijo en verde. Ese volumen significó un salto de casi 50% respecto de los meses anteriores. De esos tres mil millones, un tercio quedó en los bancos, otro tercio directamente salió del sistema financiero y el resto se usó para pagar tarjetas en moneda extranjera, una costumbre cada vez más extendida entre quienes quieren congelar el precio de la deuda.

El razonamiento de la gente de a pie es simple, y vale la pena contarlo: cada peso que se transforma en dólar es un peso que deja de comprar un electrodoméstico, una cena afuera o unas vacaciones. Es decir, el ahorro en moneda dura funciona como un freno de mano directo sobre el consumo interno. No es un capricho, es un comportamiento defensivo que nació en años de inflación desbocada y que, aunque los números oficiales mejoren, todavía manda.

El crédito también se hace el rogado

Para colmo, los bancos no están acompañando. Las entidades financieras arrastran niveles altos de morosidad que dejaron los meses de mayor tensión y, como les quemó esa experiencia, ahora se muestran más reacias a prestar. El financiamiento al consumo sigue cayendo, lo que le saca otra herramienta de la mano a las familias que, aun queriendo, no pueden financiar una compra en cuotas accesibles. Se espera que las tasas de interés bajen en los próximos meses, pero la cautela del sistema bancario demora esa recuperación.

  • Precios: estables o con subas moderadas en los próximos meses.
  • Salarios: podrían seguir ganando algo de terreno contra la inflación.
  • Consumo masivo: seguirá tibio hasta que baje la incertidumbre.
  • Crédito: todavía en retracción, con bancos selectivos.
  • Dólar ahorro: sigue siendo el refugio preferido por las familias.

El panorama para lo que resta del año no es de derrumbe ni de fiesta. Los sectores vinculados a las exportaciones, como energía, agro y minería, crecen con fuerza gracias a la buena temporada y a los precios internacionales. Pero la industria y la construcción acumulan caídas: en julio ambos sectores retrocedieron 5%, lo que muestra que el alivio en los sueldos todavía no se derrama sobre el resto de la economía. Para el bolsillo de a pie, el escenario más probable es el de seguir cuidándose: precios que se mueven poco, salarios que ganan algo, pero consumo que va a tardar en levantar mientras la incertidumbre siga empujando al ahorro en dólares. La pregunta del millón sigue siendo la misma: ¿cuándo se animan los argentinos a gastar cuando sienten que sus sueldos mejoran? Por ahora, parece, la respuesta es: cuando el verde deje de parecer más seguro que el peso.

AE
Ana EspíndolaRío, islas y pesca

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