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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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Una cruzada de 18 inversores lleva a Hernán Casciari a los Tribunales y sacude al micromecenazgo audiovisual

Lo que arrancó como una plataforma de sueños colectivos terminó en una denuncia penal por siete producciones y retornos que, en la mayoría de los casos, no alcanzan ni el tres por ciento de lo invertido. Entre estrellas de Hollywood, una cuenta bancaria en Uruguay y un estreno sin subtítulos, los denunciantes reconstruyen, en primera persona, una historia de fe, plata y silencios.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Una cruzada de 18 inversores lleva a Hernán Casciari a los Tribunales y sacude al micromecenazgo audiovisual

A las diez y cuarto de la mañana, cuando uno cruza la puerta de los tribunales porteños y le pega en la cara ese tufo a café recalentado y a papel viejos, le cuesta pensar que detrás de esas paredes alguien esté dirimiendo algo tan delicado como la confianza rota entre un escritor famoso y un puñado de fans que le confiaron sus ahorros. Pero eso, justamente, es lo que terminó pasando esta semana: dieciocho personas, hartas de pedir explicaciones por carta y por mensaje y de recibir a cambio respuestas tibias o directamente el vacío, decidieron plantarse en Comodoro Py y radicar una denuncia penal contra Hernán Casciari y su empresa Orsai Audiovisuales, una denuncia que, créanme, no es un rayo en cielo sereno sino la culminación de un de paciencia que se fue agotando al ritmo de películas que no se veían, de bonos que no rendían y de promesas que se evaporaban como el agua en la sartén caliente.

De qué se habla, concretamente, en el escrito que ingresó a la Justicia porteña

El abogado Ariel Gil Ces fue el encargado de llevar el al Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional número 34, que prontamente lo giró a la Fiscalía número 16, donde ahora se deberá resolver si hay mérito para investigar o si el expediente se archiva. Lo que está sobre la mesa es, ni más ni menos, el funcionamiento de un sistema de micromecenazgo que Casciari levantó como bandera desde su perfil mediático y que prometía, en criollo, democratizar el cine: la gente ponía plata, los proyectos se hacían y, si funcionaban, los inversores cobraban una parte de las ganancias. Hasta acá, la letra escrita del contrato. La práctica, según cuentan los denunciantes que accedieron a declarar, fue bastante más áspera que la promesa inicial.

El universo que se puso bajo la lupa judicial está compuesto por siete proyectos audiovisuales que, en total, reunieron alrededor de 23.640 participaciones entre 2020 y 2024, una cifra que a primera vista suena enorme pero que, como me explicó uno de los denunciantes con cara de cansado de explicar lo obvio, no equivale a personas únicas porque muchísima gente compró bonos en más de una producción, empujada justamente por la ilusión de que el primer tropiezo iba a ser la excepción y no, como terminó siendo, la regla. Los montos individuales que cada uno puso van de los 50 a los 3.000 dólares, lo que habla de un público que era, antes que nada, fan del autor de Open 24, de Parque Lezama, de esa voz que durante años sonó como una ventana abierta al mundo desde un pueblo de la provincia de Buenos Aires.

Los siete proyectos, uno por uno, según lo que declararon los denunciantes

  • Sola en el Paraíso: documental sobre la actriz Justina Bustos durante la pandemia, lanzado en 2020 con 938 participaciones. María Alecia Izturriaga, que metió un bono de 50 dólares, contó que la obra terminó publicada gratis en YouTube sin previo aviso a los que la habían financiado. Encima de que no se promocionó ni se supo más nunca qué pasó con eso, dijo con una mezcla de bronca y resignación que todavía le corta la frase en la garganta, la suben gratis sin avisar.
  • La Uruguaya: basada en la novela de Pedro Mairal, juntó unas 1.967 participaciones y habría movido unos 600.000 dólares. Fue vendida a Disney por el mismo valor que costó producirla, con lo cual el capital quedó a flote pero no dejó un mango de rentabilidad. Un detalle no menor, que en la denuncia aparece como una perlita de colección: para la recaudación se usó la cuenta bancaria personal del futbolista uruguayo Sebastián Fernández, en el Banco Santander de Uruguay.
  • Canelones: 5.495 participaciones desde 2021. Arrancó anunciada como miniserie de seis capítulos, después se convirtió en una de cuatro y terminó mutando en película, todo sin rendiciones económicas separadas por etapa. Marcelo Vaccarili, que puso 1.200 dólares, declaró que cuando los actores elegidos fueron nombres tan pesados como Barassi, Rada, Llinás y Bordón no tuve dudas del éxito de la serie. El estreno en cines está anunciado para el 6 de agosto de 2026, fecha que los denunciantes miran con el ceño fruncido porque, argumentan, cada vez que se mueve el calendario también se mueve la posibilidad de cobrar.
  • La Muerte de un Comediante: la ópera prima de Diego Peretti, con 10.139 participaciones y una recaudación que supera los 1.800.000 dólares. Es, por lejos, el proyecto con más reclamos. Sebastián Angelini, que invirtió 2.900 dólares, contó que su sueño era abrir un negocio con lo que esperaba ganar, una frase que a mí, como lectora y como crónica, me partió al medio porque en esa ilusión está condensada la confianza que se rompió. Durante el estreno del 20 de noviembre de 2025, la película se proyectó sin subtítulos en varias salas y con muy poca difusión, dos factores que los denunciantes enumeran como una muestra más de que, a la hora de cuidar al inversor, las decisiones se tomaban sin tenerlo en cuenta.

Quien les escribe, Renata Molinari, cubre el cruce entre cultura y espectáculo desde hace ya bastante tiempo y confieso que me resulta muy difícil mirar este caso como un simple litigio comercial, porque en el aire todavía queda flotando el eco de aquella Orsai que en 2010 parecía una barricada cultural, un blog con zapatilla y mate donde un escritor de provincia le hablaba de tú a Hollywood y le ganó un partido que parecía imposible, y esa épica es la misma que muchos de estos dieciocho denunciantes compraron cuando metieron la plata, animados no sólo por la perspectiva de un rendimiento económico sino, sobre todo, por la de participar de una aventura colectiva que los hacía sentirse parte de algo. Esa sensación, que no la puedo cuantificar en dólares pero que vale muchísimo, es la que hoy, según me dejaron entrever en las últimas horas, está herida, y por eso este expediente no es sólo un papel con fojas y sellos sino una biografía de la decepción contada en primera persona, en presente, con la voz todavía firme de gente que se plantó en Tribunales para que, al menos, quede claro que nadie les regaló nada y que, tampoco, están dispuestos a dejar que les sigan sacando.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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