Xbox le baja el pulgar al día uno: Game Pass se abarata, pero se queda sin Call of Duty en el arranque
Asha Sharma, la nueva jefa de la división, recortó la tarifa del servicio y sacó a la saga bélica del beneficio de estreno inmediato, en medio de una reconversión que dejó casi 2.000 despidos y varios estudios cerrados.

Arrancamos por una sensación que tengo desde hace rato cada vez que abro la Xbox: un runrún de fondo, como el zumbido de una consola que se recalienta después de años de pedirle cada vez más. Algo de eso debe haber sentido Asha Sharma cuando se sentó en la silla que dejó Phil Spencer y miró los números de Game Pass: ocho meses de caída, una promesa de 100 millones de suscriptores para 2030 que empezaba a verse lejana y un catálogo que ya no seducía como antes. Entonces tomó dos decisiones que, en el fondo, son las dos preguntas clásicas de cualquier servicio de streaming: cuánto pagás y qué te dan por esa plata.
La primera fue bajar el precio de la suscripción. La segunda, retirar a Call of Duty del esquema de títulos que se incorporan desde el primer día, uno de los ganchos más fuertes que tenía la propuesta para el público de los shooters. Todavía no se difundieron los nuevos importes ni cómo impacta país por país, pero el mensaje es claro: Xbox prefiere cobrar menos y resignar un beneficio estelar antes que seguir sosteniendo una estructura que no cerraba. Mientras tanto, Sharma le dijo al personal, en un memorándum interno, que Game Pass volvió a crecer y mejoró la retención de usuarios después de ocho meses de retroceso, y que la división estaba empezando a recuperarse desde un piso histórico.
Una reconversión con casi 2.000 despidos de fondo
Estas dos movidas no caen del cielo, sino que son parte de una reorganización mucho más profunda. Cuando se anunciaron los recortes, la propia Sharma reconoció que las apuestas de la compañía —Game Pass, la distribución de juegos en distintas plataformas y la ampliación del catálogo— habían generado valor, pero su evolución había quedado muy por debajo de lo que se esperaba frente a una estructura de costos más alta. Casi 2.000 empleados quedaron en el camino y varios estudios cerraron sus puertas, una decisión durísima para los equipos creativos y para una industria que suele mirar con cautela cada vez que una multinacional ajusta.
Para dimensionar la apuesta original, vale recordar lo que se ventiló en el juicio contra la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos en 2023: Microsoft tenía como objetivo llegar a 100 millones de suscriptores a Game Pass hacia 2030. La meta era ambiciosa y se apoyaba, en buena medida, en la incorporación inmediata de blockbusteres como Call of Duty. Sacarlo del día uno es, en la práctica, admitir que ese modelo ya no cierra.
- Baja del precio de la suscripción a Game Pass, con nuevos valores pendientes de confirmación en cada mercado.
- Retiro de Call of Duty del beneficio de lanzamiento desde el primer día.
- Game Pass volvió a crecer y mejoró la retención tras ocho meses de retroceso, según Sharma.
- Reorganización con casi 2.000 despidos y cierre de estudios.
- Objetivo original de 100 millones de suscriptores para 2030, expuesto en el juicio con la FTC de 2023.
Qué nos queda como jugadores
Lo que más me interesa, y creo que también a cualquier persona que paga el servicio, es qué pasa con los próximos grandes juegos de Xbox: cómo van a entrar al catálogo y bajo qué condiciones. Sharma habla de recuperación y de decisiones para reinvertir en el negocio, pero no hay una nueva cifra de abonados que permita medir el alcance real de esa mejoría, ni una hoja de ruta pública para los estrenos fuertes que se vienen. Como decía una vieja publicidad que me quedó tatuada en la cabeza, 'la ilusión primero se compra'. Hoy, la ilusión de Xbox parece haber decidido venderse un poquito más barata.
“Game Pass volvió a crecer y mejoró la retención de usuarios después de ocho meses de declive, y estamos tomando decisiones para reinvertir en el negocio.”Asha Sharma, jefa de la división Xbox
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