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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una lengua de nieve barrió el filo del Chapelco y dos esquiadores se salvaron por muy poco

El desprendimiento ocurrió en un sector fuera de pista, a casi mil novecientos ochenta metros de altura, y las imágenes casuales muestran la velocidad con que la masa blanca bajó por la ladera. El complejo activó el protocolo, cerró el área y volvió a recordar la importancia de no salirse de las zonas habilitadas.

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Ana EspíndolaRío, islas y pesca · · 3 min de lectura
Una lengua de nieve barrió el filo del Chapelco y dos esquiadores se salvaron por muy poco

Les voy a ser sincera: cada vez que me toca escribir sobre una avalancha se me hace un nudo en la garganta, porque uno imagina la nieve como algo mullido y lindo, casi de postal, y se olvida de que esa misma nieve puede venir montaña abajo como una lengua enorme, pesada y silenciosa, y llevarse puesto a quien se le cruce. Eso fue exactamente lo que pasó el jueves por la tarde en el Cerro Chapelco, en la provincia de Neuquén, cuando una buena porción del filo posterior se desprendió y empezó a ganar la ladera con una velocidad que queda clara en los videos casuales que grabaron personas que estaban en las inmediaciones y que después circularon por todas las redes.

El episodio ocurrió en el sector posterior del filo del Cerro Chapelco, a casi mil novecientos ochenta metros sobre el nivel del mar, una zona que no integra el dominio esquiable habilitado y que, por lo tanto, no está señalizada ni habilitada para la práctica del esquí. Según contaron desde el propio complejo, dos personas que estaban descendiendo en zigzag por la zona quedaron a pocos metros del frente de nieve, pero alcanzaron a alejarse y salieron ilesas, sin lesiones de ningún tipo.

Qué pasó después del estruendo blanco

Apenas se detectó el desprendimiento, el personal del centro de esquí activó el protocolo de seguridad previsto para estos casos: se mantuvo despejada el área, se impidió el ingreso de cualquier otra persona y se pusieron en marcha las tareas de evaluación de la estabilidad del manto nivoso en la montaña. No hubo que lamentar heridos, que es lo más importante y lo que alivia cualquier balances que uno pueda hacer de un episodio así.

Las autoridades del complejo recordaron además que el filo es uno de los puntos más altos del cerro y que, por sus características, no está habilitado para la práctica del esquí. La recomendación, una vez más, fue bien concreta: permanecer dentro de las zonas señalizadas y respetar las indicaciones del personal especializado, que es el que conoce minuto a minuto cómo está la montaña.

Por qué se cae la nieve de una montaña

  • Las avalanchas se producen cuando una masa de nieve pierde estabilidad sobre una pendiente.
  • Entre los factores que las desencadenan están la acumulación de capas con distinta consistencia, los cambios bruscos de temperatura, el viento que redistribuye la nieve y la inclinación del terreno.
  • Después de nevadas intensas, el viento suele arrastrar la nieve hacia ciertos puntos de la ladera y formar acumulaciones que pueden volverse inestables si la adherencia entre capas es débil.
  • El paso de personas por sectores no habilitados puede agregar la sobrecarga suficiente como para que se gatille el desprendimiento.
  • Por eso los centros de esquí delimitan con precisión las zonas seguras y piden, casi por favor, que no se abandone el área señalizada.

La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, así que todavía queda bastante invierno por delante y, si las condiciones acompañan, bastante nieve acumulada en distintos puntos del cerro. La crecida, en este caso, no fue de un río sino de una ladera, y la próxima foto de la montaña la van a tener que sacar los equipos técnicos cuando terminen de evaluar si el sector queda liberado o si, por el contrario, se mantiene cerrado hasta que la nieve se asiente y deje de amenazar con volver a moverse. Mientras tanto, la recomendación sigue siendo la misma de siempre: quedarse dentro de las pistas habilitadas, hacer caso a los pisteros y recordar que la montaña, cuando se enoja, no avisa.

AE
Ana EspíndolaRío, islas y pesca

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