Veinticinco años después, los hijos del 11-S cuentan la herencia que nadie les pidió
El nuevo documental de Netflix pone el foco en los chicos que perdieron a sus padres en los atentados y en los jóvenes que crecieron del otro lado de la guerra. Una generación que carga con marcas ajenas y propias.

A veces, cuando uno se sienta frente a la pantalla sin saber bien qué va a ver, lo primero que llega es un sonido: en este caso, el de los motores de los aviones que esa mañana de septiembre se metieron en el cielo de Nueva York y cambiaron todo para siempre. Y después, junto con ese zumbido metálico que ya forma parte de la memoria colectiva, aparece un olor a café recalentado en una cocina de Staten Island, y una voz que dice «yo tenía cuatro años cuando mi padre bajó al lobby de la torre y no volvió». Lo cuenta la hija de uno de los trabajadores del World Trade Center en el documental Turning Point: Generation 9/11, la nueva entrega de la serie que Netflix acaba de sumar a su catálogo y que en una hora y treinta y nueve minutos intenta responder una pregunta que a esta altura ya es inevitable: cómo se hace para crecer con un hueco así.
Los que eran chicos y hoy cuentan
Como me pasó a mí mientras lo veía, a uno lo invade la sensación de estar espiando conversaciones que no le pertenecen, porque los protagonistas de la película eran bebés o niños pequeños cuando el mundo se les dio vuelta. Algunos vivían en Nueva York y perdieron a su padre en las Torres Gemelas; otros, en Virginia, y el agujero se abrió cuando el tercer avión se estrelló contra el Pentágono; otros todavía, en Pensilvania, donde los pasajeros del Vuelo 93 se jugaron la vida para impedir que los secuestradores completaran su plan. Lo que el filme hace, y lo hace bien, es tomar esos hilos y anudarlos en un mismo relato: el de una generación que cumplió años después del ataque y que tuvo que construirse, sin manual, alrededor de la ausencia.
Y acá viene lo que a mí, personalmente, me dejó pensando un buen rato después de que terminó. El director Brian Knappenberger, que ya viene trabajando esta misma idea en otros títulos de la serie como Turning Point: The Vietnam War (2025) -nominada al Emmy-, cuenta que el objetivo nunca fue solamente reconstruir lo aterrador de aquella jornada, sino mostrar cómo las decisiones que se tomaron en los días, semanas y años siguientes nos transformaron como país. «Es increíblemente profundo comprender lo que vivieron los hijos de quienes perdieron a sus padres y seres queridos el 11 de septiembre -dice-. Pero es aún más profundo pensar en cómo cambiaron sus vidas y cómo esos acontecimientos los marcaron a lo largo de la evolución que también experimentó nuestro país».
Los otros hijos de la misma historia
- Jóvenes afganos que crecieron bajo el régimen talibán y que cuentan cómo vivieron la invasión y, sobre todo, la retirada de Estados Unidos en 2021.
- Marines que pelearon en la guerra lanzada como respuesta a los ataques y que, dos décadas después, reflexionan sobre el costo humano del conflicto.
- Familiares de las víctimas que reconstruyen la jornada desde los llamados telefónicos que no llegaron y las puertas que ya no se abrieron.
- Especialistas y periodistas que ayudan a contextualizar el momento político y social que siguió a los atentados.
Yo no estuve en Nueva York aquel 11 de septiembre, ni tenía todavía uso de razón para entender qué significaba ver caer unas torres en vivo por televisión. Pero me acuerdo perfectamente del clima de los días siguientes, de los afiches pegados en las paredes de la redacción, del silencio cuando alguien reconocía un nombre en la lista, de la manera en que un país entero se sentó alrededor de la noticia como si fuera una mesa familiar. Por eso, cuando el documental pone cámara en la cara de estos chicos ya adultos y les pregunta cómo se llevan con la fecha, uno siente que no está mirando un trabajo periodístico ajeno sino una conversación que también nos incluye a los que mirábamos desde lejos. Hay algo, además, que me reconcilia con el formato documental cuando está bien hecho: la decisión de no apurar el dolor ni convertirlo en consigna, sino dejarlo respirar, con sus tiempos y sus pausas, hasta que uno, del otro lado de la pantalla, se da cuenta de que también necesita hacerse esas preguntas.
“Es increíblemente profundo comprender lo que vivieron los hijos de quienes perdieron a sus padres y seres queridos el 11 de septiembre. Pero es aún más profundo pensar en cómo cambiaron sus vidas y cómo esos acontecimientos los marcaron a lo largo de la evolución que también experimentó nuestro país.”Brian Knappenberger, director de la serie documental
A 25 años de los atentados que dejaron casi tres mil muertos y familias partidas desde el primer día, Turning Point: Generation 9/11 funciona menos como un repaso histórico y más como una invitación a sentarse a charlar con quienes crecieron a la sombra de una tragedia que no eligieron. Vale la pena verla no sólo para entender qué les pasó a esos chicos, sino para preguntarnos, como sociedad, qué clase de herencia les estamos dejando. Y esa pregunta, me parece, no es sólo sobre el pasado: es estrictamente sobre lo que viene.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

De ‘Ted Lasso’ a ‘Una nueva jugada’: exploramos series de comedia centradas en el deporte

A treinta años del accidente que apagó su voz, el tango tropical que Gilda dejó como testamento

Tuli Acosta rompe el silencio: "Trataron de implantar una mentira muy grande"
