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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Un estudio sostiene que recordar los sueños no es cuestión de suerte sino de cómo se duerme

Una investigación de la revista Communications Psychology siguió durante quince días a más de doscientos adultos sanos y encontró que la edad, la divagación mental y la arquitectura del sueño influyen en la capacidad de retener lo soñado al despertar.

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Ivana SchneiderPolítica provincial · · 2 min de lectura
Un estudio sostiene que recordar los sueños no es cuestión de suerte sino de cómo se duerme

Algunas personas se levantan con escenas nítidas de lo que soñaron; otras apenas conservan una sensación difusa o directamente no recuerdan nada. Durante años, esa diferencia se atribuyó al azar. Un estudio reciente publicado en la revista Communications Psychology sostiene lo contrario: hay factores concretos y medibles que determinan si al abrir los ojos queda algo de lo que pasó durante la noche.

Cómo se hizo el trabajo

La investigación siguió durante quince días a 217 adultos sanos de entre 18 y 70 años. Cada mañana, los participantes registraban si recordaban haber soñado y con qué nivel de detalle. En paralelo, el equipo recopiló datos demográficos, psicológicos y de sueño mediante dispositivos de monitoreo y pruebas específicas. El objetivo era separar lo que depende de la persona de lo que depende de cada noche en particular.

Conviene recordar que la frontera entre haber soñado y recordar lo soñado es clave para entender el trabajo. Los investigadores distinguieron dos experiencias distintas: una es recuperar el contenido concreto (escenas, acciones, emociones) y otra es el llamado sueño blanco, es decir, despertar con la certeza de que algo ocurrió durante la noche, pero sin poder reconstruir ningún detalle. Esa segunda experiencia fue más frecuente en ciertos grupos y permitió confirmar que soñar y recordar lo soñado no son lo mismo.

Qué predice la frecuencia de los recuerdos

  • Una actitud más atenta hacia los propios sueños y una mayor tendencia a la divagación mental elevan la frecuencia con la que se recuerda lo soñado al despertar.
  • La edad aparece como factor relevante: cambia la facilidad para retener el contenido onírico al abrir los ojos.
  • La llamada vulnerabilidad a la interferencia, es decir, la facilidad con que el recuerdo del sueño es desplazado por estímulos como la luz, el ruido o el pensamiento consciente, juega un papel decisivo en el momento del despertar.
  • La estructura del sueño también pesa: los episodios de descanso más largos, con menor proporción de sueño profundo (la etapa N3) y mayor presencia de fases más livianas, se asocian a más recuerdos al despertar.
  • El monitoreo nocturno mostró que las etapas de sueño más superficial ofrecen condiciones más favorables para que la experiencia nocturna quede disponible a la memoria.

El hallazgo central es que la diferencia entre quien se despierta con un sueño vivo en la cabeza y quien no retiene nada no responde al capricho de la memoria. Responde a una combinación de rasgos individuales (la atención prestada a los sueños y la tendencia a la divagación mental), de factores biológicos (la edad) y de la arquitectura del descanso. La pregunta incómoda para la medicina del sueño es cuánto de esa combinación puede modificarse y cuánto depende de cada arquitectura cerebral imposible de cambiar.

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Ivana SchneiderPolítica provincial

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