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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Arequipa, la Ciudad Blanca del sur peruano, abre su patrimonio a los viajeros que llegan desde Buenos Aires

Construida con piedra volcánica y enmarcada por tres volcanes, la segunda ciudad más poblada de Perú combina templos coloniales, miradores y una cocina de raíz andina que se recorre a pie desde la Plaza de Armas.

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Josefina ZapataAmbiente y crecidas · · 3 min de lectura
Arequipa, la Ciudad Blanca del sur peruano, abre su patrimonio a los viajeros que llegan desde Buenos Aires

A 1.325 kilómetros al sur de Lima, en el valle del río Chili y a más de 2.300 metros sobre el nivel del mar, Arequipa se presenta como una de las plazas fuertes del turismo patrimonial del Perú. La urbe está rodeada por tres volcanes —el Misti, el Chachani y el Pichu Pichu— que funcionan como referencia visual permanente y que se transforman en protagonistas del itinerario cuando se busca una postal distinta del casco histórico.

Desde Buenos Aires, el viaje hasta la Ciudad Blanca suele combinar un vuelo a Lima y, desde allí, una conexión aérea de una hora y veinticinco minutos hasta el aeropuerto Alfredo Rodríguez Ballón. La diferencia de temperatura entre el día y la noche es un dato clave al armar la valija: mientras que las máximas rondan los 24 grados, por la noche el termómetro puede descender hasta los 8 o 10 grados. El clima seco y los cielos despejados predominan buena parte del año, lo que favorece los recorridos por la ciudad y los miradores.

La Plaza de Armas y el sello de la Unesco

El punto de partida natural es la Plaza de Armas, donde se concentran la Catedral, los portales de la Municipalidad, de Flores y de San Agustín, además de arcadas y casonas bajas. En el año 2000, el centro histórico recibió el reconocimiento de la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la integración de técnicas constructivas nativas y europeas, un atributo que sostiene parte del relato turístico de la ciudad.

El material protagonista de esas construcciones es el sillar, una piedra de origen volcánico de color blanquecino que da nombre al apodo de Ciudad Blanca. La Catedral fue reconstruida tras el terremoto de 2001 y, en su interior, conserva un órgano fabricado en Bélgica de 12 metros de altura y 1.218 tubos que suena durante las misas dominicales. La visita permite además subir al campanario para obtener una vista elevada del casco histórico.

  • Iglesia de San Agustín: la entrada a su capilla cuesta 10 soles y en ese sector no se permiten fotografías ni registros con celulares; sus frescos reproducen vegetación y aves de la selva peruana.
  • Mirador de Yanahuara: permite observar el Misti, de 5.822 metros sobre el nivel del mar, junto con el Chachani y el Pichu Pichu.
  • Picanterías tradicionales: ofrecen la cocina local en establecimientos históricos que funcionan como complemento gastronómico del recorrido patrimonial.
  • Terrazas agrícolas de origen inca: todavía se utilizan sistemas de cultivo prehispánicos en los alrededores de la ciudad, un recurso para entender la continuidad agrícola de la región.

Cómo organizar la estadía y qué tener en cuenta

Para los viajeros que llegan desde la Argentina, la recomendación general es reservar al menos tres noches para combinar centro histórico, miradores y una salida a los pueblos cercanos del valle del Chili. La altura puede sentirse en las primeras horas, sobre todo en caminatas prolongadas o en el ascenso al campanario de la Catedral, por lo que se sugiere un primer día liviano y una hidratación constante.

En el plano práctico, conviene llevar abrigo ligero para la noche, calzado cerrado para los pisos de piedra y protección solar durante el día. El pago en la mayoría de los atractivos se hace en soles peruanos, aunque también se aceptan dólares en algunos sitios. La conectividad aérea directa desde Buenos Aires a Lima opera de manera diaria, y desde la capital peruana las frecuencias hacia Arequipa son regulares a lo largo de la jornada.

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Josefina ZapataAmbiente y crecidas

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